Cuban agriculture
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Esperando por el vaso de leche

Esperando por el vaso de leche
Casi una década después de que Raúl Castro reconociera públicamente las
deficiencias de la agricultura cubana, continuamos esperando los cambios
sábado, mayo 16, 2015 | Leonardo Calvo Cardenas

LA HABANA, Cuba -Un nuevo congreso de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP) se iniciará mañana 17 de mayo en Cuba,
cincuenta y cuatro años después de su fundación, para pasar revista a
los resultados orgánicos y económicos de sus miembros y buscar
soluciones a los enormes problemas que enfrenta hoy la producción y
distribución de alimentos.

Debo aclarar a los lectores foráneos que el nombre de esta organización
de la “sociedad civil” corporativa castrista, que agrupa a los únicos
propietarios privados permitidos por el sistema, no se debe a la talla
física de sus miembros sino a las dimensiones permitidas legalmente para
sus haciendas: hasta cinco caballerías (64 hectáreas).

Una nueva edición del programa de propaganda oficialista “La Mesa
redonda” presentó a dirigentes nacionales y locales de la ANAP que
dieron cuenta de sus logros, alcances y esfuerzos por aumentar el peso y
aporte de los campesinos privados, muy bien controlados por la
organización y las leyes vigentes.

Resulta importante señalar que los miembros de la ANAP ocupan alrededor
del 15 % de la superficie cultivable del país, luego de que el gobierno
cubano se convirtiera en supremo latifundista como resultado de las
masivas expropiaciones dimanadas de las dos leyes de reforma agraria de
mayo 1959 y octubre 1963.

Es bueno aclarar que la membresía de la organización se ha visto en
alguna medida incrementada por los beneficiados por los decretos de
arrendamiento que ha concedido a campesinos y ciudadanos, en condición
de usufructo. Son parte de las tierras que el monopolio estatal condenó
durante décadas al ocio improductivo, principal motivo del sempiterno
desabastecimiento de alimentos que deja siempre insatisfechas las
demandas de los ciudadanos, quienes ven caotizado su poder adquisitivo
por la carestía de los productos agropecuarios.

La Mesa Redonda nos presentó nuevamente la reafirmación de fidelidad
política al régimen de los convocados y una relatoría de los logros y
alcances que nunca se reflejan en la satisfacción de las necesidades
alimentarias del pueblo. Tanto en el programa televisivo como en el
congreso, nuevamente quedarán en el olvido y en el silencio la necesidad
de profundos cambios estructurales en el agro cubano, sin los cuales la
economía cubana no saldrá de su permanente crisis y estancamiento.

Durante cinco décadas el monopolio estatal de la tierra y las leyes
restrictivas que tanto limitan las potestades y capacidad de gestión de
los campesinos privados ha generado la disminución dramática de la
producción y las masas ganaderas, la depreciación de los suelos, el
colapso y desmontaje de la agro-industria azucarera, en fin la
descapitalización de la agricultura cubana y la consiguiente dependencia
de los suministros del exterior, convirtiendo a Cuba en uno de los
países con más baja tasa de seguridad alimentaria del planeta.

En nuestro país se da la absurda situación de que varios renglones de
alimentos que se consumen cotidianamente son comprados con efectivo en
los Estados Unidos. Sí, los alimentos vienen del país con el que estamos
dispuestos a enfrentarnos militarmente, además este comercio implica la
erogación de sumas multimillonarias que podrían ser dedicadas a
recapitalizar e impulsar la producción agropecuaria nacional.

Los 700 delegados al congreso de la ANAP representan a lo que ha sido la
única fuerza verdaderamente productiva de la agricultura cubana. Con
mucho esfuerzo y dedicación, sufriendo las consecuencias de la
ineficacia y el burocratismo del estado los pequeños campesinos han
mantenido la productividad y calidad de sus ofertas que se mueven a muy
altos precios puesto que el Estado como máximo poseedor de tierras ha
sido totalmente improductivo.

Esta realidad implica escasez y desabastecimiento, que se hace más grave
en algunas regiones del país como las provincias orientales por ejemplo.
Las familias cubanas deben gastar mucho más dinero del que poseen para
intentar alimentarse adecuadamente. Después de varios años las medidas
paliativas como el arrendamiento de tierras ociosas en nada han logrado
aliviar el cotidiano dolor de cabeza de los cubanos de a pie.

El congreso de la ANAP como siempre volverá a hacer control de daños,
con una más o menos extensa relatoría de carencias, ineficacias y
objetivos incumplidos, sin embargo difícilmente las autoridades cubanas
serán capaces de demostrar sensibilidad y valentía política para operar
las transformaciones que cumplan la demanda histórica de devolver la
tierra a los campesinos.

Los gobernantes cubanos, en su diseños de ampliación de las concesiones
a la inversión extranjera, ofrecen a intereses foráneos espacios en la
agricultura cubana, pero no se atreven a entregar las tierras ociosas en
propiedad a los cubanos que quieran trabajarlas. El aumento de la
producción y la productividad que esta medida generaría, tendría una
repercusión trascendental tanto desde el punto de vista macro económico
como en la vida cotidiana de los agobiados ciudadanos.

El incremento de las ofertas y la consiguiente disminución de los
precios tendrían un impacto invaluable en el aumento del poder
adquisitivo de la población, la revalorización del dinero y el trabajo,
en la disminución del desempleo y el reordenamiento de la fuerza de
trabajo, en la dinamización de otros espacios no estatales de gestión
económica, en el aumento de las exportaciones y en la reorientación de
los multimillonarios recursos que hoy se gastan en comprar alimentos en
el exterior.

Casi una década después de que el presidente Raúl Castro reconociera
públicamente los traumas y deficiencias de la agricultura cubana,
continuamos esperando los cambios conceptuales y estructurales, ah y el
vaso de leche que prometió en aquel discurso, porque para ellos es más
importante garantizar sus controles y dominios que salvar a Cuba del
desastre económico al que la han condenado.

Estamos convencidos de que si de las autoridades cubanas partiera la
iniciativa de cumplir esta demanda recogida incluso en la Constitución
del 1940 y en el alegato de defensa de Fidel Castro en 1953 conocido
como “La historia me absolverá”, no habría una sola voz dentro de las
filas “revolucionarias” que se opusiera, pero lamentablemente estamos
seguros que entre los bien escogidos delegados tampoco se levantará una
voz que demande esa transformación tan necesaria para el presente y
futuro de Cuba.

Source: Esperando por el vaso de leche | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad-destacados/esperando-por-el-vaso-de-leche-prometido/

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