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Un viaje al negro futuro del “socialismo próspero y sostenible” de Cuba

Un viaje al negro futuro del “socialismo próspero y sostenible” de Cuba
¿Qué significa ese “socialismo próspero y sostenible” que defienden las
autoridades cubanas, y que a veces parece tan alejado del ciudadano común?
AUTOR A.M.V. (CUBA)
FECHA 27.02.2015 – 05:00 H.

A la vera de un cañaveral, Estanislao espera por la muerte. Ni él mismo
lo sabe, pero en este lugar perdido, a cientos de kilómetros de La
Habana, su historia tiene pocos capítulos por contar.
Estanislao tiene 82 años y el cuerpo curtido por el trabajo de muchas
cosechas en los campos de caña de azúcar que bordean su casa, a las
afueras de Jobabo, un poblado del sureste de Cuba.
Allí vive con su mujer de toda la vida. Están solos. Desde hace tiempo
su familia se ha ido marchando hacia otros lugares en busca de mejores
posibilidades económicas. Dos hijos están en La Habana trabajando en una
“paladar” (un restaurante); otra busca fortuna en Matanzas, una de las
provincias más prósperas del país; y el mayor –médico– cumple su tercera
misión en Bolivia. Con las nietas pasa más o menos igual; sólo una
reside todavía en el pueblo y los visita todas las semanas, “pero
cualquier día de estos nos deja: el marido está haciendo los papeles
para irse del país”, dice Estanislao, con un tono en el que no cuesta
mucho adivinar la tristeza.
Sin embargo, de sus palabras no se trasluce el reproche. Aunque quisiera
tener a toda su familia reunida, sabe que Jobabo no es lugar para fundar
futuro. “Desde que cerraron la central (azucarera), en este pueblo los
jóvenes no tienen nada que buscar”, lamenta. “Por eso entiendo que se
vayan a probar suerte en otro lado, la vida es una sola y nadie va a
hacer por ellos más de lo que hagan ellos mismos”.

Azúcar, el primer intento fallido
A comienzos del año 2000, la “Tarea Álvaro Reynoso” impulsó el cierre de
casi dos terceras partes de las centrales azucareras que funcionaban en
Cuba, en un intento por contrarrestar los bajos precios a los que se
cotizaba el dulce en el mercado internacional. Al principio, la
estrategia parecía infalible: eliminar las industrias y zonas de cultivo
menos eficientes, y concentrar los recursos en sus homólogas más
productivas.
Sin embargo, los resultados fueron desastrosos. Sin las inversiones y
estrategias comerciales adecuadas, la medida sólo sirvió para desplomar
la producción hasta su punto más bajo en cerca de un siglo (1,1 millones
de toneladas en 2010), bien lejos de lo que sucedía tres décadas antes,
cuando las moliendas promediaban registros seis o siete veces superiores.
En el orden social los efectos también fueron dramáticos. A la pérdida
de la principal actividad económica de la Isla, que había cimentado su
identidad desde los comienzos del período colonial, se sumó la precaria
situación en que quedaron más de 200.000 trabajadores directos y otro
medio millón que se vinculaba al sector a través de cadenas de servicios
(entre ambos grupos, cerca del 15% de la población económicamente activa).
Si bien se intentó paliar la crisis mediante grandes planes de
superación para los desempleados y en muchos sitios se fomentaron nuevas
actividades productivas, la mayoría de los antiguos bateyes azucareros
son hoy pueblos donde imperan la pobreza y el desánimo. No por
casualidad, muchos de ellos son incluidos entre las llamadas
“circunscripciones complejas”, una categoría usada por el Gobierno para
agrupar a las zonas que presentan mayores problemáticas sociales.

“Actualización”, un segundo intento ¿de éxito?
Los fracasos de la “Álvaro Reynoso” tuvieron dos resultados decisivos:
la reorientación del país hacia la prestación de servicios en el
exterior y el comienzo de las reformas económicas, después del sexto
Congreso del Partido Comunista en abril de 2011. Desde entonces hasta la
fecha, la apuesta ha sido por ampliar los espacios al sector privado y
reducir gastos, aunque no siempre con los mejores efectos.
El producto interior bruto se ha mantenido virtualmente estancado, con
crecimientos que no superan el 2,4% de promedio en los últimos cuatro
años (1,1% en 2014), y se mantienen por debajo del contexto
latinoamericano y muy lejos de los índices que –a juicio de La Habana–
serían necesarios para comenzar a hablar de desarrollo.
Cálculos conservadores aseguran que, desde 1989, el CUP (la moneda
oficial) perdió más de siete décimas partes de su valor, una realidad
que afecta sobre todo a segmentos como los pensionados y trabajadores de
instituciones estatales. Se trata de una tendencia que no han podido
revertir las medidas adoptadas al calor de la llamada “Actualización del
modelo económico cubano”, considera el analista Pavel Vidal. “Si
suponemos que la inflación anual se ubicó en apenas un 4%, el resultado
es que en el período 2008-2013 los precios crecieron un 21,7%. Como
consecuencia, tendríamos que los salarios reales no sólo no han
mejorado, sino que han decrecido un 8,2%”, asegura en un estudio
publicado por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba.
“Este ha sido un lastre del cual no se ha podido despegar la economía
cubana. En más de veinte años, ni las reformas de los años noventa, ni
la desdolarización y centralización de las divisas, ni la ayuda recibida
desde Venezuela y la exportación de servicios médicos, ni la actual
reforma de Raúl Castro, han logrado tener un impacto positivo sostenido
en los salarios reales”, añade.
Menos teórica, pero más cercana a “la calle”, Lisbeth Consuegra, una
contadora devenida en “cuentapropista”, pone el problema en sus propios
términos. “Las cosas suben de precio y no pasa nada. Por ejemplo, el
transporte. El fin de año todos los camioneros se pusieron de acuerdo y
aumentaron el pasaje. ¿Alguien dijo algo? ¿Alguna institución tomó
alguna medida? Cuando cobra, la mayoría de la gente debe todo su salario
e incluso más, así no hay economía que valga”.

A la sombra de la “17”
Hasta donde alcanza la vista sólo se pueden ver sacos y más sacos de
fertilizante listos para la entrega, a la espera de un transporte que
los lleve hasta su destino. No es que sobren, todo lo contrario. Desde
hace años, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma)
viene alertando sobre los bajos niveles de fertilidad que afectan a los
campos cubanos, y la necesidad de incorporarles nutrientes que les
permitan retornar a su estado original y enfrentar en mejores
condiciones el cambio climático.
Sin ir muy lejos, a sólo unos minutos de esta fábrica paralizada por la
“sobreproducción”, cientos de campesinos de la comunidad de Camalote
agradecerían una buena remesa del artículo que ahora nadie parece necesitar.
A casi 600 kilómetros de La Habana, en una pequeña ciudad llamada
Nuevitas, la Empresa Química Revolución de Octubre no puede producir ni
un gramo más de fertilizantes nitrogenados. “¡Fíjate bien, no vayas a
poner mi nombre, que me embarcas!”, pide la fuente de El Confidencial,
antes de dar su testimonio. En realidad sólo confirmará lo que la prensa
local ya dijo hace unos días, aunque sin entrar en juicios acerca de las
causas y consecuencias del problema.
Pero nuestro hombre sí las tiene claras. Él es uno de los casi 600
obreros que cada día trabajan en esa gigantesca planta, regalo de la
Unión Soviética, la misma que en sus comienzos no daba abasto ante las
exigencias de una agricultura en plena expansión. “Ahora ya no es así”,
aclara. “Producimos de buchito en buchito y, de todas formas, la
producción se nos queda. Dicen que es porque los Ferrocarriles no tienen
vagones suficientes para llevársela toda, pero como sea los que salimos
perdiendo somos nosotros, que con la ’17’ cobramos por los resultados,
sin importar si la culpa es nuestra o de los demás”.
La norma a la cual se refiere, la Resolución 17, es uno de los puntos
más controvertidos en la estrategia del Estado para lograr la eficiencia
de sus empresas. Como en el caso de la “Álvaro Reynoso”, la idea general
es acortar gastos, algo que no siempre es tan fácil debido al complejo
sistema administrativo que rige en el país.
Pero esa no resulta una preocupación particularmente significativa para
directivos como Marino Murillo, el vicepresidente a cargo de las
reformas económicas y ministro del ramo en dos ocasiones. “Son tareas en
extremo complejas, con impactos en la población, que requieren constante
capacitación de cuadros y funcionarios, además de un sistemático proceso
de seguimiento, fiscalización y control”, afirmó durante el último
Consejo de Ministros celebrado en 2014.
Demasiado poco como para entender, en realidad, qué significa ese
“socialismo próspero y sostenible” que defienden las autoridades, y que
a veces parece tan alejado del ciudadano común.

Source: Un viaje al negro futuro del socialismo próspero y sostenible de
Cuba –
http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-02-27/un-viaje-al-negro-futuro-del-socialismo-prospero-y-sostenible-de-cuba_718358/

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