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La más reciente resurrección de Fidel Castro

La más reciente resurrección de Fidel Castro

Los adivinadores quedan en entredicho una vez más

Eugenio Yáñez, Miami | 24/10/2012 12:14 pm

Una vez más, Fidel Castro "resucitó", para desgracia de los agoreros

sensacionalistas con "fuentes" informativas aparentemente ubicadas en lo

más profundo del aparato de la seguridad cubana o del buró político del

Partido.

Tras seis meses y veintitrés días sin aparecer ni dar "señales de vida",

lapso en el que indudablemente tiene que haber habido tanto dificultades

con la como inducción de mensajes de desinformación hacia afuera

de la Isla, en menos de 48 horas se publicó la noticia de un encuentro

de cinco horas de Castro con un chavista venezolano venido a menos, el

envío de su voto a las elecciones municipales al Poder Popular, varias

fotografías del comandante-jardinero en sus predios, tomadas por un hijo

suyo, y un rencoroso artículo en la prensa oficialista (que esta vez no

se llamó "reflexiones"). Todo esto después del anuncio de la

"actualización migratoria" del régimen y pocas semanas antes de las

elecciones presidenciales en y la Cumbre Iberoamericana

de Cádiz, a donde ya parece confirmado que no asistirá Raúl Castro.

"Resucitó" después de 206 días, pero ni entubado ni con muerte

encefálica, como aseguraban algunos atrabiliarios venezolanos y varios

blogueros cubanos, quien sabe si alguno buscando desesperadamente quince

minutos de fama; resucitó con 86 años, salud precaria, e innegable

deterioro físico por la vejez, evidente en las fotografías, aunque

demostró que mantiene intacta su capacidad para tergiversar los hechos y

odiar a diestra y siniestra.

Su reaparición fue suficiente para los fundamentalistas del

anticastrismo, conocidos también como autistas políticos, y que pululan

en los foros digitales con comentarios anónimos: que el señor en la foto

dentro del "van" no era Fidel Castro, sino su hermano Ramón; que la foto

en que se ve al tirano con un periódico Granma es puro "Photoshop"; que

si mentalmente está liquidado; que por qué no fue a votar personalmente,

sino que envió su voto; que si padece Alzheimer; que no firma el

artículo él mismo, sino que se utiliza un cuño; que por qué no le hacen

una entrevista en vivo; que fue la esposa quien escribió el último

artículo. Más o menos como preguntarse por qué el régimen hace lo que le

da la gana y no lo que gustaría a los comentaristas con pseudónimo en la

prensa digital.

No querer reconocer lo que está delante de los ojos no es una conducta

demasiado inteligente. Todavía recuerdo la cantidad de "expertos" que

analizaron la foto de Fidel Castro con Cristina Fernández de Kirchner,

para "demostrar", calculando píxeles, tamaños, ángulos y luces, que "no

podía ser" Fidel Castro quien aparecía en aquella fotografía. O el

grafólogo colombiano que aseguró que la firma de Fidel Castro en una

carta a Hugo Chávez era falsificada. Hay quienes no aprenden ni a cabezazos.

A fin de cuentas, esta obsesión con la muerte de Fidel Castro refleja

una ilusión tan vana como poco práctica: creer que la muerte del tirano

significa el fin de la dictadura y la caída del régimen. Ese es el

combustible que alimenta siempre las leyendas de las muchas muertes (y

correspondientes resurrecciones) de Fidel Castro.

Sin , hace ya casi seis años y cuatro meses que "murió"

políticamente, que tuvo que renunciar a todos sus cargos a causa de la

enfermedad que casi le cuesta la vida, y que está alejado desde entonces

de las actividades diarias del Gobierno, sin que haya terminado la

dictadura o esté en peligro de caerse el régimen. La sucesión se llevó a

cabo como estaba previsto, sin tremendismos ni escándalos. Y las

tribulaciones del régimen son más o menos las mismas del último medio

siglo, en ocasiones mayores, en ocasiones menores. Esta realidad no

tiene nada que ver con si nos gusta o no nos gusta decirlo: nuestras

frustraciones y pataletas no modificarán los acontecimientos, ni a favor

nuestro ni a favor del Gobierno.

Tanta desilusión y desencanto no deja ver realidades mucho más evidentes

y perfectamente perceptibles, como el hecho claro de que el fidelismo y

sus rémoras se desmontan continuamente en la Isla por parte de Raúl

Castro y el neocastrismo: desaparecieron las escuelas en el campo, la

batalla de ideas, las microbrigadas, los trabajadores sociales, las

tribunas antiimperialistas, las marchas del pueblo combatiente, la

revolución energética, la propiedad estatal masiva en la y

los servicios personales. Se ha ido eliminando poco a poco la libreta de

abastecimientos, se autorizó la presencia de cubanos en hoteles, y la

posesión de teléfonos celulares y computadoras, se entregan cientos de

miles de hectáreas de tierra en usufructo y se entregarán más, se crean

cooperativas urbanas de servicios, se autoriza la venta de casas y

autos, se elimina la confiscación de propiedades a "los que se van".

Toda la maligna obra de Fidel Castro se va desmontando poco a poco,

mientras algunos que dicen tener fuentes muy secretas pronostican su

muerte con fecha y hora, y otros discuten si quien aparece en las fotos

es verdaderamente Fidel Castro o su hermano Ramón.

Si algún guardián de textos sagrados me llama "raulista" por el párrafo

anterior, y de ahí deduce que sugiero que Cuba se está democratizando

con Raúl Castro, no pienso ni perder tiempo en responderle. Tampoco a

los que me consideren de "la mafia de Miami". La realidad no tiene nada

que ver con los extremismos.

Sigamos con la realpolitik: con una persona de 86 años de edad y

enferma, a pesar de todos los cuidados y la alimentación especial que le

prodigan con el dinero de todos los cubanos (mientras la salud pública y

todo en el país se deteriora por minutos), un desenlace fatal podría

llegar en cualquier momento, como conclusión biológica inexorable. De

ahí que, si los agoreros continúan pronosticándolo continuamente, en

algún momento adivinarán. Pero que el burro sople y haga sonar la flauta

una vez no le convierte en flautista.

Por otra parte, los profetas dejan pasar otro hecho evidente: la figura

legendaria de Fidel Castro en el imaginario popular se va convirtiendo

cada vez más en la de un anciano desecho, enfermo, achacoso,

malhumorado, y mentiroso: aunque dice que no ha escrito "reflexiones" en

más de cuatro meses para no ocupar espacio en la prensa que hace falta

para otras cosas, no se lo cree ni él mismo. Sus últimas fotos recuerdan

—sombrero incluido— al desgastado Vito Corleone que al final de su vida

jugaba con su nieto en el jardín. Aunque Fidel Castro ni juega con

nadie, ni quiere a nadie.

Tantos adivinos de segunda categoría y "analistas" más baratos por

docena, que expresan sus opiniones tremendistas continuamente, ¿por qué

nunca han pensado en una posibilidad muy real que se menciona muy poco,

pero que no es nada descabellada?

¿Han pensado en lo que pudiera suceder si fuera Raúl Castro el que

falleciera antes que su hermano el Comandante? De ser así, ¿quién se

haría dueño del poder, y quién o quiénes ocuparían los máximos cargos

que ahora detenta el general-?

¿Qué podría suceder en Cuba en una situación como esa?

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/la-mas-reciente-resurreccion-de-fidel-castro-281058

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