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Héroes sin medallas


Héroes sin medallas

La relación entre trabajo y salario sigue siendo decepcionante, mientras
el Estado intenta poner orden en un mercado laboral apático.

Julio Franco, | 30/01/2009

Los holgazanes combaten ahora contra un nuevo enemigo inesperado: José
Martí. Colocado en la primera línea del enfrentamiento contra un viejo
lastre del sistema, el prócer nacional está siendo citado en pancartas,
murales y spots mediáticos.

Martí aporta el gradiente moral de la cruzada. Reivindica la necesidad
del trabajo como un ejercicio de la dignidad personal y hasta de la
mental, pero sus frases puede que caigan en el vacío ante la
ausencia de una política de incentivos que mueva a la gente a la
disciplina productiva.

Se trata de una antigua batalla. En 1970, unos 400.000 trabajadores, el
20% de la fuerza laboral, eran ausentistas, lo cual creó un escenario de
emergencia que se contrarrestó con la promulgación, un año después, de
la ley contra la vagancia. Le medida obligó a más de 100.000 personas a
emplearse en puestos estatales.

La ley ya no existe, pero los problemas sobreviven. Ahora muchos
interpretan la retórica martiana como una señal de que una ofensiva
contra el lumpen proletariado ya está en marcha.

En las antenas de los circuitos marginales nada escapa. Poseen una
sensibilidad curtida en los peligros y el aprendizaje que dan las
reiteradas estrategias oficiales para combatir a los militantes del
mercado negro.

"Están cocinando algo", presiente Alexis. Se gana la vida revendiendo
medicinas y lo que le caiga en la mano. Graduado de técnico medio de la
construcción, asegura que hace diez años no "le pincha" al Estado, el
mismo que anda tras sus pasos.

En los últimos cinco meses, la policía capitalina desmanteló 79
talleres, 200 fábricas artesanales y 167 casas-almacén, todos ilegales,
que abastecían el mercado negro con bebidas, medicinas, materiales de
construcción y otros artículos, informó el periódico Tribuna de La Habana.

En toda la línea, Alexis es un pillo más. Ha escapado a las redadas por
pasadizos y cuarterías comunicadas entre sí. Viste con ropa de marca, y
su cabeza, tocada con una gorra que reverbera con las siglas doradas de
D&G, sugiere que sus entradas no son para nada despreciables.

El sueldo por poner baldosas de baño o empotrar puertas y ventanas
estaba lejos de sus cuentas. "Demasiado curralo y, después, si no llegan
los materiales, no te pagan. Entonces te la pasas surnando y surnando.
No estoy pa' eso", argumenta a manera de coartada para su oficio de
especulador farmacéutico a domicilio.

El sector de la construcción, históricamente, ha sido la cenicienta del
mercado laboral en la Cuba socialista. Ahora se suman el magisterio y la
policía, sobre todo en la populosa capital de la Isla, una Habana con
barrios purulentos y promiscuos, que de noche exhalan su apetito de
excesos para los cuales Alexis se afana en sus correrías.

Las estadísticas oficiales

Hace unas semanas, la prensa anunció que "la oferta de empleo a jóvenes
desvinculados del estudio y el trabajo, desmovilizados del Servicio
Militar Activo, y a mujeres será en este 2009 una prioridad para las
autoridades y organizaciones en la capital".

La medida, explicó Tribuna, "abarca también a egresados de centros
penitenciarios y de escuelas de formación integral o de conductas, a
personas con VIH-SIDA y a discapacitados, en tanto se aspira a continuar
disminuyendo los índices de desocupación laboral y cubrir las
necesidades de constructores, maestros y policías en el territorio".

De acuerdo con estadísticas, en la capital todavía quedan sin cubrir más
de 25.000 plazas disponibles. El comportamiento más bajo se reportaba en
la construcción.

En mayo pasado, el Noticiero Nacional de Televisión precisó que el
déficit de fuerza laboral en "sectores estratégicos para la nación"
alcanzaba las 130.000 plazas, "la inmensa mayoría en ramas y sectores
estratégicos para la nación, labores en las que el impulso de los
jóvenes sería decisivo".

La fuente señaló que en Cuba hay un millón de jóvenes trabajadores,
aunque "suman miles los que no aceptan ninguna oferta o simplemente
abandonan su puesto" de trabajo, por lo que el problema podría ser
resuelto si se logra la incorporación de los desvinculados del trabajo
en el país.

Además, apuntó que las "codiciadas plazas" en los sectores de la
gastronomía y el "están saturadas", mientras que existen
vacantes en esferas productivas como la y la construcción.

Pero los jóvenes como Alexis, migrante del sector, u otros que ni por
asomo tomarían una carretilla o sudarían en una plantación, nutren un
ejército de buscavidas emboscados en las esquinas, en espera de "alguna
pinchita para escapar" el fin de semana a una disco en que una sola
Bucanero, cerveza nacional, puede evaporar la octava parte del salario
promedio mensual.

Lejos de la receta del éxito

La administración, dada sus limitaciones políticas, mantiene el nudo
gordiano del trabajo y la productividad. No se atreve a liberalizar la
economía por temor a que, a la larga, tal paso se traduzca en una
ruptura irreparable del aparato de control social. Prefiere, como
alternativa, un ajuste fiscal que permita ahorrar dinero y reducir el
gasto público insostenible, al que etiqueta como gratuidades indebidas.

Raúl Castro no está de espaldas al asunto. Aunque su ministro de Trabajo
habla de cuatro años consecutivos de pleno empleo, con una tasa de
desocupación de sólo un 1,8 por ciento, las esporádicas declaraciones
del mandatario apuntan hacia la conciencia de un desastre.

"Hace falta que las personas sientan la necesidad de trabajar, y no la
sentimos", deslizó el gobernante se septiembre pasado, al recorrer zonas
devastadas por los huracanes en la provincia de Pinar del Río.

Cuando lee su propia prensa, el general no escucha música en los oídos.
Un número preocupante de la nueva generación parece desconectado del
mercado laboral. Resulta poco atractivo y prefiere sumergirse en la
vasta economía informal. Detrás de la decisión espuelan los bajos
salarios y el anhelo de una vida fácil y potencialmente reconocida como
exitosa.

A principios de enero, , vocero del Partido Comunista, informó que
conseguir empleo ha pasado a ser la quinta opción entre los jóvenes cubanos.

El periódico cita un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas
bajo el título "El holgazán: un peligro ideológico", en el que abre
fuego contra "individuos que jamás sudan la camiseta y, en cambio, viven
mejor que quienes trabajan de sol a sol".

El cotidiano describe la holgazanería como "uno de los problemas que
daña la economía, agravado por la 'tranquilidad' con que en algunos
lugares se siguen manifestando la indisciplina laboral, la
impuntualidad, el no aprovechamiento óptimo de la jornada, la falta de
rigor y de exigencia".

Para Alexis, el
rehúye de la receta del éxito: "¡Que paguen en
fulas y tú verás como la calle se queda vacía"!, adelanta, mientras una
bolsa de nailon debajo del brazo sugiere una nueva "movida". A su modo y
para muchos de su edad, él debería estar en el salón de la fama de su
barrio. Los héroes no siempre llevan medallas.

http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/heroes-sin-medallas-151910

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