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Del Cordón de La Habana, Rosafé y las vacas enanas

Del Cordón de La Habana, Rosafé y las vacas enanas
Algunos planes de Fidel Castro parecían bromas pesadas, pero había que
saber cuándo estaba hablando en serio
jueves, agosto 13, 2015 | Paulino Alfonso

LA HABANA, Cuba – Casi todos los mega-proyectos de Fidel Castro, excepto
la heladería Coppelia, no rebasaron un quinquenio, ya que fueron
paralizados por unos pragmáticos interventores soviéticos, enviados por
Nikolai Baibakov después de la catástrofe de la zafra de los diez millones.

Me voy a referir a un proyecto que, contrario a los anteriores, no fue
tan costoso, ni en capital financiero ni humano aunque tampoco logró
resultados. Fue, sin duda, el más ridículo de todos.

Me refiero a dos eventos que, aunque acaecieron en épocas distintas –el
primero en los años 60, el otro en los 90–, se relacionan, toda vez que
ambos tuvieron un común responsable: Fidel Castro.

Durante la primavera de 1966, se acometió un plan agropecuario que fue
bautizado por Castro como Cordón de la Habana. Según aseguraba, este
proyecto abastecería la ciudad de La Habana de todas sus necesidades de
alimentos en no menos de cinco años.

Expresaba entonces Castro al recién inaugurado diario Granma: “De ser
exitosa esta experiencia, se aplicará en Santiago de Cuba”.

Con el “desarrollo pecuario” del Cordón de la Habana, Castro pretendía
en un término breve convertir a Cuba en uno de los mayores productores
de leche y carne del mundo. De más está decir que este plan se convirtió
en la joya de la corona castrista.

Sin recordar que en Cuba hasta 1959 había una res por habitante y la
leche era el más abundante y barato alimento del pueblo, Fidel Castro,
después de leerse el que era entonces su libro de cabecera, La mecánica
de los suelos del francés André Voisin, ordenó acometer este otro sueño.

De esa forma, en menos de 18 meses se construyeron seis centros de
inseminación artificial, uno por provincia. El costo aproximado por
unidad sin el equipamiento tecnológico, ascendió aproximadamente a un
millón de pesos, que por entonces podían ser equiparados en dólares.

Se adquirió en Canadá un semental llamado Rosafé Signet a un precio
aproximado de tres millones de dólares, que sería, al decir de Castro,
el padre de un nuevo tipo de ganado, el F1 (la F por Fidel).

El equipamiento tecnológico de casi todo este proyecto lo suministró la
firma sueca Alfa Laval, que aparte de los laboratorios incluía la
climatización en las salas de monta para no afectar la cópula de los
animales.

También se adquirió con esta misma firma el equipamiento para una
ordeñadera circular llamada Rotolactor.

Este proyecto se pagó en un 60% en especies (mariscos, carne de res y
níquel), a un costo total de 80 millones de dólares, según me relató en
los 80’, durante una guardia en nuestro CDR, un técnico en comercio
exterior que por entonces atendía ese contrato.

No obstante a aquellas quimeras, en el año 1972 el déficit de producción
lechera que acusaba Cuba provocó que los soviéticos obligaran a la
entonces República Democrática Alemana a entregar anualmente a la Isla
unas 100,000 toneladas de leche en polvo a cambio de un complemento
alimenticio animal derivado de las mieles de azúcar, llamado torula.

Por esa misma fecha, y en vista del diezmado rebaño existente en Cuba, y
de que los terneros F1 finalmente no aparecían, los soviéticos
decidieron crear además una flota pesquera para reponer el déficit
proteico del pueblo cubano con pescado.

A pesar de aquel esfuerzo, hasta hoy a los niños cubanos se les suspende
la leche a los siete años y la carne de res es un artículo suntuario,
lejos del alcance del pueblo.

Décadas después de aquel fiasco, vino el caso de las vacas enanas. Pero
este no fue un programa, a diferencia del Cordón de La Habana y el
proyecto de Rosafé; ocurrió en los años 90, en la parte más difícil del
ya sempiterno “Período Especial”.

Una noche, el Doctor Limonta, por entonces Director del Centro de
Biotecnología, fue llamado por Castro a su oficina para preguntarle por
qué no se podían criar vacas enanas, de forma tal que cada familia
tuviera asegurada la leche.

Al oír esto, Limonta pensó que era una broma y lanzó una carcajada, lo
que produjo una reacción terrible en Fidel Castro quien, archipámpano,
lo destituyó de todos sus cargos y lo envió como director del banco de
sangre de La Habana.

Teniendo en cuenta el caso del doctor Limonta fue que Abel Prieto se
asustó por una expresión en público de Castro, quien al ver la
preocupación de Prieto, le aclaró que era una broma. A esto, el entonces
ministro de Cultura, respondió: “Sí, comandante, pero con sus bromas hay
que tener mucho cuidado”.

Source: Del Cordón de La Habana, Rosafé y las vacas enanas | Cubanet –
https://www.cubanet.org/actualidad-destacados/del-cordon-de-la-habana-rosafe-y-las-vacas-enanas/

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