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Los presidentes de la calle G

Los presidentes de la calle G
Ningún pueblo debería olvidar su historia en favor de la ajena. ¿Por qué
estatuas de presidentes latinoamericanos, en lugar de cubanos, en
nuestra Avenida G?
martes, septiembre 2, 2014 | Gladys Linares

LA HABANA, Cuba -En la edición impresa del periódico Trabajadores del 11
de agosto de este año, en la sección Buzón Abierto, página 4, aparece
una foto acompañada de un texto titulado “¿Qué ocurre en este
monumento?”. En la foto se observa la losa que falta en el monumento
erigido a Salvador Allende en la calle G, también conocida como Avenida
de los Presidentes. El autor del texto especula sobre un acto vandálico,
que se haya caído o que haya sido retirada por desperfectos, y lamenta
la falta, según el caso, de eficiencia o de disciplina y respeto por la
Historia.

Opino que la respuesta a su inquietud, que probablemente también es la
de otros ciudadanos, seguramente se encuentra en las cámaras policiales
que a lo largo de la avenida monitorean y registran todo lo que en ella
acontece. Sin embargo, en cuanto a la pérdida del respeto por la
Historia, hay que decir que no es de ahora. Los cubanos que peinamos
canas recordamos cómo, sin el más elemental respeto por la Historia ni
por la voluntad popular, en los años iniciales del gobierno de Fidel
Castro fue arrancada de su pedestal en dicha avenida la estatua del
primer presidente cubano elegido democráticamente: don Tomás Estrada Palma.

La estatua fue erigida el 26 de junio de 1921 por suscripción popular,
con una contribución máxima de 20 centavos. Para realizarla se había
contratado al escultor italiano Giovanni Nicolini, quien también por
voluntad popular esculpió años más tarde la de José Miguel Gómez, que
fue colocada el 18 de mayo de 1936 en el monumento a su memoria
-restaurado hace relativamente poco tiempo- que preside la avenida a la
altura de la calle 27. Contrastantemente, los transeúntes que pasan
frente al Hotel Presidente pueden observar el pedestal que sufrió el
vandalismo castrista, en el que solo quedaron los zapatos de la estatua.

Estrada Palma fue elegido presidente el 31 de diciembre de 1901, sin
contrincantes, y juró el cargo el 20 de mayo de 1902. Ese día, el
general en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, dijo: “Ahora sí
creo que hemos llegado”. En esa propia fecha entró en vigor nuestra
Constitución, redactada por 31 delegados cubanos que formaron la
Asamblea Constituyente, la cual también elaboró una ley electoral.

El nuevo presidente se enfrentó a una República destruida por una
prolongada guerra, con la agricultura y la industria en ruinas, pero
gobernó con tal austeridad que a pesar de ello logró para 1905 un
superávit de más de 20 millones de dólares. Su imagen fue vilipendiada
por la nueva dictadura, pero ni siquiera ésta puede negar que para sus
contemporáneos (incluyendo al propio José Martí) fue ejemplo de honradez
y patriotismo.

A propósito del tema, recuerdo cierto día en que viajaba yo en una 174
hacia Lawton. Mientras el ómnibus hacía su recorrido por la calle G, un
hombre entrado en años que iba a mi lado, me dijo: “Esas estatuas están
mal puestas, porque esos presidentes no son cubanos. Esos deberían estar
en el parque de la Fraternidad, que para eso se hizo. En esta avenida
hay que poner presidentes cubanos, para que todos conozcan nuestra
Historia, porque por algo alcanzamos el desarrollo que teníamos antes
del 59”.

En efecto, las estatuas colocadas hace algunos años en la avenida G
corresponden a presidentes extranjeros. Además de Salvador Allende,
están Benito Juárez, Eloy Alfaro, Omar Torrijos y Simón Bolívar. Incluso
un vecino del lugar me cuenta que recientemente han colocado frente a la
cancillería una réplica de la estatua de Hugo Chávez que está en
Caracas. Funcionarios de la Embajada vienen al lugar, hacen actividades
y ponen ofrendas florales.

Creo que aquel hombre de pueblo tenía razón. Los ciudadanos no deben
renegar de su propia historia, ni colocarla en segundo plano con
respecto a la extranjera. No se debe olvidar a quienes, con sus errores
y sus aciertos, consiguieron llevar a nuestro país al lugar que ocupaba
en el mundo antes de 1959, si bien aún no se había alcanzado la sociedad
perfecta.

“En definitiva”, agregó aquel señor, “ninguno de aquellos Gobiernos fue
peor que este. Antes, al menos, estábamos aprendiendo a hacer
democracia. Ahora, ni eso. En 1959 nos impusieron el terror y nos
hicieron olvidar lo aprendido. Y de Gobiernos ladrones, para qué hablar.
Este es el gobierno que más ha robado a este pueblo. Si los de antes
robaban, uno podía quejarse. Ahora, ¡te roban y tienes que aplaudir!”

Source: Los presidentes de la calle G | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/los-presidentes-de-la-calle-g/

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