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Cuál será el modelo económico a seguir por el régimen cubano?

¿Cuál será el modelo económico a seguir por el régimen cubano?
Está por ver cuál será la próxima jugada del neo castrismo después de
2018. Por ahora no han apostado al modelo chino o vietnamita.
Iván García Quintero
agosto 30, 2015

China y Vietnam son patrones palpables que la economía de mercado
funciona en naciones donde el control social y político es ejercido por
un partido comunista. En ambos países se restringen derechos políticos y
reprimen a los opositores.

En 1986, un año antes de que Mijaíl Gorbachov iniciara la Perestroika en
la otrora meca del comunismo mundial, el gobierno de Hanoi comenzó su
reforma económica llamada Doi Moi. China, en 1978, dos años después de
la muerte de Mao, Deng Xiaoping inició gradualmente una transformación
que sacudió las estructuras económicas del país.

Tanto en China como en Vietnam, se vulneran libertades esenciales de las
democracias occidentales. Pero la economía, bajo el control del régimen,
ha tenido crecimientos sin precedentes, reduciendo la pobreza y
aumentando el consumo.

La economía china es la segunda más grande del mundo. Pero los salarios
y niveles de vida no son comparables con las 25 naciones más prósperas y
estables del planeta. Desde luego se vive mejor que en la etapa de
hambruna y delirio ideológico de Mao, cuando su perturbada política del
Gran Salto Adelante. La lista de millonarios, aupados por el Estado y el
Ejército, crece todos los años. Hay tantos rascacielos como en Nueva
York. Internet, con algunos candados, llega a todos. Y los chinos hacen
colas para comprar bolsos Louis Vuitton o el último modelo de iPhone.

Pero sus libertades restringidas la condenan a perecer o transformarse
políticamente. Lo dijo Lincoln, no se puede engañar a un pueblo (o
maniatar) todo el tiempo.

Cuando el general Raúl Castro llegó al poder, elegido a dedo por su
hermano Fidel en el verano de 2006, guardaba en una gaveta de su
escritorio un estudio detallado de los modelos vietnamita y chino. Raúl
y un grupo de sus asesores militares vienen dirigiendo la economía en
Cuba desde mediados de los años 90. Después de la caída del Muro de
Berlín, sin dinero para sufragar las campañas en África o la subversión
en America Latina, las fuerzas armadas, auténtico ejército pretoriano
del régimen, comenzó a manejar negocios y fundar corporaciones y
sociedades anónimas.

Hoy controlan el 80% de los negocios de Cuba. Los principales asesores
económicos proceden de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). “Antes
de estudiar los modelos chino y vietnamita, estudiaron las estructuras
empresariales de Japón”, dice una periodista que conoció a personas que
en los 80 se empaparon a fondo del Know-How nipón. “Por esa época, en
las altas esferas fueron muy leídos los libros Made in Japan, de Akio
Morita, fundador de la Sony, y Iacocca: una autobiografía y Hablando
claro, de Lee Iacocca, uno de los empresarios más representativos de la
industria del autómovil en los Estados Unidos”, recuerda la periodista.

Desde 2006, Raúl y sus asesores militares, pudieron aplicar una economía
de mercado y descentralizar la economía. ¿Por qué no lo hicieron?
Estados Unidos era el problema. Cuando lanzaron sus reformas, tanto
China como Vietnam, contaron con el visto bueno de Washington.

El embargo estadounidense es una piedra en el zapato para una apertura
extensa. Es cierto que pueden negociar con el resto de los países del
planeta, pero las grandes empresas capitalistas no van a comerciar con
Cuba sabiendo de antemano que podrían perder al mayor y mejor mercado
del mundo.

¿Es el embargo culpable del naufragio económico en Cuba? Por supuesto
que no. El desastre tiene nombres y apellidos, Fidel y Raúl Castro Ruz.
La catástrofe es sistémica.

Los discursos antiimperialistas no producen valor agregado, ni elevan la
producción de alimentos o destraban la voluminosa burocracia estatal.
Las reformas en Cuba están atascadas por dos cosas: el temor del
gobierno a perder el control de los cambios y las estrafalarias
estructuras jurídicas e institucionales. Los Castro confunden democracia
con lealtad personal. Pero no son tontos. Raúl Castro, el chico menos
listo de su clase, sabe escuchar y sus asesores han diseccionado
cabalmente la inviable economía cubana.

Recuperarla es una tarea monumental. Habrá que comenzar desde los
cimientos. La reforma real en Cuba se va iniciar cuando Raúl Castro
traspase el poder en 2018.

Lo que viene aconteciendo tiene más de fuegos artificiales que de
relevancia practica. Las cosechas no aumentan o crecen poco. El vaso de
leche sigue sin aterrizar en la mesa de los cubanos. En 2014, 123
empresas del sector estatal tuvieron pérdidas por 829 millones de pesos.
El Estado gasta más de 2 mil millones de dólares para comprar alimentos:
la agricultura es un caos y miles de reses cada año se mueren de hambre.

La población cubana envejece. Los profesionales más calificados preparan
sus maletas y en la sociedad existe un bache notorio, con varias
generaciones que optan por emigrar para escapar del manicomio ideológico
del castrismo.

La primera fase de las cacareadas reformas fue abolir normas absurdas
que certificaban que Cuba era una autocracia anacrónica. Y se autorizó a
los ciudadanos alojarse en hoteles, acceder a la telefonía móvil, viajar
al extranjero, comprar o vender casas y adquirir automóviles. Se
liberalizaron algunos negocios y emprendimientos privados, una especie
de colchón para amortiguar al millón y medio de trabajadores que el
Estado planificaba dejar sin empleo.

Lastrados por la cuchilla fiscal y las normas gubernamentales, que no
permiten la acumulación de grandes capitales, el medio millón de
propietarios privados poco puede aportar al crecimiento económico.
Excepto las cooperativas autorizadas por el régimen, los emprendedores
particulares no pueden invertir, importar o acceder a créditos
extranjeros. La segunda fase de la reforma era clave. Negociar con
Estados Unidos un trato favorable que a corto plazo pueda permitir una
profusión de inversiones foráneas, preferentemente tecnología punta de
USA, es la guinda del pastel.

La tercera fase será cuando la añeja nomenclatura se aparte del poder.
Raúl Castro no se jubilará en 2018 por un repentino impulso democrático.
Es decisivo que el apellido Castro se vaya diluyendo en el panorama
político para apaciguar al exilio de Miami y a un sector del Congreso
estadounidense que no se traga las fintas de supuesta apertura.

Está por ver cuál será la próxima jugada del neo castrismo después de
2018. Por ahora no han apostado al modelo chino o vietnamita. Si algo ha
demostrado el régimen de Raúl Castro es ser creativo y audaz en política
exterior. Son varias las opciones: mantener el autoritarismo sutil, una
junta militar detrás del telón o, en último caso, una apertura
democrática. Cualquier escenario es posible.

Publicado en el Blog Desde La Habana el 28 de agosto del 2015.

Source: ¿Cuál será el modelo económico a seguir por el régimen cubano? –
http://www.martinoticias.com/content/cuba-modelo-chino-vietnamita-economia/103248.html

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