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Fidel Castro y “La vaca de mármol”

Fidel Castro y “La vaca de mármol”
El filme de Enrique Colina refleja, en el ejemplo del sector
agropecuario, la magnitud de la catástrofe en la que está sumido hoy
nuestro país
miércoles, diciembre 17, 2014 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba. -Un chiste pujón narra la reacción de un cubano que, al
recibir la propuesta de un amigo sobre compartir un negocio con unos
conocidos hispanos, rechaza la invitación de manera tajante. “¿Por
qué?”, le pregunta el socio. “Porque los españoles mataron a Martí”.
“¡Chico, eso pasó hace más de un siglo!” “Sí, pero yo me enteré hoy”.

Lo mismo puedo decir sobre un simpático documental que en el extranjero
está disponible desde hace más de un año, pero que acabo de ver, y en
Cuba sólo ha sido exhibido una vez. Y esto pese a tratarse de un
material elaborado en nuestro país; una creación de Enrique Colina
consagrada a un animal insigne: Ubre Blanca. Su título evoca una
película del polaco Wajda y recuerda la estatua que se le erigió al
cuadrúpedo: “La vaca de mármol”.

El tema constituye un excelente pretexto para repasar la aparente
bonanza que vivió Cuba en la década de los ochenta al amparo del
multimillonario subsidio soviético y para rememorar la política
voluntarista que sufrió el país bajo el fundador de la actual dinastía.
El filme también refleja, en el ejemplo del sector agropecuario, la
magnitud de la catástrofe en la que está sumido hoy nuestro país.

Aquí habría que incluir en lugar destacado la conferencia sobre genética
vacuna impartida por el entonces Comandante en Jefe. Aclaro que esto
tuvo lugar no en un aula, sino ante decenas de miles de asistentes a una
concentración política. En esa peroración se comparan los efectos de la
combinación de genes rojos con genes negros, de Cebú con Holstein, para
crear la raza F1.

Otras afirmaciones no aparecen en la voz de su propio autor. Ejemplo: la
vaga alusión de un vaquero a “discursos” (de manera prudente, el modesto
trabajador no especifica de quién) en los que se planteaba que Cuba iba
a producir “más leche que Francia” y “más queso que Holanda”. El peón
agrícola termina su narración comentando esos planes triunfalistas en
forma piadosa: “bastante utópicos”.

También figuran comentarios de terceros, como la alusión al
planteamiento ¿premonitorio? del mandamás: Hay que tener una vaca que dé
cien litros de leche. O la severa advertencia a sus cuidadores: “¡Ni
catarro le puede dar a ese animal!” Tan al pie de la letra se siguió
esta admonición que Ubre Blanca tenía incluso a su servicio, como si
fuera una reina, semejantes que se dedicaban a probar el pasto que iba a
deglutir para evitar cualquier envenenamiento.

La saga de la res ilustre constituye un filón inagotable. Como abogado,
pienso que habría resultado interesante que el documentalista le hubiese
seguido la pista a aquel infeliz guajiro que, borracho perdido, puso en
duda las palabras de Castro, al comentar que él mismo, en decenios de
trabajo, jamás había visto una vaca que diera cien litros de leche.

El campesino dio con sus huesos en la cárcel. El tribunal que lo juzgó,
al sancionarlo, estimó procedente referirse al prominente animal con el
debido respeto: “la portentosa vaca Ubre Blanca”. El rústico fue
sancionado a prisión, pero para su suerte (¡bondadosos que son estos
jueces comunistas!), la corte sustituyó esa pena por un trabajo
correccional.

Merece una mención especial lo que da nombre al documental. Vemos la
escultura en mármol de la res epónima. Nos enteramos de los actos
vandálicos perpetrados contra la obra, a consecuencia de los cuales ha
perdido un tarro, una oreja y el rabo. (Los tallistas se consuelan
recordando a la Venus de Milo.) Pero —sobre todo— quedamos informados de
una loca idea: que el monumento presidiera la “Plaza de la Revolución”
planificada para la Isla de Pinos.

Supongo que si la de La Habana tiene el nombre y la estatua de Martí; la
de Camagüey, los de Ignacio Agramonte; y la de Santiago, los de Maceo;
para quien tomó la decisión podía parecerle muy natural que el espacio
análogo en Nueva Gerona sirviese para perpetuar a la vaca Ubre Blanca.
Felizmente, en esta oportunidad venció la cordura.

Se impone una conclusión: “La vaca de mármol” merece verse. Esperemos
que, ya que el régimen no desea exhibirlo en sus cines ni por su
televisión, los cubanos de a pie puedan presenciarlo a través de los
“paquetes de la semana” tan denostados por Abel Prieto y sus
incondicionales.

Source: Fidel Castro y “La vaca de mármol” | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/fidel-castro-y-la-vaca-de-marmol/

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