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Cuba y EEUU de cara a la VII Cumbre de las Américas

Cuba y EEUU de cara a la VII Cumbre de las Américas
ARTURO LÓPEZ-LEVY
04/07/2015 2:00 PM 04/07/2015 6:00 PM

La próxima cumbre de las Américas –la última del presidente Barack Obama
y la primera para un presidente cubano– es una oportunidad para mejorar
las relaciones entre Estados Unidos y América Latina sobre nuevas bases.
En Panamá participarán los 35 países del hemisferio poniendo punto final
a más de cinco décadas en las que Cuba fue excluida del sistema
interamericano. Tanto el liderazgo estadounidense como la mayoría de los
gobiernos de América Latina han expresado interés en sistematizar la
colaboración en áreas como desarrollo intrarregional, defensa de la
democracia, aumento del comercio y enfrentamiento al crimen internacional.

La VII Cumbre ocurre en una cresta de autonomía económica y política de
América Latina con respecto a EEUU. Hay toda una arquitectura
institucional de multilateralismo latinoamericano que compite con la OEA
pero no la suplanta. El discurso del secretario Kerry en la OEA en 2013
es un importante precedente a la cumbre porque propuso una relación de
iguales. En la narrativa latinoamericanista de José Martí, los problemas
de EEUU con América Latina ocurren porque la suposición de superioridad
lleva a Washington a no conocer ni escuchar a sus vecinos. Cuba y
América Latina tienen ahora la posibilidad de aprovechar la disposición
estadounidense para un nuevo multilateralismo regional en una OEA
liderada por Luis Almagro, un socialista uruguayo.

A pesar de su ausencia de las anteriores cumbres, Cuba ha sido siempre
un tema álgido allí. En Panamá, por primera vez, la Isla está interesada
en una Cumbre exitosa. Cuba debería pasar de la denuncia al anuncio.
Está en el interés nacional cubano regularizar una relación triangular
de cooperación con EEUU y el resto de América Latina en salud, educación
y cooperación en el enfrentamiento al crimen, el terrorismo, los
desastres ambientales y el narcotráfico. La Habana debería descomponer
en un menú lo que ha sido hasta ahora un rechazo en paquete al sistema
interamericano. Fuera de una obsesión ideológica, no se explica por qué
Cuba rechaza incorporarse al Comité Interamericano contra el Terrorismo,
el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, o la
Comisión interamericana de control del abuso de drogas.

Un diálogo maduro entre Cuba y EEUU que enfatice los intereses y valores
comunes puede anunciar nuevos amaneceres en el hemisferio. Es increíble
que a estas santas horas todavía Estados Unidos no ha sacado a Cuba de
la lista del Departamento de Estado de países terroristas, como
corresponde a sus propios intereses. Hoy, la principal conexión de Cuba
con el tema terrorismo, es la mediación de La Habana en el conflicto
colombiano entre el gobierno y las FARC, aplaudida por toda la región.
Si Obama llega a la cumbre de Panamá sin haber concretado la
rectificación del desvarío de tener a Cuba en la lista, se perdería un
momento simbólico importante. EEUU puede discutir las diferencias sobre
derechos humanos y otros temas desde estándares regionales de soberanía
y derechos humanos que está dispuesto a exigir y respetar, no desde
acusaciones infundadas.

El tema de Venezuela como fuente de fricciones en la Cumbre

La oportunidad de darle un sello panamericano multilateral a la promesa
de Obama de normalizar las relaciones con Cuba no debe desperdiciarse de
cara a las incertidumbres de las elecciones estadounidenses de 2016.
Cuba puede mostrar un enfoque mesurado que asuma las responsabilidades
latinoamericanas, evitando la descalificación radical de EEUU como
instrumento de polarización, como están haciendo otros líderes de ALBA.
Una cosa es respaldar el interés venezolano en llevar a la agenda de la
cumbre la decisión estadounidense de calificar a Caracas como “amenaza”
y otra es secundar a Maduro para descarrilar un cónclave que Cuba debe
capitalizar para beneficio de su reforma y apertura.

La mayoría de los países del hemisferio condenan el bloqueo
estadounidense a Cuba y rechazan las sanciones unilaterales
estadounidenses pero consideran que los problemas de Venezuela tienen
que ver más con la ineficiencia de su propio gobierno que con presiones
externas. La crisis migratoria en la relación de América Latina con EEUU
es un tema muy dramático como para tergiversarlo –a la manera del
presidente Maduro– con ataques personales. (El presidente venezolano
acusó al presidente Obama de “arrancarle” siete mil niños a los padres
latinoamericanos para deportarlos. La situación es al revés, los padres
desesperados en la pobreza y la violencia latinoamericana están mandando
niños a EEUU con la esperanza de que se acojan a una amnistía).

En el tema Venezuela, Cuba y EEUU tienen importantes diferencias pero
también intereses comunes, que se extienden al resto del hemisferio. El
más importante de todos es evitar la inestabilidad política, de modo tal
que el conflicto no se desborde, complicando la situación regional y
global energética. La política hemisférica apropiada ante la
polarización política es respaldar los esfuerzos de los sectores
moderados en el gobierno y la oposición para encontrar soluciones dentro
del diálogo y la constitucionalidad. Ante la coyuntura crítica de las
elecciones parlamentarias de fin de año, el curso más apropiado es
garantizar elecciones libres y justas. Se necesita una observación
internacional robusta al proceso electoral integral (no solo el día de
los comicios), que incluya a UNASUR pero también a la OEA, el Centro
Carter y la Unión Europea.

América Latina necesita renegociar los términos de su relación con EEUU
en términos más equilibrados y abiertos a otras regiones del mundo. La
sabiduría está en lograrlo con responsabilidad, no en crear crisis ni
shows polarizadores. Cuba y EEUU, que están de vuelta de cinco décadas
de conflicto, pueden ayudar al continente a transitar a un nuevo
multilateralismo. El encuentro de los presidentes Obama y Castro en
Panamá ofrece el momento propicio, no solo para gestos simbólicos de
acercamiento entre Washington y La Habana, también para diálogos cara a
cara entre los presidentes, y sobre todo los cancilleres y expertos. La
conversación telefónica que los dos mandatarios sostuvieron antes del
anuncio del 17 de diciembre de 2014 demuestra que un diálogo civilizado
al más alto nivel es posible.

Profesor del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Nueva York
y co-autor del libro Raul Castro and the New Cuba: A Close-up View of
Change.

Source: ARTURO LÓPEZ-LEVY: Cuba y EEUU de cara a la VII Cumbre de las
Américas | El Nuevo Herald El Nuevo Herald –
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article17763911.html

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