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Círculos infantiles – cárceles o castillos

Círculos infantiles: cárceles o castillos
L. L. PADRÓN | La Habana | 15 Abr 2015 – 7:27 pm.

La atención y las condiciones de los círculos infantiles estatales son
pésimas, pero hay otra clase de guarderías, como las dos que posee la
hija del general Ulises Rosales del Toro.

Dijo José Martí que ellos nacieron para ser felices, que son los que
saben querer y también la esperanza del mundo. Lo cierto es que la
inmensa desidia y depauperación humana y material en la que se encuentra
sumida la Isla, ha condicionado que desde edades muy tempranas los
niños, los príncipes enanos de Martí, comiencen a sufrir los desmanes
del sistema en los llamados círculos infantiles o jardines de la infancia.

El pasado 10 de abril celebraron su 54 aniversario estos centros. Según
reza un viejo proverbio la educación comienza en la cuna, en Cuba sigue
en el círculo infantil y luego de pasar por los cada vez más
deteriorados eslabones del cada vez más caduco y deprimente sistema de
enseñanza, culmina en la tumba.

Pero, desgraciadamente, el reto de educar no lo cumplen esos círculos
infantiles inventados por Vilma Espín, y hoy día no se trata solamente
de las carencias económicas ni de los ínfimos recursos que el Estado
dedica a la educación y cuidado de los más pequeños. El problema va más
allá de lo material, es de los estratos del alma, de la llamada miseria
humana y de las pocas ganas que los cubanos tienen ya de hacer las cosas
bien.

Desde su creación en 1961, con la finalidad de dar respuesta a la
necesidad del cuidado de los menores de cinco años favoreciendo así la
integración plena de la mujer a la sociedad, los círculos infantiles
garantizaban el bienestar de los pequeños y la tranquilidad de sus
padres. Hoy nada de eso se cumple.

Lo que debería ser una noble tarea en la cual las educadoras desempeñan
una importante labor al dotar a los pequeños de conocimientos en áreas
del desarrollo como la Lengua Materna, Nociones Elementales de las
Matemáticas, Educación Física, Música, Artes Plásticas, Análisis
Fónicos, además de facilitar el desarrollo de habilidades y capacidades
para enfrentarse al escenario escolar futuro, se ha convertido en una
especie de cárcel para pequeños, donde permanecen hacinados y aburridos
hasta que los padres los recogen. Ya ni les cantan canciones, ni los
enseñan porque el personal no está calificado ni para educar, ni mucho
menos para enseñar y transmitir conocimientos con el amor necesario para
que llegue a los infantes.

Y para qué hablar de la alimentación, si no es un secreto para nadie el
hambre que los niños allí pasan. Muchos almacenes de los círculos
infantiles abastecen a cafeterías y paladares, debido a la falta de
escrúpulos de los cocineros, administradores y directores que venden los
insumos destinados a los pequeños, que son ya escasos de por sí.

De un litro de leche, rebautizada con agua del grifo, beben hasta 20; y
de una compota de 200 ml toman hasta cinco niños a la hora de merienda.
La carne y el pollo, que no deberían faltar en la dieta de estas edades
en que la proteína es tan importante, aparece en dosis microscópicas y
tan mal cocinadas que ni siquiera la consumen. El huevo es el más
habitual de todos los platos, siempre dividido entre tres comensales.

La cantidad de educadoras no se corresponden con la de los niños que
deberían cuidar, sobrepasan los límites, y por eso están todos con las
narices sucias, orinados y con frecuencia se lastiman entre ellos debido
al descuido de estas mujeres que a veces están lidiando con los niños
sin desayunar, sin ganas, sin energía y sin la ternura que deberían
dedicarle a esta profesión.

Casi nadie quiere hacer ya este trabajo, remunerado con un salario tan
bajo: 340 CUP mensuales (unos 13 CUC). Por tanto, estas plazas son
ocupadas por exreclusas y mujeres que se encuentran cumpliendo libertad
condicional o están sancionadas por algún delito menor. Por eso se
pierden las toallitas, la ropa y hasta los zapatos que llevan los niños
y nadie sabe nada, nadie dice nada. Nadie quiere buscarse problemas por
miedo a represalias con los indefensos niños que están al cuidado de
estas mujeres.

Esa es la explicación a los maltratos, gritos y otras agresiones
psicológicas que reciben los infantes en estos centros. Muchos padres
ignoran esto y otros, para resolver el problema, hacen de la vista gorda
y sufren callados lo terrible de estas cárceles para menores que son los
círculos estatales. En eso se han convertido, como muchos de los otros
“logros de la Revolución”.

Sin embargo, a pesar de los pesares, de todos los horrores aquí
descritos y los que no cabrían en este comentario que son archiconocidos
por la sociedad, muchos padres añoran que les concedan la matrícula para
estos centros, pues no tienen otra alternativa y hacen con grandes
esperanzas los trámites de otorgamiento que duran entre 9 y 16 meses, en
el mejor de los casos.

Hay testimonios de padres que han esperado más de tres años y les han
otorgado la matrícula cuando el niño ya va para la enseñanza primaria.
La explicación o la excusa: que no hay capacidad. Es lógico: han cerrado
muchos círculos o jardines de la infancia porque no hay quien trabaje en
ellos, ni quien los mantenga en pie.

Es triste, pero a los cubanos y a las cubanas de a pie no les queda otra
opción para poder salir día a día a ganarse el sustento, a inventar, a
luchar, como afirman. No queda otra opción que irse dejando con el
corazón apretado y sin mirar atrás a sus hijitos en estos sitios,
llorando porque nunca se acaban de adaptar a los malos momentos que allí
pasan.

El trabajo en los círculos infantiles, durante todos estos años, ha
marcado la vida de generaciones de niños que pasan diariamente por sus
salones. Algunos más fuertes y llenos de anticuerpos que otros,
resisten, otros desertan camino a la libertad, a la calidez de sus
hogares, o a un lugar mejor que el sacrificio de sus padres pueda pagar.

Guarderías privadas, la otra cara de la moneda

Debido a la deficiencia de los recursos materiales, alimentarios y hasta
espirituales, las reiteradas peticiones a los padres que incluyen desde
frazadas de piso a bombillos en los círculos estatales, muchos de estos
progenitores han optado por enviar a sus pequeños a guarderías privadas.

En la capital habanera existen muchísimas, de distintos precios y
características. No todas garantizan programas educativos con la
metodología necesaria correspondiente a cada edad, aunque tampoco los
estatales lo hacen ya. Algunas se reducen a la cuidadora y a dos o tres
niños en un apartamento con varios juguetes y a la higiene que en los
del Estado brilla por su ausencia. Otras incluyen juegos didácticos,
almuerzo, merienda, clases de arte, entre otras actividades. Todo varía
según el importe a pagar por estos servicios, que cuentan con licencia
de cuentapropistas.

Desgraciadamente los bolsillos de todos no permiten esos lujos que van
desde los 40 hasta los 120 CUC al mes. En La Habana existen dos de la
misma dueña, muy famosos sobre todo en la elite citadina. Son muy
populares entre los diplomáticos, nuevos ricos, artistas, dirigentes y
toda clase de ladrones estatales que viven a sus anchas. Estos lugares
de gran confort y capacidad responden al nombre de “Dulces Sueños”, uno
en el reparto Kolhy y otro en Miramar, y pertenecen nada más y nada
menos que a Zulema, la hija del general Ulises Rosales del Toro.

“Estos círculos tienen de todo”, cuentan orgullosas las madres que
pueden poner allí a sus retoños. Incluyen desde uniformes y una dieta
balanceada, hasta salones climatizados con juguetes de última
generación. Allí sí se encuentran varias cuidadoras calificadas, siempre
alegres debido a sus buenos salarios y a los regalos que reciben de los
ostentosos padres que presumen de nivel de vida elevado.

Como en cualquier país primermundista, en estos distinguidos parvularios
se dan clases de diversas manifestaciones artísticas, idiomas,
habilidades y manualidades impartidas por educadoras de verdad. Allí los
niños ni se enferman ni se quieren ir a sus casas porque están en
verdaderos castillos para príncipes, con las comodidades que todos
quisieran para sus hijos. Las guarderías de la heredera del Héroe de la
República cuestan 80 CUC al mes con transporte incluido y las clases por
especialidades se cobran aparte. Se suele pagar de 100 a 120 CUC al mes.
Es una pena que sean tan costosos y, por tanto, tan inaccesibles estos
lugares que deberían ser con todos y para el bien de todos.

Alrededor de 200 chicos y sus padres reciben estos privilegios de manos
de la hija del General exministro del Azúcar y la Agricultura en las más
sofisticadas de las guarderías cubanas. Estas constituyen, sin dudas, el
vehículo idóneo para que desde bien pequeños los niños empiecen a
conocer las clases sociales que cada vez son más evidentes y
contrastantes en la patria de todos los cubanos.

Source: Círculos infantiles: cárceles o castillos | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1429038824_13986.html

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