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Toma chocolate y paga lo que debes 04-2015

Toma chocolate y paga lo que debes
ALBERTO MÉNDEZ CASTELLÓ | Puerto Padre | 7 Abr 2015 – 7:08 am.

El experimento de venta liberada de insumos, implementado en Isla de la
Juventud, ha descarrilado antes del primer año.

Lo pronosticamos en este diario y antes de transcurrir un año ya
ocurrió: “Porque todo lo que de algo sirve de eso que están vendiendo,
la gente lo compra en dos días y después no tienen con qué reponerlo y
se acaba el experimento”.

Así nos dijo un viejo agricultor, a propósito de la venta liberada de
insumos agrícolas con carácter experimental en Isla de la Juventud,
según lo publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria 26, del 22 de
mayo de 2014. El septuagenario se preguntó por qué no lo hicieron en
Bayamo o en Camagüey. Y se respondió: porque “no tienen con qué reponerlo”.

El experimento ya va descarrilado sin extender la venta liberada más
allá del litoral de Isla de Pinos. Acaba de reconocerlo hace unos días
el periódico Juventud Rebelde. Enmascarado el revés con un título que
suena a victoria —”Reconocen validez de experimento de venta liberada de
insumos agrícolas”— la nota expresa: “El experimento de venta liberada
de insumos agrícolas en Isla de la Juventud es una oportunidad que los
porcicultores locales aprovechan para incrementar sus rendimientos
productivos y eficiencia; sin embargo, todavía persisten dificultades”.

Según Juventud Rebelde, “tal contradicción se debe a un temporal
desabastecimiento de pienso, recurso de mayor demanda, a causa de
carencia de materias primas y demora de los suministradores para cumplir
lo pactado”. Dificultades entre las que figuran “la poca variedad de ese
alimento e insatisfacciones con la distribución y venta a productores”.

La Gaceta Oficial informó la venta de 36 tipos de piensos para ganado
vacuno, caballar, avícola, porcino, ovino; incluso, para conejos y
perros; del total de ese forraje concentrado, 11 formulaciones estarían
destinadas, específicamente, a los cerdos; sus precios, entre 2.315 CUP
para el de tipo único y 2.260 para el de ceba.

Pero afirma Juventud Rebelde que, en una reciente plenaria del ramo,
amén de las fallas antes citadas, “los principales planteamientos
apuntaron hacia un mejor reparto del pienso de acuerdo con los planes de
entrega, las zonas de mayor potencial productivo y la venta exclusiva a
las personas o entidades que se dediquen a la actividad porcina”.

Y si de venta liberada de insumos agrícolas trata la Gaceta Oficial
Extraordinaria no. 26, este reporte de Juventud Rebelde no huele a
libertad precisamente. Pero hay más.

“No es posible que se reparta la misma cantidad de pienso cuando la
producción no es igual”, dijo en esa plenaria el presidente de
cooperativa José Ramón Rives. Con voz que recuerda la del comisario
político de un koljoz siberiano, este agricultor pronunció una palabra
clave: reparto. Esto es, distribuir, asignar, dividir, dosificar…

Luego, en tanto a precios razonables, que posibilitan la venta y
adquisición de bienes, o existencia de productos con alta demanda, que
debían retroalimentar la oferta, como en este caso el pienso, no existe
tal venta liberada de insumos agrícolas en Isla de Pinos, si, cuando el
cliente va por mercancías, esta no existe, o si existe, “eslabón
fundamental es la cooperativa”, al decir de José Ángel Corría, director
de Porcino, en la isla del experimento.

“Quien pretenda criar cerdos para venderlos por su cuenta, sin convenios
con el Estado, que no se haga ilusiones con ningún pienso, ni de esos de
venta liberada en la Isla (de la Juventud) ni en ningún otro almacén
estatal, ¡pero ah, eso sí!, apenas usted tenga cualquier ganado en su
finca, allí estarán ellos (los del Gobierno) para que firme un plan de
entrega, ya sea de carne, de leche o de tarros”, me aseguró un campesino
sonriendo.

¿Cómo de cuernos?, pregunté.

“Mire, en este país todo es mentira; ellos (los funcionarios del
régimen) vienen y nos meten un cuento y nosotros (los campesinos) le
respondemos con otro cuento, y así vamos viviendo ellos y nosotros,
pegándonos los tarros”, dijo esta vez sin sonreír el joven montero.

“El tan llevado y traído tema de los subsidios estatales no tiene lugar
en este caso. Y si de producir más carne en libre juego de oferta y
demanda se trata, no hay razón para beneficiar a los cooperativistas y
discriminar a los productores independientes negándoles esos recursos si
las ventas de productos agropecuarios deficitarios fueran libres
ciertamente; pero usted lo sabe tanto como yo: aquí la producción va a
la par de conceptos políticos y no de postulados de economía”, afirmó un
profesional, adscrito a una entidad gubernamental solicitando anonimato.

La afirmación del economista tiene una base sólida: los insumos
agrícolas puestos en supuesta venta liberada en Isla de Pinos tienen un
origen netamente comercial. En el resuelvo undécimo de la resolución 226
del 16 de mayo de 2014, la ministra de Finanzas y Precios, Lina Pedraza
Rodríguez, expresa: “Los precios minoristas de los productos
agropecuarios no pueden requerir subsidios del Presupuesto del Estado,
ni provocar pérdidas a las empresas comercializadoras”.

Y pérdidas no pueden haber ocasionado tales ventas porque sabido es que
el régimen es rápido a la hora de cobrar, mientras que muy lento a la de
pagar. Valga solo un ejemplo: luego de muchos días de desabastecimiento,
pasadas las 10 am del pasado 19 de marzo, la carnicería Villa Azul de
Puerto Padre fue abastecida con dos toneladas de carne; la cola de
gentes, ansiosas por hacerse con algo de cerdo, poco importaba si de
pierna o de costillar, a 16 pesos la libra, ya estaba formada mucho
antes de llegar el camión; pero después de las 2 pm sobre el mostrador
no quedaba una migaja, mientras agachados en el piso, el carnicero
contaba un saco de billetes, unos 70.000 pesos cobrados a gente
necesitada en menos de cuatro horas.

Sin embargo, en la mismísima pasada legislatura de la Asamblea Nacional
del Poder Popular salió a relucir que el Estado debía miles de pesos a
los campesinos del municipio Perico, en Matanzas, nada menos que por
compras de maíz, precisamente, el grano base en la formulación de
piensos para la ceba de cerdos.

Ante la queja, el ministro de la Agricultura Gustavo Rodríguez Rollero
imputó el impago a “mala contratación”. Dijo que los campesinos de
Perico habían contratado 54.000 toneladas de maíz, pero que su cosecha
había sido de 140.000 toneladas.

Entonces en Cuba, un país importador de maíz, el Ministro de la
Agricultura no se frota las manos al ver las mazorcas (¿las vería?)
multiplicándose en los campos, ni dirigía acciones para matar dos
pájaros de un tiro: honrar con el pago oportuno tan estupenda cosecha y,
de paso, estimular a los agricultores para proseguir sembrando maíz y
así contar con más piensos; esto es, más carne, leche y más huevos en Cuba.

Esos alimentos no están a la vista del cubano de a pie y,si en el
experimento de Isla de la Juventud faltan piensos para el ganado
porcino, ¿cuánto faltará en el resto del país? Faltó a Juventud Rebelde
informar que no hay piensos porque Cuba carece de divisas para
importarlos y lo que todavía es peor: el monopolio de Estado que es
Cuba, carece de crédito en el campo cubano como para autoabastecerse.

Antes de pronosticar el desabastecimiento de concentrados que ahora
existe en el experimento de ventas liberadas de insumos agrícolas,
quizás aquel agricultor debió decir como nuestros abuelos: “Toma
chocolate y paga lo que debes”.

Source: Toma chocolate y paga lo que debes | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1428375339_13818.html

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