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La abundante pobreza de una feria de sábado en La Habana

La abundante pobreza de una feria de sábado en La Habana
[05-02-2015 13:59:05]
Mario Hechavarría Driggs

(www.miscelaneasdecuba.net).- El pasado 31 de enero fue el último sábado
del mes, fecha señalada de feria del comercio en La Habana. El espacio
de la calzada de Zanja, entre Belascoaín y San Francisco fue cerrado al
tránsito, invadido por decenas de carpas y tal vez diez camiones
llegados directamente desde los campos cercanos a la ciudad.
La agricultura ofreció sus limitadas opciones, aunque un día es un día y
aparecieron libras de tomates a 3 pesos, boniatos a 1 peso por similar
cantidad, plátanos igualmente por debajo de las cifras diarias,
inclusive la ganga de carne de cerdo a 21 pesos la libra de pierna o de
lomo.

Preguntando a los muchos transeúntes convocados por este día de los
reyes, al estilo de aquellas tradicionales festividades de carnaval
dadas a nuestros esclavos durante la colonia, aparecieron encontradas
respuestas:

Un joven mientras hacía la cola para entrar al servicio de correo
electrónico ubicado en la misma calzada: “El engaño de siempre, te hacen
correr una mañana si quieres comprar algo de menor precio, al día
siguiente y hasta el próximo mes volverás a la realidad.”

Una señora ama de casa después de comprar una mano de plátanos: “Hay que
fajarse porque la gente se pone difícil en la cola, figúrate, todo el
mundo quiere aprovechar la oportunidad.”

Un señor reflexiona mientras sorbe una cerveza enlatada:”Lo mismo con lo
mismo, te entretienen con estas ofertas, juntas en un espacio pequeño,
creando la idea de la abundancia. De todas formas al cubano le gusta el
aire libre, mostrarse, invitar a los amigos, en fin, al menos nos
divertimos.”

Se trata de la gastronomía, que ocupa la mayor parte de los kioscos,
aunque en este caso no hay variaciones de precios respecto a la oferta
diaria porque se trata del monopolio estatal sobre el comercio
minorista. Las ventas del sector son extensiones de numerosos
establecimientos de la ciudad, identificados en la feria con sus
respectivos letreros.

El reportero tomas algunas vistas y luego se va hasta las ubicaciones
originales de tales restaurantes y cafeterías, entonces a una pregunta
del porqué está cerrado “El Italiano”, una pizzería de la calle Infanta,
un trabajador allí de guardia dice:

“Si usted desea comer pizzas, tomar cervezas y cualquier otra cosa de
nuestra unidad, váyase a la feria de la calle Zanja, allí están todos
los restaurantes de La Habana reunidos.”

Similar situación se presentó en “Las Avenidas”, otro complejo
gastronómico situado en la esquina de Carlos III e Infanta. La
experiencia cotidiana, constatada por el periodista, indica que es un
buen momento al menos para los trabajadores de este restaurante,
generalmente vacío, hoy lleno por la magia de una feria sabatina en
plena calle.

Al caer la tarde aún es posible comprar frijoles negros o colorados a
diez pesos la libra, ocho menos que el precio vigente en toda la ciudad.
Al indagar los por qué de tan inusual oferta, uno de los tarimeros aclara:

“Bueno, nosotros vinimos directamente desde Matanzas, es producto de
nuestra cooperativa”. Entonces viene la pregunta: ¿Y por qué no pueden
hacer esto todos los días? “Periodista, precisamente porque es una vez
al mes, el resto es trabajando allá en la cooperativa, donde
necesariamente nos compran los que se encargan de traer los productos
hasta La Habana.”

Se trata de los vilipendiados “intermediarios”, acusados por la prensa
estatal de provocar el inusitado aumento de los precios al consumidor,
sin embargo, no hay comercio posible sin tales intermediarios.

El Estado hasta ahora se muestra impotente ante la dramática realidad
del mercado agroalimentario, la gente sigue pagando íntegramente su
salario en la búsqueda del diario sustento y lo peor del caso es que no
alcanzan a resolver sus necesidades básicas.

Es opinión generalizada que estas ferias sabatinas de fin de mes se
convierten en una auténtica burla al pueblo, es como concentrar la
pobreza para que parezca abundancia. La señora de los plátanos suspira:
“Si al menos se hicieran estas ferias todos los fines de semana”.

Un hombre al lado entra en la conversación sin previa solicitud:
“Señora, confórmese con esto, al menos vamos viviendo.”

Cruzando la calle Belascoaín, similar a si traspasáramos la frontera
entre el coto cerrado de la feria y el resto de la ciudad, nos espera la
cruda realidad de cada día: Los tomates a cinco, el frijol a 18 y la
carne de cerdo a 40, esperando por ese consumidor que al menos una vez
al mes como en la feria, cuenta con dinero disponible para comerse un
bistec.

Source: La abundante pobreza de una feria de sábado en La Habana –
Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/54d369193a682e07b8d6bbd5#.VNSq6_nF9HE

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