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En las montañas cubanas necesitan retener a su población

En las montañas cubanas necesitan retener a su población
Por Ivet González

LA PALMA, Cuba, 16 oct 2015 (IPS) – Los valles adornados con montañas
redondeadas, tupidos bosques madereros y riachuelos de este municipio
del occidente de Cuba parecen de lejos un paraíso. Pero muchos
habitantes los abandonan por los rigores de la vida en las tierras
elevadas del país.

A pesar de planes especiales, las esquivas mejoras de la economía
cubana, en crisis por 20 años, tardan más en escalar hasta los mogotes y
otras formaciones montañosas, que representan 21 por ciento del
territorio y 40 por ciento de las áreas boscosas de este archipiélago
dominado por las llanuras.

Hoy habitan 681.600 personas en las zonas elevadas de este país insular
caribeño, una reducción significativa con respecto a las 724.124
registrados en 2008, según la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e
Información.

Estas cifras comprenden asentamientos de difícil acceso atendidos por el
estatal Plan Turquino, creado en 1987 para los cuatro macizos
principales del país: Guaniguanico (occidente), Guamuhaya (centro),
Sierra Maestra y Nipe-Sagua-Baracoa (oriente) y el municipio llano
Ciénaga de Zapata, protegido por ser el mayor humedal del Caribe insular.

El programa lleva el nombre del punto más alto de la geografía cubana,
el oriental Pico Real del Turquino, con una altitud de 1.974 metros
sobre el nivel del mar, y busca asentar un desarrollo sostenible que
retenga las poblaciones de montaña, asentadas en 54 municipios de 10
provincias, con una extensión de 22.939 kilómetros cuadrados.

Pese a los logros en educación y salud, especialistas señalan que sigue
pendiente la sustentabilidad económica de estas regiones especialmente
vulnerables.

Observan que la depresión que se alarga desde 1991, se sufre más en esas
comunidades porque se paralizaron grandes obras del entonces incipiente
Plan Turquino, mientras se retrasan los programas sociales y hay menos
alternativas para afrontar la crisis de fondos.

“A algunos jóvenes les gusta vivir aquí, porque es más saludable, y a
otros menos. En todo el municipio hay muy poca recreación: solo funciona
un centro nocturno donde ponen música”, dijo a IPS la joven Mailén Pi,
de 21 años, vecina de La Palma.

Ubicado en el macizo de Guaniguanico, a 157 kilómetros al oeste de La
Habana, este municipio rural con 34.920 habitantes tiene una cabecera
homónima con escuelas de todos los niveles de enseñanza, hospitales,
centros de investigación y una red de servicios básicos como telefonía
fija y móvil, electricidad, agua y saneamiento.

“En este pueblo sucede también pero la emigración se da más en un lugar
conocido como La Sierra, adonde comenzaron a llevar hace poco el
servicio eléctrico. Eso trajo que muchas familias se fueran a otros
lugares para mejorar su calidad de vida”, contó la Pi, que estudia
medicina en la localidad.

“El éxodo en La Palma ocurre porque no está insertada en los canales de
turismo”, valoró el profesor Miguel Pérez, de 54 años. “Las personas
salen buscando conectarse con esas redes de comercio y por tanto de
mayores ingresos. Por eso deberíamos desarrollar aquí un proyecto de
ecoturismo”, propuso.

Los asentamientos de montaña carecen de niveles de desarrollo similares.
Hay pueblos bien provistos de servicios, como La Palma, mientras otros
pequeños se pierden en las serranías sin contar con carreteras, energía
eléctrica, redes hidráulicas y las señales de telefonía, radio y televisión.

Las dificultades económicas, en especial de transporte sistemático y
seguro, pueden limitar hasta el acceso gratuito a la salud y educación.
Estos dos servicios públicos son los símbolos positivos del gobierno
socialista, que asegura ofrecerlos de calidad a los 11,2 millones de
habitantes del país, incluso hasta en los lugares más intrincados.

Al mediodía, un mar de adolescentes uniformados de blanco y amarillo
descienden por la carretera del pueblo de Victorino, en la ruta que
lleva al pico de Turquino. Muchos se guarecen con paraguas y otros
caminan bajo la pertinaz lluvia de la Sierra Maestra, que cubre parte de
las provincias orientales de Granma y Santiago de Cuba.

“Todos no cabemos en el camión que pasa cuando se termina la escuela”,
dijo a IPS un adolescente delgado y de piel curtida, al igual que sus
condiscípulos. Desde edades tempranas caminan largas distancias cuesta
arriba y abajo por los trajines de la vida cotidiana.

“Hemos tenido a veces problemas de que faltan médicos y no siempre está
disponible la ambulancia para bajar al llano”, contó el agricultor
Nelson Aguilar, de 45 años. Siembra plátanos (bananos), yuca y boniato
(batata). Además, mantiene un vivero de posturas de cafeto en una finca
estatal asociada a una cooperativa, junto a su esposa Yuleynnis Arias,
de 34 años.

No obstante, evaluó que “las cosas han cambiado mucho en la sierra. Hoy
se estudia más que años atrás, hay cultura y atención médica”. Enumeró
que Victorino, de 1.437 habitantes, cuenta con varias escuelas, una
policlínica y un teléfono fijo. “Están haciendo una torre para telefonía
celular y mejorar la señal de televisión”, indicó.

Además, los aires de la reforma económica impulsada desde 2008 soplan
también en las montañas.

Con el auge del trabajo privado, “un camión hace algunos recorridos
desde Guisa (el municipio al que pertenece Victorino), y muchas personas
sacaron licencias para vender productos agropecuarios aquí, en Guisa o
Bayamo (capital provincial de Granma)”, reveló Aguilar.

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Pero el principal problema en la zona son las pocas alternativas de
ganar dinero extra y las crecientes brechas de inequidad, valoró.

“La agricultura exige mucho trabajo para cobrar algo”, detalló el
agricultor, que percibe el equivalente a 20 dólares mensuales. “Los
precios de la ropa y los zapatos están por las nubes, al igual que de
los materiales de la construcción”, apuntó sobre porqué predominan las
casas precarias, con muros de madera y techos ligeros.

“La juventud no piensa igual que nosotros. Le gusta la vida moderna que
ven por la televisión”, opinó su esposa. Ella duda que la hija de ambos,
de 13 años, se quede en la serranía.

El investigador Javier Pérez, de la oriental provincia de Guantánamo,
alerta que “el área abandonada en los ecosistemas montañosos sigue
incrementando su magnitud, y lo peor, sin que aparezca la fórmula para
repoblarlas”.

“Es una necesidad imperiosa para la seguridad alimentaria del pueblo
cubano”, acota en un artículo titulado “Las solitarias montañas
necesitan compañía”.

El científico detalla que “nadie quiere vivir alejado de la
civilización”. Conmina a destinar más recursos para modernizar estos
asentamientos rurales, encargados de producciones claves como el cacao,
madera, miel de abejas y café, las dos últimas exportables.

Como parte de cambios en la agricultura, las empresas estatales, a las
que los campesinos deben vender gran parte de sus producciones,
triplicaron en junio el precio de compra de todas las variedades de café
y pagan ahora la tonelada de miel a 745 dólares.

Editado por Estrella Gutiérrez

Source: En las montañas cubanas necesitan retener a su población | IPS
Agencia de Noticias –
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