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El perpetuo innombrable

El perpetuo innombrable
Hubo una época en que tanto la homosexualidad era asunto de la Seguridad
del Estado
viernes, diciembre 4, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Llamamos a algunos escritores que viven en Cuba para
invitarlos a opinar sobre Reinaldo Arenas. Algunos nos esquivan con
pretextos para ocultar que temen; otros ni siquiera responden el
teléfono. Suponemos que a 25 años del suicidio (7 de diciembre de 1990)
y en un supuesto ambiente de aperturas, ya habría quien se atreviera a
mencionar su nombre y hablar de lo que pasó frente a una grabadora sin
primero asegurarse de que le han dado permiso para hacerlo, pero sobre
todo para conversar con nosotros, periodistas bajo sospecha por escribir
para un medio de prensa no oficialista, individuos marcados por la
policía política a causa de nuestras opiniones y, tal vez, por nuestra
“conducta impropia”.

Quizás deba usar formas verbales en tiempo presente para construir esta
frase: Hubo una época en que tanto la homosexualidad, así como escribir
o expresarse desde la autenticidad, eran asuntos de la Seguridad del
Estado. Ambas cosas integraban, y se pudiera decir que hasta
encabezaban, la lista de los peores crímenes “contra la revolución”.
Bajo esas causas fue reprimido, juzgado y expulsado de Cuba Reinaldo
Arenas. En virtud de esos “delitos”, la palabra, los deseos, el placer,
las individualidades, las diferencias fueron convertidas en propiedad
del gobierno y el país se transformó en una finca de pastoreo.

Esos tiempos y esos absurdos, tal como los describió el escritor cubano
en sus obras, para algunos han terminado o van terminando, sin embargo,
para otros, en la isla, la homosexualidad y el ejercicio de la libertad
de expresión siguen siendo objetos de lo que pudiera denominarse una
“Desconfianza de Estado”.

Un joven poeta y narrador, me argumentaba, en una conversación por el
chat de Facebook, su rechazo a hablar sobre Reinaldo Arenas: “Ya
bastante tuve con ser maricón y problemático en la universidad, así que
cuando dije en la facultad [de Letras] que haría mi tesis sobre Reinaldo
Arenas, todos se espantaron, es como si hubiera mencionado al
Innombrable. (…) La hice de a Pepe [a capricho] y porque fue sobre
Celestino [Celestino antes del alba, 1967], porque no me dejaron hacerla
sobre El color del Verano [1991] (…). Todavía no he podido publicar ni
un capítulo (…). Tengo un libro de cuentos que está por salir y no
quiero que la cosa se complique, tú sabes cómo es esto aquí, ya lo de la
tesis fue bastante desagradable”.

“Clandestinidades, precauciones, autocensura, han definido el ejercicio
de la literatura en Cuba en los últimos 50 años”, me escribe a mi correo
Yordanis Berrio, escritor holguinero actualmente residente en Alemania:
“¿El ambiente ha cambiado desde los tiempos de Reinaldo Arenas? Por
supuesto que sí, pero no ha dejado de ser opresivo y la literatura
necesita de libertad total, absoluta, no de libertades a medias, porque
entonces haces algo parecido a la literatura pero que no lo es. (…) Si
te sueltas mucho, enseguida te recogen las riendas y como solo dos o
tres pueden darse el lujo de publicar fuera de Cuba, la mayoría termina
obedeciendo la orden de silencio que está sobreentendida. ¿Por qué los
cineastas se sublevan y los escritores no? Porque si no les dejan hacer
cine en Cuba se van a otra parte a hacerlo pero si a un escritor
desconocido le cierran las puertas, se muere de hambre, y ese temor lo
paga sacrificando la autenticidad, el oficio mismo. En la literatura
cubana hay mucha contención, demasiadas imposturas; a Reinaldo no lo
querían y no lo quieren porque era incontenible, indomable, escandaloso,
espontáneo y nuestros dirigentes, para colmo, son homofóbicos y odian la
espontaneidad”.

“No son los mismos tiempos que los de Reinaldo Arenas, quizás el
ambiente no sea tan hostil, sin embargo, se sigue pensando bajo ese
mismo esquema basado en las posiciones políticas, en bandos de fieles e
infieles”, opina el escritor santiaguero Carlos Fournier: “De ese pasado
no se habla abiertamente, lo cual es indicio de que aún se pasean entre
nosotros los mismos fantasmas que marcaron la vida de muchos escritores,
y por tanto a la cultura misma. Algunos se suicidaron, otros decidieron
irse, otros fueron obligados a hacerlo, y hay un grupo que optó por el
silencio o por el olvido tal vez porque no tenían la fe en la escritura
que tuvo Reinaldo Arenas. (…) No creo en una reconciliación con el
pasado basada en el silencio, eso es derrota, cuando no complicidad u
oportunismo, mediocridad. (…) No se puede hablar de la obra de Reinaldo
Arenas como si fuera solo texto nacido de lo estéril, sin hacer alusión
a su tragedia personal y sin señalar a los que hicieron el daño, así que
habrá de pasar mucho tiempo para que se publiquen sus obras en Cuba”.

Pensar que Reinaldo Arenas fue la víctima de una época ya superada y que
ser gay hoy es menos censurable que ser disidente, según algunos,
evidencia una perspectiva distorsionada de lo que sucede en realidad.
Jorge Milán, actor y activista por los derechos de los homosexuales,
afirma que la represión contra los homosexuales no ha cesado sino que,
más bien, “ha evolucionado”:

“Pudiera decir “involucionado” pero no sé si la sofisticación tenga que
ver con el retroceso. Y de eso se trata, de hacer más sofisticado el
control, de hacerlo pasar por tolerancia, que es una palabra que a mí me
molesta muchísimo. (…) El paradigma sigue siendo el mismo de aquellos
años, con el Che como ejemplo de la más cruda homofobia (…). En los
tiempos de Reinaldo, que se puede decir que fue ayer mismo, te recogían
en la calle, como a un delincuente, y te encerraban en un calabozo o en
un campamento de la agricultura para convertirte en macho varón
masculino pero hace poco, porque son muy brutos, aprendieron que no se
puede controlar lo incontrolable, pero que sí se puede disfrazar de otra
cosa, y es lo que pasa con el movimiento [LGTBI] en Cuba, que parece
auténtico pero no lo es porque a la cabeza no está ninguno de nosotros
sino quien todos sabemos. (…) ¿Te imaginas que mañana pudiéramos marchar
con las fotos de tantos y tantos homosexuales que fueron perseguidos,
encarcelados, ultrajados, obligados a dejar la universidad, a irse de
Cuba, separados de sus familias, reclamando trasparencia,
reivindicaciones, disculpas? ¿Pensar en una organización independiente,
actuar y marchar como tal? Eso es imposible, todo se controla desde el
CENESEX, es decir, la moraleja, y el chiste, es que continuamos siendo
un problema de Salud Pública [el CENESEX, Centro Nacional de Educación
Sexual, dependencia del Ministerio de Salud, es dirigido por Mariela
Castro, hija de Raúl Castro]. Es que no pueden perder el control de
nada, y los gay somos disidentes por naturaleza, y peor que los
disidentes porque, según ellos, disentimos en cuerpo y alma”.

Expulsado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, prohibidas sus
obras hasta el día de hoy, perseguido y condenado como un bandido,
obligado a retractarse de sus ideas como en los tiempos de la
Inquisición, Reinaldo Arenas es venerado y odiado al mismo tiempo,
dentro y fuera de la isla, a causa de su autenticidad y su fe en la
literatura. Él mismo, como escribiera apenas unos meses antes de morir,
en Antes que anochezca, “era una especie de paradoja y, a la vez,
ejemplo de las circunstancias trágicas que han padecido todos los
escritores cubanos, a través de todos los tiempos; en la isla éramos
condenados al silencio, al ostracismo, a la censura y a la prisión; en
el exilio, al desprecio y al olvido por parte de los mismos exiliados”.

Source: El perpetuo innombrable | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/el-perpetuo-innombrable/

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