Cuban agriculture
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Érase una vez un naranjal

Érase una vez un naranjal
La finca de mi familia fue expropiada mediante la ley de reforma
agraria. Donde antes crecían árboles frutales, hoy solo veo marabú
martes, diciembre 2, 2014 | Gladys Linares

LA HABANA, Cuba -Por estos días comienzan a llegar a nuestros barrios
los vendedores clandestinos de jugo de naranja. Vienen desde Matanzas:
unos de Jagüey Grande, otros de Torrientes, de Girón, etc. Traen el jugo
en pomos plásticos de 1 litro y medio, conocidos popularmente como
pepinos, al precio de 1 dólar.

Estos jugos tienen gran aceptación dentro de la población. También
dentro de la Policía, que muchas veces espera la llegada del ómnibus al
amanecer para quitárselos por la fuerza. Los vendedores, para evadir los
registros en la carretera, hacen el viaje de madrugada, pero este jueves
la situación se les complicó cuando los “garangaos” (una especie de
guardias que custodian almacenes o fábricas donde se guardan o se
elaboran determinados alimentos), pararon la guagua en medio de la noche
para registrarla.

Según uno de estos vendedores, que pidió no divulgar su nombre por temor
a represalias, los guardias se apropiaron de más de 130 botellas
plásticos de mochilas cuyos dueños no se descubrieron. El joven afirma:
“Mejor es perder la mochila y los jugos. De todas formas, si te cogen te
lo quitan todo y te ponen 1500 pesos de multa la primera vez, y la
segunda, vas para los tribunales”.

Quien transite por las carreteras donde en otros tiempos se veían
extensos naranjales y otros cítricos y se percibía el agradable aroma de
los azahares en flor, hoy en día solo observará algunas pocas plantas
con tallos secos y deshojados como testigo de lo que fue el cultivo a
gran escala de estas frutas en Cuba. Al mismo se dedicaban fincas
particulares a todo lo largo de la isla. Fueron los colonos
norteamericanos los primeros que, una vez terminada la guerra, trajeron
variedades de California y La Florida, que aunque se exportaban -sobre
todo la toronja-, se vendían también en el país.

En la actualidad, las pocas naranjas y toronjas que se producen se
exportan o se dejan para el consumo del turismo, y aún a pesar de las
cuantiosas ganancias que reportan al actual gobierno, éste no les dedica
la atención necesaria. No se les fertiliza ni se les riega
adecuadamente, escasean los implementos de trabajo, no se repone los
árboles deteriorados, y a todo esto hay que sumarle el impacto de los
ciclones.

En Cienfuegos, mi ciudad natal, una de las fincas de mi familia, ubicada
en la carretera hacia Palmira, se dedicaba al cultivo de varias frutas,
entre ellas naranjas de la variedad californiana, amarillas, jugosas y
dulces. Esa finca, como las otras, nos fue arrebatada por el gobierno
comunista mediante la ley de reforma agraria. Han transcurrido los años
y, como ocurre por toda Cuba, cuando paso por la carretera desde donde
antes se veían las arboledas, hoy solo veo marabú.

Sin embargo, en Cuba existe el Grupo de Fitopatología del Instituto de
Investigaciones en Fruticultura Tropical (IIFT). En el periódico
Trabajadores del 13 de diciembre de 2010 aparece una entrevista a la
ingeniera Victoria Zamora Rodríguez, especialista de dicho grupo, quien
afirma con relación a los cítricos que desde la década de 1960 comenzó
la selección de plantas madres para tomar de ellas las yemas y realizar
la multiplicación. Afirma además que en nuestro país existen tres
viveros protegidos para garantizar la calidad de las plantas. Uno, en la
Empresa de Cítricos Ceiba, de La Habana, otro, en Jagüey Grande,
Matanzas, y otro en Ceballos, Ciego de Ávila.

Sin embargo, estamos ya en 2014 y los cítricos siguen sin aparecer en el
mercado. En la época de la República (antes de 1959) no existía esta
institución, y aun así los mercados estaban todo el año abarrotados de
cítricos (mandarinas, limones, limas, toronjas, etc.) Las naranjas se
vendían a 1 centavo, y tenían gran demanda. Recuerdo que siempre que se
hablaba de naranjas jugosas y dulces se usaba como referencia la
provincia de Camagüey.

Por estos días, en los agromercados del Ejército Juvenil del Trabajo
(EJT) -en cuyas tablillas los precios a veces son difíciles de
distinguir- una libra de naranjas (tiernas y secas) cuesta 3 pesos.
Mientras, en una de las tarimas particulares de la calle 16, en Lawton,
hace poco había a la venta algo que no pude definir si era naranja o
limón. Cuando le pregunté al vendedor, este me respondió que era naranja
dulce, a dos por 3 pesos. “Pero están muy chiquitas y verdes, no deben
de tener jugo”, dudé. “Úselas como limones”, me recomendó, “los limones
están perdidos, y naranjas dulces no hay”.

Source: Érase una vez un naranjal | Cubanet –

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