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Organopónicos – la otra cara de la moneda

Organopónicos: la otra cara de la moneda
octubre 14, 2014
Isbel Díaz Torres

HAVANA TIMES – Para dar continuidad a mi reciente diario dedicado a los
organopónicos, quiero compartir algunas ideas sobre los principales
riesgos de salud relacionados con la Agricultura Urbana y Sub-urbana.

Declaro de antemano que a pesar de estas críticas, considero mucho menos
dañino este esquema de agricultura que los modelos agrícolas extensivos
altamente tecnificados, cuyos impactos ambientales han sido
catastróficos, como bien demostró la mal llamada “Revolución Verde”,
iniciada a mediados del pasado siglo.

La Agricultura Urbana y Sub-urbana implica la posibilidad de efectos
tanto positivos como negativos sobre la salud y las condiciones
ambientales. Quizás el más significativo sea la contaminación de las
cosechas con patógenos como bacterias, protozoos o virus, debido a la
irrigación con aguas contaminadas o aguas negras no tratadas
adecuadamente, o por residuos orgánicos sólidos.

Estos residuos son por lo general desechos domésticos, desperdicios del
mercado, cloacas, excrementos humanos, abonos, y residuos
agroindustriales, y en ocasiones se usan para mejorar la calidad del suelo.

Ciertamente, en la práctica cubana, la mayor parte de los residuos
orgánicos sólidos provienen de la misma actividad al interior del
organopónico, pero no excluye la posibilidad de utilizar otros.

La manera recomendable para el procesamiento de los residuos orgánicos
urbanos es la compostación, y esta no siempre se realiza, o se realiza
de modo incorrecto. Ello ocasiona que no se destruyan los patógenos, se
atraigan roedores que pueden ser focos de enfermedades, así como
insectos potenciales vectores.

También la presencia de fragmentos no degradables pueden causar heridas
e infecciones en las personas que laboran en estos lugares, además de la
contaminación de metales pesados debido a la mezcla de materiales
orgánicos con residuos industriales.

Otro efecto negativo es la contaminación con residuos de agroquímicos
como fertilizantes, pesticidas, funguicidas. Por regla, este tipo de
sustancias están prohibidas en los organopónicos, pero lo cierto es que,
al menos en La Habana, sí se usan, sobre todo para el control de plagas.

Ese solo elemento sería suficiente para desacreditar tal programa, pero
lo cierto es que sucede de manera oculta, a fin de garantizar una mayor
productividad, y debido a la débil inserción de estos establecimientos
en las dinámicas comunitarias.

Esa débil y a veces nula inserción conlleva a que sea casi imposible
obtener residuos provenientes de las industrias o casas circundantes,
para reutilizarlos como nutrientes.

Por otra parte, el riesgo de contaminación por residuos de agroquímicos,
por aguas contaminadas, o por residuos orgánicos sólidos, crece
exponencialmente en los casos de organopónicos cercanos a vertederos de
basura.

El paradigmático caso del vertedero de la Calle 100, en Marianao, el
mayor del país, es un ejemplo de cómo su influjo ha afectado a todos los
cultivos circundantes, tanto en organopónicos como en parcelas
tradicionales.

En este tipo de condiciones, como aquellas donde las parcelas se
encuentran muy cercanas a los viales, la contaminación por la absorción
de metales pesados de suelos, aire o agua, es un riesgo peligroso.

Solo una implicación real de la comunidad en el manejo de esos espacios,
podría garantizar una eficaz protección de los cultivos contra los
muchos agentes contaminantes. Pero la práctica cubana ha creado apenas
unos establecimientos estatales, como una bodega más, donde simplemente
se venden vegetales, y para colmos, subordinados al ineficaz Ministerio
de Agricultura.

Los usuarios, por lo general, solo demandan (por lo bajo) productos
abundantes y precios accesibles, sin interesarse por la calidad del
proceso productivo, ni por las personas que allí laboran, ni la
inocuidad del alimento.

Son consumidores desprotegidos, tal y como los ha construido el sistema.

No quiero terminar sin reiterar mi postura. La “Revolución verde” trajo
perjudiciales problemas de almacenaje, excesivo costo de semillas y
tecnología complementaria, dependencia tecnológica, la pérdida de
cultivos tradicionales, y la aparición de nuevas plagas; mientras
desarrollaba megaproyectos donde los trabajadores dejaban de ser
campesinos para convertirse en obreros del campo.

En el otro extremo, la agricultura ecológica, de la cual al Agricultura
Urbana y Sub-urbana y los organopónicos son una parte, se encamina a la
reducción de la inseguridad alimentaria urbana, busca un mejor acceso a
los alimentos e intenta promover mejores dietas para la población de
menores recursos, una mejor salud física y psicológica, y mejores
condiciones de higiene y espacios verdes del entorno vital directo.

No dejemos que el Estado nuevamente destruya una opción viable.
Convirtámosla en nuestra.

Source: Organopónicos: la otra cara de la moneda – Havana Times en
español – http://www.havanatimes.org/sp/?p=99971

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