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Raúl Castro fracasó en 2014… a pesar de Obama

Raúl Castro fracasó en 2014… a pesar de Obama
El dictador cubano no puede mostrar logros en todo el año
Eugenio Yáñez, Miami | 02/01/2015 1:19 pm

365 días de fracasos, promesas incumplidas, perspectivas inexistentes y
planes vacíos. Nada más puede mostrar el así llamado General/Presidente
durante 2014. A pesar de los acuerdos con el presidente Obama del 17 de
diciembre de este año que finalizó.
Comenzó 2014 inaugurando el superpuerto de El Mariel, cuya noticia más
significativa fue que ese mismo día entró al puerto un buque procedente
de Estados Unidos cargado con contenedores de pollos congelados, a pesar
del “criminal bloqueo imperialista”. Aparte de eso, nada de importancia
en El Mariel durante doce meses.
También se llevó a cabo la Cumbre de CELAC en La Habana, que si bien
contribuyó a legitimar al dictador de turno, y mostró a varios
mandatarios latinoamericanos corriendo a Punto Cero a besar la mano del
Padrino enfermo, en el orden práctico, más allá de retórica y
protocolos, una CELAC sin rumbo ni estrategias no sirvió para mucho más.
En marzo fue la Ley de Inversión Extranjera, esa que “ahora sí” iba a
resolver muchos problemas, para lograr entre $2.000 y $2.500 millones
anuales de inversiones, lo que garantizaría un crecimiento anual de
entre el 5 y el 7 por ciento del PIB, gracias a lo cual se podría
avanzar hacia un socialismo próspero y sustentable, que se expresaría
en… bueno, como siempre, en realidad nadie entiende ni sabe cómo sería
ese socialismo tan bello, sólido, próspero y sustentable.
Y los extranjeros “interesados” en invertir en Cuba, sobre todo en El
Mariel, se perdieron dentro de las páginas de Granma y los vericuetos
del Noticiero Nacional de Televisión, porque ninguno apareció por La
Habana a concretar nada específico.
La eliminación de la doble moneda y la unificación monetaria siguieron
quedando en lenguaje difuso y borroso, así como promesas abstractas para
un esotérico “día cero” que ningún cubano de a pie sabe cuando será, ni
mucho menos cual será la paridad del peso cubano (CUP) con el dólar
cuando se produzca. A manera de consuelo, parece que tampoco muchos
jerarcas del régimen tengan respuestas concretas a las dos interrogantes.
El único logro agropecuario significativo del régimen sería el aumento
del marabú, porque de los productos alimenticios no hay trazas en las
mesas de los cubanos, a pesar de las estadísticas triunfalistas que
publica la prensa oficial sobre agricultura y ganadería. No por gusto
las cifras que hay que destinar a la importación de alimentos aumentan
cada año. Donde único hay algunos resultados, nada espectaculares, es en
agricultura urbana y suburbana, y no por casualidad: en esas actividades
laboran personas por su cuenta, privados, y el Estado tiene pocas
posibilidades de intervenir y estorbar.
Del transporte, construcción de viviendas, vestuario, calzado, salarios
de los trabajadores, y precios de los productos, no hay nada nuevo que
decir, más allá de las frustraciones, fracasos y falsas promesas de
siempre. En ninguna circunstancia se resuelven las necesidades de la
población. Y si no puede decirse que todo se mantiene igual que siempre,
es porque en realidad cada vez todo está peor.
Los médicos en el exterior siguen siendo importantísima fuente de
ingresos para La Habana, así como las remesas de cubanos que viven fuera
del país y el envío de productos para familiares y amigos en la Isla.
Otra fuente importante es la reventa del petróleo venezolano que no se
utiliza en Cuba. Es decir, una parte importante de la poca riqueza con
la que puede contar la nación no se produce en la Isla, y muchas cosas
siguen dependiendo de lo que pueda llegar del extranjero.
La supuesta solución para todos estos males sigue siendo la de siempre:
más represión, golpizas, detenciones “express”, descalificaciones,
prisión, mítines de repudio, brigadas de respuesta rápida, desalojos
(llamados “extracciones”), denuncias, chantajes, y mucho más: todo lo
que sea necesario, sin límite de ningún tipo, para mantener el poder a
toda costa. El hundimiento de una embarcación de cubanos que pretendían
escapar del paraíso castrista —con un muerto—, y las detenciones para
impedir una “performance” de una cubana residente en EEUU en la Plaza de
la Revolución —represión que hasta The New York Times ha criticado
editorialmente—, ambos casos después del discurso de Raúl Castro vestido
de general el 17 de diciembre de 2014, hablan más claramente sobre la
naturaleza del régimen y sus proyectos que cualquier ilusión de quienes
pronostican que ya todo está resuelto o se resolverá muy fácilmente. No
está prohibido seguir soñando, pero el camino de las ilusiones no
conduce a nada cierto.
Internacionalmente, durante 2014 Raúl Castro tuvo que aliarse más
estrechamente aun con algunos gobernantes que forman parte de lo menos
recomendable del planeta. Apoyó abiertamente a Vladimir Putin en sus
acciones y aspiraciones imperialistas sobre Ucrania, y a Nicolás Maduro
en su brutal represión contra estudiantes y población que protestaban en
las calles. Todo para garantizar ayuda económica y suministros casi
gratuitos de petróleo para el régimen. Pero el precio del petróleo
continuó descendiendo, el gobierno de Venezuela cada vez se las ve más
apretadas para subsistir, y puede estar en peligro el suministro
Caracas-Habana. Así que el utópico y faraónico proyecto de Petrocaribe,
concebido para financiar la solidaridad al castrismo y al socialismo del
siglo 21 a cambio de petróleo barato, sigue perdiendo sentido en la
medida que los precios del hidrocarburo continúan a la baja, para
regocijo de muchos importadores de petróleo en todo el mundo. Por su
parte, la devaluación del rublo en Rusia, producto de las sanciones
occidentales contra ese país por sus acciones contra Ucrania, además de
la caída de precios del petróleo, dificulta al menos a corto plazo una
eventual ayuda de Moscú a La Habana. Por si fuera poco, se supo que la
hija del presidente angolano, nación donde murieron más de 2.500 cubanos
para apuntalar un régimen dictatorial y corrupto, es la mujer más rica
del continente africano, con aproximadamente $2.500 millones. Es decir,
un millón de dólares por cada cubano que murió en Angola en defensa de…
¿qué?
En resumen, pocos resultados y muy malos, en todo el año, para la
camarilla gobernante en La Habana: la economía estancada y sin
perspectivas de solución, y lo peor del caso es que allí nadie sabe
concretamente lo qué se debe hacer ni cómo. El magro crecimiento del 1,3
% en 2014, si fuera cierto, sería ridículo comparado con muchos países
de la región, y mucho peor teniendo en cuenta las colosales necesidades
acumuladas en la economía cubana. Lo más entretenido y “sexy” que podía
prometer Raúl Castro era un discurso de José Ramón Machado Ventura,
segundo secretario de su decadente partido comunista.
Y en eso apareció Obama.
Después de dieciocho meses de negociaciones secretas, el 17 de diciembre
se conoció, a la sombra del anuncio de intercambios de prisioneros, la
intención de ambos gobiernos de restablecer relaciones diplomáticas y
entrar en una nueva fase de vínculos entre Washington y La Habana,
interrumpidos y dañados por más de medio siglo.
El presidente Obama no lo hizo para ayudar a Raúl Castro, naturalmente,
sino para afianzar lo que él considera intereses fundamentales de
Estados Unidos. Pero aun así, hubiera sido una buena oportunidad que
debería aprovechar Raúl Castro, si fuera capaz de saber aprovechar
alguna oportunidad en su condición de gobernante, lo que no ha
conseguido demostrar hasta ahora.
Aunque en La Habana los aquelarres oficiales hablan solamente de la
liberación de los tres “héroes antiterroristas” que quedaban en
prisiones de Estados Unidos —en realidad chapuceros espías de bajo
rendimiento— y ni siquiera han permitido que los cubanos de a pie
conozcan el histórico discurso del presidente Obama ese día, todos los
gobiernos del mundo y buena parte de eso tan abstracto que se conoce
como “opinión pública” saben que el presidente de Estados Unidos planteó
al régimen una serie de posibilidades para mejorar las condiciones de
vida de los cubanos, tanto políticas como materiales, que están en
dependencia, en su casi totalidad, de la actitud que adopte La Habana
frente a esas posibilidades de mejoras democráticas y económicas para
sus ciudadanos.
En otras palabras: que si se mantiene como hasta ahora la represión y la
pobreza extrema a que son sometidos los cubanos, no será fácil convencer
a muchos en el mundo de que las causas de esas carencias y sufrimientos
sean obra de un malvado imperialismo que ha expresado claramente que
quiere mejores relaciones con su vecino insular, y que está dispuesto a
ayudar en determinadas condiciones.
Como elementos aparentemente colaterales, el régimen está comprometido,
lo que no ha materializado todavía, a la liberación de 53 prisioneros
políticos que se encontraban en las ergástulas castristas al momento del
anuncio simultáneo de Raúl Casto y Obama. Además, ya se ha conocido un
informe, aún no completamente público, donde el gobierno cubano
aparentemente “transparenta” sus finanzas, anunciando un superávit de
$1.000 millones de dólares para 2014, y una reserva de diez millones de
dólares en divisas. Curiosos superávit y reservas en un país con tantas
carencias importantes y urgentes, pero así lo informó el régimen. Ahora,
no debe haber dudas de ello, ni la liberación de presos políticos ni la
información por ahora “filtrada” sobre las finanzas del régimen han sido
producto de una inexistente buena voluntad de Raúl Castro, sino de
compromisos que surgieron por las conversaciones secretas
(excarcelaciones) o de imperativos de negocios, dada la desesperada
búsqueda de inversionistas extranjeros (“transparencia” financiera) por
parte del régimen.
Para la galería interna en Cuba, Raúl Castro podrá seguir gritando que
“ahora sí ganamos la guerra”, aunque nadie sepa a ciencia cierta cuál es
esa guerra. De seguro los ideólogos del régimen ya están preparando
consignas y “explicaciones” para justificar fracasos, y falsas promesas
que con absoluta seguridad continuarán si no cambiara nada. De entrada,
ya estarán preparándose para justificar cualquier barbaridad o
descalabro que se conozca, todo bajo el eterno pretexto de que todavía
no se ha levantado “el bloqueo”.
Sin embargo, para los cubanos con acceso libre a la información, y para
el resto del mundo, las cosas serán vistas de diferente manera, y
quedará perfectamente claro, una vez más, quienes son los verdaderos y
únicos responsables de las dificultades que los cubanos han vivido en
los últimos cincuenta y seis años.
De manera que, aunque el general sin batallas se crea que ahora sí va a
ganar una guerra, en realidad no parece haber mostrado demasiado interés
en aprovechar las oportunidades que se le abren a él, a su camarilla y a
su régimen, para enrumbar los destinos de Cuba por caminos mejores que
los transitados hasta ahora.
Así que, aun cuando piense que ha obtenido una victoria, en realidad
está frente a un nuevo fracaso, como ha sido toda su obra de gobierno en
2014: fracaso sobre fracaso. En este caso por omisión, por dejar de
hacer. Tal vez Raúl Castro, pensando que ganaría una gloriosa guerra,
intentó morder de una sola vez una aparentemente apetitosa carnada, sin
darse cuenta de que podría estarse comiendo un cordero terriblemente
envenenado.
Que así lo sientan y lo vivan el dictador y su pandilla de fracasados,
que al resto de los cubanos esos fracasos de la camarilla nos deben
preocupar tanto como a los tiranos les preocupa el bienestar y el futuro
de los cubanos.
Así que, además de celebrar un fracaso más de la dictadura, digamos muy
alto a todos los cubanos de buena voluntad, dondequiera que estén:
¡Feliz Año Nuevo 2015!

Source: Raúl Castro fracasó en 2014… a pesar de Obama – Artículos –
Opinión – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/raul-castro-fracaso-en-2014-a-pesar-de-obama-321430

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