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Turismo paramilitar

CORRUPCIÓN

Turismo paramilitar
JUAN MARTIN LORENZO | Toronto | 26 Oct 2014 – 10:59 am.

Cuba es el país latinoamericano con más grandes empresas hoteleras. Bajo
mando militar en su mayoría y con un yerno de Raúl Castro al mando que
organiza el emporio familiar para cualquier cambio que venga.

En Cuba las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) han “revolucionado” el
concepto de lo que significa la defensa de un país. Ya no promocionan el
odio antimperialista, en su lugar promueven el turismo americano.

Ya no importan cohetes termonucleares para bombardear Nueva York, sino
importan turistas canadienses.

Ya no construyen polígonos de prueba de armas rusas, sino construyen
campos de golf.

Ya no visten a sus generales de verde olivo, sino le regalan un traje
civil, una corbata de Oscar de la Renta y le hacen brindar con el
segundo Jefe de la SINA en algún resorte turístico de la Isla.

Ya no construyen barracas para soldados, sino hoteles cinco estrellas
para el turismo internacional.

Paraísos paramilitares para-turísticos. Especialmente diseñados para
Canadá y con la esperanza del sueño americano.

Ya no se trata de defender a Cuba, hoy hay que defender los derechos de
los turistas norteamericanos, de los ciudadanos de EEUU a los que se les
castra el derecho esencial de viajar libremente… al paraíso para-socialista.

Hoy se necesita vender a Cuba, mercadearla, cosechar el dinero apropiado
para un futuro sin gorras militares, ni botas ni viejos carros de
combate rusos.

En el país, la racionada cuota de información oficial tiene faltantes
esenciales de estos detalles “turísticos”. La información nacional viene
racionada por la libreta, aunque no abastece de nada. Cuotificada por la
categoría del ciudadano y su acceso a internet. Es consecuencia de ese
racionamiento informativo que la revelación de las “reformas” raulistas
en las FAR no las suministre el diario Granma, sino la revista
especializada Hotels.

Resulta que hoy los tipos tienen más hoteles que unidades militares. Más
habitaciones para turistas desesperados por nalgas tropicales, tabaco
moreno y sol de salitre que barracas para soldados.

Todo “gracias” a una cierta agrupación tur-paramilitar de nombre GAESA.
Pero, ¿qué es GAESA?

Según el Instituto Español de Comercio Exterior “es el mayor
conglomerado empresarial del país y para hacerse una idea de su falta de
transparencia baste decir que no publican sus estados financieros”.

Comprende cadenas de hoteles, restaurantes, compañías de renta de autos
como Havanautos y Havanatur, navieras como la Melfi Marine Corp y la
Servinaves Panama S.A., el Banco Financiero Internacional (el banco
comercial más importante de Cuba), la más popular cadena de tiendas en
divisas, TRD Caribe.

Agréguese ANTEX S.A., empresa clave para la contratación de personal en
el extranjero; SERMAR S.A., que se ocupa de las reparaciones navales y
del negocio de búsqueda de tesoros (bajo el mar, los de tierra ya los
tienen garantizados); Aerogaviota, transporte aéreo para el turismo;
ALMEST S.A., que construye instalaciones hoteleras y hace servicios de
mantenimiento a las casas de los militares; SASA S.A., encargada del
sector automovilístico con talleres especializados para equipos ligeros
y pesados; Tecnotex, utilizada para introducir tecnología de punta;
Geocuba, empresa de geodesia y cartografía; así como Agrotex, dedicada a
la agricultura y la ganadería, desde la cría de animales hasta una
fábrica de caramelos, pasando por la elaboración de mieles y alimentos
en general.

GAESA, además, controla el muy estratégico Departamento VI y las
compañías que lo soportan, como la llamada “Empresa de Servicios La
Marina”, dirigida por un mayor de la contrainteligencia militar. Un
detalle importante, a través de la ya mencionada ANTEX S.A., el Gobierno
de Cuba ha podido introducir operativos de inteligencia en algunos
países extranjeros, al poseer oficinas en más de 10 países, entre ellos
Panamá, Angola y Sudáfrica.

Todo se resume en una simple oración: GAESA controla el 80% de los
negocios más suculentos del país.

¿Y quién entonces dirige GAESA?

Un nombre que en Cuba casi nadie conoce: Luis Alberto Rodríguez
López-Callejas, yerno de Raúl Castro, casado con la hija mayor del
dictador II, Deborah Castro Espín, gracias a la cual subió a la montura
del caballo castrista.

Con una carrera digna de una de las mejores novelas de espionaje de la
época de la Stasi en Alemania o la KGB en Rusia, la personalidad del
señor López-Callejas encuadra perfectamente en una de esas novelas
“socialistas”, no del realismo, sino del espionaje y contraespionaje
oscuro que nos regalaban aquellos seriales de Yulian Semiónov,
encuadernados rusos para describir las oscuras patrañas nazis, teniendo
en abundancia en la propia URSS.

El dandi López-Callejas no se deja ver nunca en público. No toma acción
directa contra nadie. No existe para la inmensa mayoría de los cubanos
que pueblan la Isla. No aparece al lado de ninguna de las figuras de su
familia postiza. No los acompaña en actos públicos. No aparece en
ninguna foto ni en ningún video junto a ellos.

Es un ser anónimo que existe solo por sus cuentas offshore en Alemania,
Panamá y España. A su nombre.

Porque su momento será mañana, el después, el poscastrismo. La época por
llegar.

En La Habana no aparece mucho. Solo, eternamente solo, o acompañado en
reuniones de sus acólitos y subordinados. Reuniones a las cuales no
tiene acceso la prensa. Con pocos amigos, o ninguno. Vestido demasiado
casualmente a pesar de sus gustos refinados, y su arrogancia dandi, sus
Rolex discretamente guardados y usados únicamente cuando viaja a España
u otros lugares, su gusto aristocrático por autos de lujo a pesar de
manejar un discreto Lada por algunas calles bien pavimentadas de La
Habana del Oeste.

Este es el dueño de los caballitos de GAESA. El gigante para-militar
turístico de Cuba. La apuesta para el mañana de la familia Castro, y
especialmente del que será su titular.

Pero hemos hablado de las Turis-FAR y no acabamos de decir qué dijo la
revista Hotels.

Un emporio familiar

Según el ranking de las 300 cadenas de hoteles de mayor tamaño elaborado
por esa revista especializada, Cuba es el país latinoamericano con las
empresas hoteleras más grandes del área, superando por segundo año
consecutivo a México.

En la edición de 2014 de ese ranking, que toma como referencia los datos
al cierre del 2013, la isla caribeña está representada por tres grupos
hoteleros: Grupo de Turismo Gaviota, Grupo Cubanacán y el Grupo Hotelero
Gran Caribe.

Según esa revista, el Grupo de Turismo Gaviota ocupa la posición 55, con
51 hoteles y 21.665 habitaciones. En el lugar 171 se encuentra el Grupo
Cubanacán con 53 hoteles y 7.678 habitaciones. Y, finalmente, en el 287
el Grupo Hotelero Gran Caribe, con 26 hoteles y 4.349 habitaciones

Detalle importante: tanto el Grupo Gaviota como el Grupo Cubanacán
pertenecen a ese selecto grupo del que le hablaba, GAESA. Sí, el mismo,
la tur-empresa familiar del yerno de Raúl Castro, recién ascendido a
General de Brigada en diciembre de 2013, de forma silenciosa.

Esto tampoco lo publicó oportunamente la prensa cubana. Pero, ¿informa
de algo?

Si sumáramos convenientemente estos dos grupos hoteleros podríamos ver
que GAESA, es decir, el flamante yerno de Castro II, tiene en sus manos
una bonita suma de 104 hoteles, con nada menos que 29.343 habitaciones.

Como se puede ver, aquella FAR de los inicios se ha convertido en este
emporio familiar de compañías, apostadas todas para el momento en que el
comercio y las playas de Cuba, y los negocios, y la Santísima Trinidad
estén abiertos al mercado norteamericano.

Y es aquí donde, muy posiblemente, se engarza la desesperada maniobra
que el gobierno raulista ha apostado con respecto al embargo. Hoy, con
Obama, más cerca que nunca de la posible apertura.

Desde hoy, sin embargo, esta firma “anónima” castrista es un bocado
apetitoso. Imagínense si mañana el embargo desaparece.

Pongamos un ejemplo.

El año pasado acercó al arca castrista, y a los hoteles del patrimonio
familiar de Castro, un total de 2.852.572 millones de viajeros. De
ellos, Canadá aportó nada más y nada menos que 1.105.729, que es como si
dijéramos casi la suma del resto de los para-turistas que visitaron la
Isla de otros orígenes.

Canadá es el usuario preferido del negocio para-turístico familiar de
ese apellido que ya conocemos en Cuba.

Inevitablemente, si los generales dirigen el Ministerio de Para-Turismo,
el grueso del bocado mili-dolarizado caerá en esas arcas verde olivo, de
las cuales no se conoce, no se publica, no se dice ni se discute cuál es
su destino final, en qué se utiliza y cómo, y para qué.

Sin olvidarnos, por supuesto, que el muy flamante ministro del ramo,
Manuel Marrero, es también militar de carrera, y dirigió con
anterioridad el Grupo Gaviota.

¿Coincidencias militares?

En este aspecto, no deja de resultar toda una joya de la ironía las
palabras de este para-Ministro turístico castrense en una entrevista
para la Revista Excelencias, en 2010.

Dijo Marrero: “Nuestros socios tienen todas las garantías, aseguradas
por esa ley [nueva Ley de Inversiones Extranjeras] y, además, tienen
varias ventajas: total respeto sobre las inversiones y negocios …
Además, hay que destacar la ventaja que implica la prioridad que ha dado
el Estado cubano [es decir, GAESA-FAR-familia Castro] al desarrollo de
la industria turística, que asegura el abastecimiento y logística
necesarios para estos negocios, y el hecho de que estos empresarios
alcanzan aquí, utilidades superiores a las que tienen en España y en
otros países del Caribe.”

Los subrayados son míos… con toda intención. Me pregunto cuál sería el
comentario que a estas palabras del Sr. Marrero haría hoy Cy Tokmakjian,
en sus vacaciones obligadas en alguna cárcel cubana por 15 años.

Sobre todo, teniendo en cuenta que, prácticamente, la mitad de los
para-turistas que visitan la Isla son compatriotas de Cy Tokmakjian. Muy
convenientemente contribuyendo con sus taxes y sus dólares canadienses a
las arcas militarizadas del turismo castrista. Y también con su cárcel.

¿Garantías para la inversión extranjera?

En esta misma dirección podemos recordar la carta que Stephen Purvis le
dirigió a la revista The Economist, a raíz de su liberación de las
jaulas castristas en Cuba. El señor Purvis enfrentó un proceso similar
al del canadiense en el 2010, pero pudo librar y salir ileso entonces.

Escribió Purvis: “A medida de que los hombres de negocios emerjan de esa
horrible experiencia [en Cuba] y cuenten sus historias individuales, tal
vez las verdaderas razones de este ataque concertado en contra de los
negocios e individuos que históricamente han sido amigos de Cuba [de su
Gobierno] aparecerán un poco más claras. Mientras tanto sus intrépidos
reporteros [The Economist] podrían útilmente investigar a los individuos
y a las camarillas que se están beneficiando de la reorganización del
mercado y sus activos [en Cuba] recién nacionalizados, resultantes de
esta ‘guerra contra la corrupción'”.

Con toda seguridad, el asalto a las posesiones del Sr. Tokmakjian es
parte de esa “reorganización del mercado y sus activos” en Cuba que
señalara el Sr. Purvis en su carta.

Mi pregunta es, ¿en algún momento los intereses del Sr. Tokmakjian se
habrán “encontrado” en la misma acera, por esos infortunios de la mala
suerte, con los verdaderos dueños de Cuba, es decir, con el Sr.
López-Callejas?

Sin embargo, aunque lo parezca, no son ni el canadiense ni el británico
los que están en las peores condiciones, sino los cubanos y Cuba.

Lo peor para el cubano que trabaja en esas compañías son las condiciones
contractuales a las que está sometido, y su indefensión ante las
autoridades empresariales que actúan como en un cuartel. Ya se sabe,
empresas militares, disciplina de ordeno y mando. Súmese la inexistencia
de uniones sindicales que representen al trabajador frente al general en
mando.

Lo peor para Cuba es la total falta de transparencia en los balances
financieros. No se sabe con certidumbre cuáles son los montos de las
operaciones, las verdaderas ganancias, y sobre todo las pérdidas.

Las dictaduras de izquierda y sus montajes empresariales militares al
estilo de GAESA son paraísos fiscales para la corrupción de los peces
gordos. Los pequeños quedan atrapados en el camino, en las madejas
legales creadas para darle zancadillas cuando la necesidad lo requiere,
por presiones políticas, y para lavar alguna cara. Y también los hombres
de negocios occidentales, que se equivocaron al interpretar el “cambio
de luz” en el semáforo del poder y cayeron desafortunadamente en desgracia.

Algo así sucedió con Tokmakjian y Purvis. Se equivocaron de señal.

Dejémoslo claro. Ninguno de esos dos son “santos” en el santuario
comercial. Si fueron a Cuba y estuvieron contentos por un rato no fue
por ser amigos de los cubanos y de Cuba, sino por serlo de sus
dictadores y aprovechar la jaula social sin las leyes de la competencia
para pescar en “aguas revueltas”.

Hoy pagan su culpa. Lo que vuelve a demostrar que en una dictadura nadie
es inmune, salvo sus dictadores.

Más parientes en el negocio

Para redondear el negocio familiar, de manera muy conveniente con esa
“nueva cara” de frescura y “tolerancia” sexual —que no política—,
tenemos la muy reciente sumatoria de esas minorías marginales, y
marginadas históricamente por las “comandancias” de las FAR, a la
comparsa del turismo “reformista” made in CENESEX, que es decir, “made
in otro miembro del clan familiar”: Mariela Castro.

La delfina acaba de anunciar la asistencia y participación de los LGBT
ordenados a la Conferencia Mundial de la Asociación Internacional de
Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (Ilga) en México, y
su desesperado anhelo de obtener la sede para el 2016.

Para-Turismo Gay auspiciado y hospedado en las instalaciones de GAESA.
Vamos, si Gabriel García Márquez no hubiera inventado Macondo y escrito
a tiempo Cien años de soledad, estos lo estuvieran escribiendo hoy con
otro nombre.

¿Acondicionarán algunos de los campos de concentración de la UMAP para
la ocasión?

¿Se lo adicionarán como hotel cinco estrellas al Grupo Gaviota del Sr.
López-Callejas?

Hace falta preguntárselo a la delfina.

De todo este pastel para-turístico existe una “tajada” adicional que es
necesario destacar: la convergencia militar entre Cuba y Venezuela.

¿Coincidencias? ¿Intercambio de experiencias? ¿Consejo de Ayuda Mutua
Socio-Militarista entre la gerencia de la casa matriz caribeña y su
subsidiaria en tierra subcontinental?

El Gobierno cubano y el de sus seguidores venezolanos han estado
levantando una casta militar con traje civil, garantizando el futuro
postcastrista, para cuando el general de ejército Raúl Castro ya no sea
“Presidente”, su hermano superior esté completamente alienado, o en
algún estado avanzado de descomposición parasitaria, y el señor Maduro
no tenga los suficientes votos o alguien lo haya sustituido
convenientemente de su silla en Miraflores.

Sin que con ello signifique el fin del chavismo, ni el fin del
castrismo, entiéndase.

La compra de la casta militar a toda costa, corrompiéndola, otorgándole
migajas o algo más en negocios para-familiares, y comprometiéndola en
represiones y crímenes de Estado, es parte de una política de
sustentación ilimitada del poder en tiempo y espacio.

Lo comenzó a hacer Chávez, lo ha acabado prácticamente de
institucionalizar Maduro en Venezuela. En Cuba, sin instituciones
democráticas, un Parlamento Nacional que no parlamenta ni dice nada, no
se necesita “institucionalizar” nada.

“El Consejo de Estados y de Ministros decidió… blablabla”. Entiéndase:
el Dictador en Jefe ordenó.

¡Punto final!

Mientras, en algún avión de Air Canada, o de Cubana de Aviación, los
para-turistas canadienses se prestarán hoy, mañana y pasado, a tomar su
avión y arribar al paraíso de los para-Castro convertido en turismo
paramilitar.

Source: Turismo paramilitar | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1414268063_10973.html

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