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Los expropiados en la Cuba de hoy

Los expropiados en la Cuba de hoy
Les quitan los terrenos donde han trabajado hace décadas porque el
Estado “los vende”
miércoles, noviembre 11, 2015 | Gladys Linares

LA HABANA, Cuba – Antes de 1959, los anuncios de compra y venta de
solares aparecían en los clasificados de los periódicos de la época; y
sus precios, según lo leído, oscilaban entre cuatro y ocho pesos por
metro cuadrado, en dependencia de la zona donde estuvieran ubicados.
Pero a partir de 1959 la venta de terrenos fue prohibida.

Muchos habían comprado su terrenito con la idea de ir fabricando poco a
poco su casa, y otros, más previsores, pensaban en construir para
alquilar y así asegurar su vejez. Tal es el caso de Gerardo García, que
trabajaba como chofer de ómnibus en Lawton, Diez de Octubre. Con sus
ahorros compró un terreno en el reparto San Matías, municipio San Miguel
del Padrón, y allí fabricó una casa de dos cuartos que alquiló para, con
el dinero de la renta, hacer poco a poco su casa, sencilla, pero al
gusto de la familia.

Cuando ya tenía levantada la cocina comedor, un cuarto y el baño, se
instaló en ella para no seguir pagando alquiler y así tener más recursos
para terminar la vivienda. Pero lo sorprendió la ley de reforma urbana,
y su sueño se convirtió en pesadilla: perdió la casa que tenía en
alquiler, pues la nueva ley otorgaba a los inquilinos el derecho de
propiedad. Tampoco pudo terminar la suya, porque ahora comprar
materiales de construcción se había convertido en un delito.

Pero por desgracia estas personas no fueron las únicas que vieron su
esfuerzo perdido y sus sueños destrozados de la noche a la mañana.
Algunos han sido utilizados y luego desechados sin siquiera una mísera
indemnización por el esfuerzo de décadas.

Tal es el caso de Jorge García Fernández, un anciano de 82 años que
limpió un solar estatal y pasó 16 años cultivándolo. Cuenta que, al no
poder vender un terreno que tenía en San Miguel del Padrón, hizo
múltiples gestiones para cambiarlo por este, aledaño a su casa, en
Rodríguez Fuentes entre 12 y 13, en Lawton. En aquel entonces el
delegado de la Agricultura en el municipio Diez de Octubre le ofreció
entregárselo en usufructo, y aunque de momento no podía adjudicárselo,
pensó “del lobo un pelo”, y aceptó.

El solar en cuestión nadie lo quería. Era un basurero lleno de escombros
y animales muertos. “La peste, las ratas y los mosquitos hacían difícil
la vida en nuestra casa”, recuerda Jorge. “Lo primero que hice fue
cercarlo, y como necesitaba limpiarlo con urgencia, había días que
botaba hasta veinte sacos de escombros. A veces terminaba tan cansado
que no tenía fuerzas ni para bañarme o comer, y me tiraba en el piso
hasta el otro día”.

Hace unos días, al ver el terreno lleno de malas hierbas, le pregunté si
estaba enfermo, pues él siempre lo tenía bien cuidado. “Me lo quitaron”,
fue su respuesta. Entonces contó que hace algo más de seis meses se
presentó una pareja y le mostraron unos papeles de la adjudicación del
terreno (según ellos, pues no los leyó). Le dijeron que debía
presentarse en Planificación Física con el contrato que le dio
Agricultura. Una vez allí, la abogada le pidió el documento “para
estudiarlo”, con el pretexto de que estaba apurada y no podía atenderlo
ese día. Como él no sospechó nada, se lo dejó, pero desde entonces no la
ha visto más.

Según el anciano, la pareja de marras le cambió el candado. En los
primeros días trajeron una cantidad de madera, porque “necesitaban
fabricar con urgencia”. Pero luego se perdieron. “Solo vienen de vez en
cuando a llevarse los plátanos, las calabazas y todo lo que he sembrado.
Les dije que en este terreno no se puede construir, porque por aquí pasa
un riachuelo. Lo sé porque no es la primera vez que me lo quieren
quitar: en el 2002, después que ya lo tenía acondicionado, vinieron los
de las microbrigadas, pero ni bien hicieron el primer hueco, a un metro
de profundidad ya estaba lleno de agua”.

Otro tanto sucede en el terreno ubicado en Concepción entre 15 y 16,
donde hace unos años se derrumbó una casa. Al ver que estaba abandonado,
llenándose de escombros y basura, he indagado por el dueño con algunos
vecinos. Unos me dicen que murió, otros, que se fue del país, pero nadie
sabe con certeza. Un señor, que no me quiso dar su nombre, me dijo que
hace un tiempo él cerró el frente como pudo, pero hace varios meses
vinieron funcionarios de la Vivienda, quitaron el cercado, cortaron los
árboles frutales y midieron el terreno.

Primero comentaban que iban a hacer seis apartamentos. Después, que
cuatro, y por último, que dos. Pero se fueron y no han regresado. Como
quitaron la cerca, se volvió a formar el vertedero.

Supe por un empleado de Vivienda que estos planes eran ciertos, pero que
se comenta que como el terreno era pequeño el proyecto aprobado
finalmente fue una casa para la jefa de aseguramiento de la ECOA 66.
Pero como esta empresa se disolvió, “¿de dónde van a sacar los materiales?”.

Ocurre una situación parecida con el solar ubicado en Milagros y Acosta,
en Lawton, que hace más de 40 años atiende la familia que vive junto al
mismo. Uno de ellos refiere que a principios de los años cincuenta había
allí un anciano paralítico, y que luego la familia se lo llevó a vivir
con ellos. Pusieron en venta la casa pero no pudieron lograrlo, porque
en eso llegó la ley de reforma urbana. Al final, la vivienda se derrumbó
y el terreno, como de costumbre, se convirtió en un vertedero. Entonces
estos vecinos decidieron limpiarlo y cerrarlo, e intentar contactar con
alguno de los dueños a ver si podían comprárselo, pero nunca dieron con
ellos.

Allí sembraron mangos, cocoteros, cítricos, guanábana. Hicieron una
cisterna para aliviar sus problemas con el agua. Hace unos meses, el
“jefe de núcleo” familiar fue citado al Departamento de Planificación
Física de Mayía Rodríguez y Patrocinio, en La Víbora. La funcionaria que
lo atendió le dijo que debía dejar el terreno limpio, porque había tres
personas interesadas en comprarlo. Poco después fueron a medirlo.
Entonces, una de sus hermanas, casi ciega y madre de tres hijos, les
planteó su interés y derecho a comprarlo si los dueños lo quieren
vender. La respuesta fue que no podía ser ese, que en todo caso le
venderían otro. Esta absurda solución no le sirve, pues ella necesita
estar cerca de su familia.

Es que, además de la liberación de materiales de construcción y el
otorgamiento de créditos bancarios y subsidios, para resolver la escasez
de viviendas corresponde al gobierno cubano urbanizar solares yermos
para entregarlos a la población; en lugar de quitarles terrenos
cultivados a quienes durante años los han cuidado y mejorado con su
esfuerzo constante.

Source: Los expropiados en la Cuba de hoy | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/los-expropiados-de-hoy-en-cuba/

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