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El señor de la moringa

El señor de la moringa
– La web científica SINC cuenta cómo Fidel Castro se enteró de la
existencia de la moringa,
– Esta “planta milagrosa” le ayudó supuestamente a superar sus
problemas de salud
ANTONIO VILLARREAL, Febrero 21, 2015

Hace unos cuatro años José Manuel Vecilla Blanco recibió una orden de
compra de un kilo de semillas. “Y, como era del Gobierno de Cuba, les
mandamos dos kilos”, asegura. Un año más tarde, a Moringa S.L. llegó
otra carta de agradecimiento, con una propuesta de colaboración. Al
parecer, Cuba tenía muchas hectáreas en las que quería sustituir moreras
por moringas. Vecilla relata que incluso le ofrecieron crear una
sociedad. Finalmente, el acuerdo no se produjo.

Fidel Castro había dejado el poder a su hermano año y medio antes por
–según fuentes oficiales– una diverticulitis que se le complicó. Debido
a la opacidad que rodea al régimen, los rumores sobre su salud eran
constantes. Pero un día reapareció y el 17 de junio de 2012, escribió en
una de sus Reflexiones del compañero Fidel:

“Están las condiciones creadas para que el país comience a producir
masivamente Moringa Oleífera y morera, que son además fuentes
inagotables de carne, huevo y leche, fibras de seda que se hilan
artesanalmente y son capaces de suministrar trabajo a la sombra y bien
remunerado, con independencia de edad o sexo”.

En aquel momento, Vecilla ató cabos. Aquello explicaba los pedidos de
moringa. “¡Lo que no sabía el mundo es que Fidel Castro se curó con
moringa!”, se apresura a adelantar Vecilla.

No puede escribirlo en sus envases, ni demostrarlo científicamente, pero
lo dice. De eso va su negocio.

En un momento de la entrevista, mientras cuenta su historia como
emprendedor en el mundo de los suplementos nutricionales, Vecilla
desliza sobre la mesa un maletín con botes de plástico y sobres
herméticos. El empresario va señalando: “Moringa sola, con ginseng, con
Stevia, con graviola, con espirulina, para mascotas, hoja de moringa;
extracto de moringa con un ratio de 4/1: por cada cuatro kilos de hojas
obtienes uno de esto y tiene un 12% de polifenoles, lo puedes utilizar
tanto en bebidas energéticas como en fertilizantes”.

Dice que en él se combinan el cultivador, el emprendedor, el naturópata,
el empresario y el comunicador.

Hace unos meses, Vecilla se trasladó con su mujer a Gran Canaria,
decidido a vivir de plantar moringa ‘ecológica’ en una finca de Santa
Lucía de Tirajana y comercializarla.

Hoy, su empresa familiar, Moringa S.L., que registró en 2009 en el
Registro Mercantil de Almería, se ha hecho un lugar entre los
principales proveedores mundiales de suplementos alimenticios basados en
esta planta casi desconocida en Europa, cuya hoja recuerda al berro. De
origen indio, la moringa ha sido bautizada en el mundillo naturópata
como “el árbol de la vida” o “la planta milagro”.

En forma de polvo de hoja seca es donde, según diversos trabajos, la
planta acumula más propiedades. Tradicionalmente, la Moringa oleifera,
por su alto contenido proteico y el rápido crecimiento de sus arbustos,
se ha empleado como forraje para alimentar al ganado.

Sin embargo, en los últimos años, su popularidad se ha multiplicado en
la industria de los suplementos nutricionales, que va camino de crecer
vertiginosamente en la próxima década. La revista Nutrition Business
Journal cifraba las ventas de estos productos en Estados Unidos durante
2012 en 32.500 millones de dólares, cantidad que esperan ver duplicada
para 2021. En España la cifra es más modesta, pero importante. Según el
Anuario de la Alimentación en España de 2013, las 220 empresas dedicadas
a este sector facturaron en complementos alimenticios unos 225 millones
de euros.

Un detalle biográfico de Vecilla fundamental para esta historia es que
es diabético tipo I, insulinodependiente. Hasta 2007, fue director de un
pequeño hotel de Bilbao, en el que se desempeñaba 14 horas diarias y que
dejó por agotamiento para descansar una temporada en Zamora con sus padres.

Conoció por internet a una catedrática venezolana llamada Yuleida
Mendoza, “jefa de laboratorio en el Instituto de Tecnología de
Maracaibo”, precisa Vecilla. Una tarde, esta le habló por primera vez de
la moringa: “Es buena para tu diabetes”. Le insistió tanto que,
sondeando el mercado en internet, consiguió el polvo de moringa de
Inglaterra. “Empecé a hacerme infusiones en una olla a presión de cuatro
litros y medio. Ponía el agua, echaba tres o cuatro cucharadas soperas
de polvo en un pañuelo, lo ataba y hacía una infusión durante veinte
minutos”.

Una persona no diabética en ayunas tiene sus niveles de glucosa entre 70
y 140 miligramos por decilitro de sangre. Antes de probar la infusión
por primera vez, Vecilla dice que tenía el azúcar en 380 y se inyectaba
85 unidades de insulina diarias, frente a las 25 que declara
administrarse ahora. “Hasta entonces, había probado plantas medicinales
y tratamientos naturales y nada funcionaba. Sin embargo, a partir de las
infusiones de moringa, empezó a bajarme y al cabo de dos semanas ya la
tenía equilibrada en torno a 110”.

La Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas
en inglés) clasifica a la moringa oleifera dentro de su lista de
compuestos botánicos en los que se han observado “sustancias de posible
riesgo tóxico, adictivo o psicotrópico”. En particular, porque los
alcaloides moringina y moringinina pueden tener efectos antifertilidad.

No obstante, uno de compuestos de la moringa, la bencilamina, ha dado
algunos resultados en experimentos con roedores de laboratorio que
podrían relacionarse con el testimonio de Vecilla. Un estudio del
Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (INSERM) francés,
publicado en Pharmacological Research en 2010, demostró que la
administración de bencilamina en el agua mejoraba la tolerancia a la
glucosa de ratones insulinorresistentes que, al recibir una dieta rica
en grasas, reducían más el peso y el colesterol que los del grupo de
control.

Por aquel entonces, Vecilla desconocía todo esto. “Me decía ‘no puede
ser, tiene que haber alguna trampa’. Dejaba de tomar la moringa tres
días y me volvía a subir el azúcar, la volvía a tomar de nuevo y bajaba.
Es una bomba”. Creó moringa.es, una página de información sobre su nuevo
y feliz descubrimiento. “Esto lo tiene que conocer el mundo”, se dijo.

La planta crece rápidamente y en cualquier parte, por pedregoso o seco
que sea el terreno. Unas pocas semanas después de echar la semilla ya
puede aprovecharse su hoja, pasados los seis meses da su primera cosecha
de flores y en su primer año puede superar los tres metros de altura.
Las hojas, las flores, la madera, las raíces y las semillas son
aprovechables.

Y, aunque procede de latitudes subtropicales, la moringa también creció
en aquel vivero de Zamora.

Para promocionar la planta, Vecilla regalaba semillas por internet.
Enviaba paquetes de 30 y los destinatarios solo corrían con los gastos
de envío. “Quería que cada uno tuviera la oportunidad de conocerla”. La
promoción surtió efecto y llegó a recibir decenas de correos
electrónicos diarios solicitando semillas, en su mayor parte de
Sudamérica. Según sus cálculos, aquello provocó que se crearan cientos
de huertos familiares en el continente. “La palabra mágica es ‘gratis’.
Eso fue lo que nos lanzó”, dice el empresario.

Vecilla recuerda hoy aquello como un acto puramente filantrópico, pero
lo cierto es que el germen comercial ya estaba ahí, a juzgar por el
rastro digital de mensajes que dejó en algunos foros, como este:

“Además de regalar semillas de moringa, para la creación de un huerto
familiar… ofrecemos la posibilidad de crearte tu propio empleo a
partir del cultivo de moringa. Solo necesitas tener un terreno o
invernadero de al menos 1 hectárea y empezar a cultivar moringa, según
nuestras directrices. También ofrecemos, para los más ambiciosos, la
franquicia de moringa. “

El mensaje, publicado meses antes de registrar la sociedad, detalla el
modelo de negocio, que incluye la venta de productos derivados de la
moringa, tanto a consumidores finales como a distribuidores
franquiciados, que pagan una tasa y reciben la moringa más barata para
su redistribución.

Para tejer su red, Vecilla ha registrado unas 130 páginas web. Casi
cualquier combinación posible de nombres con “moringa” forma una URL de
su propiedad. Pero Zamora no era buen terreno para esta especie. Al año
siguiente de su experiencia iniciática, Vecilla y su mujer ya se habían
mudado a la zona de Vera Playa, en Almería. “Uno de los clientes que
tenía me pidió un kilo de semillas. Como tenía invernaderos, me dije
‘esta es la mía”, recuerda. Seis meses después crearon el Centro de
Enseñanza de la Moringa, para instruir a agricultores de la zona que
pudieran suministrar a Moringa S.L.

En España, la línea roja que separa los medicamentos de los suplementos
nutricionales está nítidamente delimitada por el Real Decreto 1907/1996
sobre publicidad de productos, actividades o servicios con pretendida
finalidad sanitaria. Los suplementos no tienen que acogerse a las
regulaciones estrictas de la Ley del Medicamento.

De hecho, la laxitud de la normativa hace que, en ocasiones, se incluyan
en los suplementos formulaciones diferentes a las que aparecen en el
etiquetado (la FDA estadounidense tiene catalogados 560 casos) y, en
algunos casos, incluso sustancias químicas prohibidas, como demuestra un
reciente estudio en el que los investigadores pudieron adquirir estos
suplementos hasta 52 meses después de haber sido retirados.

Dado que los suplementos nutricionales tampoco necesitan pasar por tres
fases de ensayos clínicos ni por un sistema de patentes, porque no son
fármacos y no curan, se considera una “infracción muy grave”
publicitarlos o distribuirlos como tal.

Y, como siempre que existe una línea roja, el juego está en acercarse
todo lo posible. “A mí los médicos no me pueden decir nada porque desde
el primer momento respeté la palabra”. Se refiere a la palabra “curar”.
Fueron, dice Vecilla, muy cautelosos. “No dices que cura, que es lo que
quieren los farmacéuticos, pero lo dejas caer”.

Además, la moringa cuenta a su favor con otra corriente que lo sitúa
como un alimento idóneo para combatir la malnutrición en países en
desarrollo. Instituciones como la FAO han promovido su uso y algunas ONG
han puesto en marcha programas de desarrollo de su cultivo y consumo.
Entre ellas, Moringa Sin Fronteras, una sociedad limitada registrada en
2013 a nombre del hijo de Vecilla, quien se encarga de la distribución
desde Bilbao a 36 países.

Su cosmovisión para devolver al mundo lo que la moringa le ha dado
incluye un proyecto de introducción de la moringa –que posteriormente su
empresa recompraría– en la región de Itapúa, en Paraguay. Mientras
tanto, la competencia crece. Por eso, su objetivo era lograr la
certificación de moringa ecológica, que le permita imprimir distintivos
verdes en la etiqueta. “Con la moringa tengo competencia. Con la moringa
ecológica, no. Soy el único”.

El mayor de sus competidores está en la isla de enfrente, Tenerife, y es
la empresa Moringa Garden, fundada por el alemán Bernd Efinger en abril
de 2014. “Las semillas y enseñanzas que yo le enviaba a mi distribuidor
se las estaba pasando a este amigo alemán, que hoy es una potencia”,
resume Vecilla.

Donde no hay patentes, impera la ley del más avispado. “Tengo
franquicias en Paraguay, Argentina, Nicaragua, Ecuador, Colombia y
Panamá. Les cobro 5.000 euros por una hectárea y la información. Ellos
aprenden, desarrollan el producto y, al final, les sobra el españolito”,
dice Vecilla. “Nos dicen que somos muy desconfiados. ¿Cómo no lo vamos a
ser si nos ha pasado diez veces? Y nos seguirá pasando”.

_____________

Este texto apareció publicado originalmente en la Agencia SINC

Source: El señor de la moringa –
http://www.14ymedio.com/cienciaytecnologia/senor-moringa_0_1729627024.html

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