Cuban agriculture
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Hablan las cifras

Hablan las cifras
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 3 Dic 2015 – 2:37 pm.

En Cuba, los agricultores privados, individuales u organizados en
cooperativas, solo disponen del 23.4% de los 6.3 millones de hectáreas
tierras cultivables, mientras que el Estado es propietario del otro
76.6%, o sea, 4.8 millones de hectáreas, según datos de 2015 de la
Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

De ese 76.6%, a las empresas estatales de corte estalinista y las
empresas paraestatales llamadas Unidades Básicas de Producción
Cooperativa (UBPC), manejadas por el Gobierno —y que cuentan con las
mejores tierras y con recursos financieros—, les corresponde el 50% (3.2
millones de hectáreas), mientras el otro 26% lo constituyen tierras
arrendadas por el régimen a unos 172.000 usufructuarios.

Pues bien, de acuerdo con la ONEI, en el primer semestre de 2015 el país
produjo 5.7 millones de toneladas de viandas, hortalizas, arroz,
frijoles y frutas, de las cuales las empresas estatales y las UBPC solo
aportaron el 10%, o sea, 570.000 toneladas. El otro 90% fue producido
por los agricultores privados y los usufructuarios, con un área agrícola
total incluso algo menor (3.1 millones de hectáreas) .

¿Sorprendente? No si se tiene en cuenta que hace unos 2.360 años ya
Aristóteles, opuesto a su maestro Platón, se dio cuenta de que la
propiedad privada es superior a la colectiva porque la “diversidad de la
humanidad es más productiva” y porque “los bienes cuando son comunes
reciben menor cuidado que cuando son propios”. El soñador Platón
proponía abolir la propiedad privada para edificar una sociedad perfecta
basada en la propiedad colectiva o comunal.

En el siglo XIII, en plena Edad Media, el filósofo y clérigo Tomás de
Aquino ya aseguraba que “el individuo propietario es más responsable y
administra mejor”. Y medio milenio después uno de los fundadores de la
era moderna, el escoces Adam Smith, descubrió la mano invisible que
nadie había notado antes y que mueve al mundo. “Al buscar su propio
interés”, escribió Smith en La riqueza de las naciones (1776), “el
hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente
desea hacerlo”.

O sea, que por instinto natural todos los seres humanos buscamos un
claro beneficio personal, y a medida que lo logramos, automáticamente se
beneficia el resto de la sociedad. La riqueza material de una nación no
es más que la sumatoria de las riquezas creadas por los individuos.

Eso fue lo que le dijo el ex presidente español Felipe González a Fidel
Castro en La Habana a mediados de los años 80: “Fidel, siempre las
lechugas que yo cultive en mi patio van a ser mejores que las que
coseche el Estado”. El dictador le respondió que el Estado tiene más
posibilidades de emplear tecnología, dinero y otros recursos para
obtener una mayor productividad.

A fines de los años 50, un economista marxista dirigente del Partido
Socialista Popular (PSP), Oscar Pino Santos, denunció en un ensayo que
Cuba estaba importando nada menos que el 29% de los alimentos que
consumía y que eso era un crimen causado por la propiedad latifundista
y la “explotación del imperialismo norteamericano y la burguesía nacional”.

Hoy, socialismo mediante, el país importa el 80% de los alimentos
($2.000 millones anuales) y los casi infinitos latifundios estatales
producen menos que cuando el PSP hizo aquella denuncia.

En Cuba, según la ONEI, solo están cultivadas realmente 3.4 millones de
hectáreas. Es decir, el 54% del total de tierras no produce nada. En
2014, de 1.8 millones de hectáreas de tierra que poseen las grandes
empresas estatales centralizadas, solo estaban cultivadas 329.584
hectáreas. O sea, el 17.8% del total.

La Cuba ‘oprimida’ comía mejor

Sin embargo, la Cuba “expoliada” por la propiedad privada capitalista se
autoabastecía de carne de res (desde 1940), leche, frutas tropicales,
café y tabaco. Y era casi autosuficiente en pescados y mariscos, carne
de cerdo, de pollo, viandas, hortalizas, y huevos. Era el primer país
latinoamericano en consumo de pescado y el tercero en consumo de
calorías, con 2.682 diarias. Había una vaca por habitante. Y además el
país ocupaba el séptimo lugar mundial en salario agrícola promedio, con
$3 diarios, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En cuanto a la propiedad privada en general, y no solo en la
agricultura, de acuerdo con el Anuario Estadístico de la ONU en 1958
Cuba era el octavo país del mundo con mayor salario promedio en el
sector industrial, con $6.00 diarios, por encima de Gran Bretaña
($5.75), Alemania Occidental ($4.13) y Francia ($3.26). La lista la
encabezaban EE.UU ($16.80) y Canadá ($11.73).

Ese mismo año Cuba ocupó el segundo lugar latinoamericano en número de
automóviles, con 40 habitantes por vehículo, y registró la mayor
longitud de vías férreas en Latinoamérica, con un kilómetro de vía por
cada 8 kilómetros cuadrados. Y era líder en televisores, con 28
habitantes por receptor (tercer lugar en el mundo).

La isla “dominada por el imperialismo” tenía la más baja tasa de
inflación en Latinoamérica, con 1.4%, y era la tercera economía más
solvente de la región por sus reservas de oro y de divisas y por la
estabilidad del peso, a la par siempre con el dólar. Exportaba más
bienes que los que importaba y tenía superávit en su balanza comercial.
Era el país latinoamericano con menor mortalidad infantil y el que
dedicaba mayor porcentaje del gasto público a la educación, con el 23 %.
(Costa Rica, 20%; Argentina, 19.6%, y México el 14.7%). En 1953,
Francia, Gran Bretaña, Holanda y Finlandia, contaban proporcionalmente
con menos médicos y dentistas que Cuba.

Cuba era también en 1958 el país de América Latina con más salas de cine
(en proporción a la población), ostentaba el segundo puesto en cantidad
de periódicos, con 8 habitantes por ejemplar, luego de Uruguay (6), y
tenía el segundo lugar en teléfonos, con 28 habitantes por aparato.

En fin, aquella nación sometida a la “voraz” propiedad privada
capitalista era uno de los tres países de Latinoamérica con mayor
ingreso per cápita, con 374 dólares, el doble que en España ($180) y
casi igual al de Italia.

Pero en 1959 los hermanos Castro asaltaron el poder, hicieron lo que
proponía Platón y los resultados están a la vista. En el país que atraía
como imán a inmigrantes de todo el planeta —atrajo a 1.3 millones de
inmigrantes solo entre 1902 y 1930— ahora casi todos quieren emigrar,
como sea, porque “la situación está cada vez peor”.

Casi 57 años de dictadura marxista-leninista han convertido a Cuba en
uno de los tres países más pobres del hemisferio y el más atrasado
tecnológicamente, en el que además se carece de las más elementales
libertades humanas. Pese a las dramáticas evidencias, la corrupta cúpula
político-militar se dedica a “actualizar” el socialismo y se niega a
liberar la fuerza creadora de los cubanos.

El castrismo impide que actúe la mano invisible que edificó el mundo
moderno al amparo de una filosofía que resume un antiguo refrán español
de raíz campesina: “El ojo del amo engorda el caballo”.

Source: Hablan las cifras | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1449071306_18525.html

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