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Cuba y la crisis del tomate

Cuba y la crisis del tomate
12:53 18.01.2016(actualizada a las 12:56 18.01.2016)
Natasha Vázquez

Cuando en diciembre pasado, durante las sesiones de la Asamblea Nacional
de Cuba, algunos diputados y el propio presidente Raúl Castro
arremetieron contra los altos precios de los productos del agro, tal vez
no imaginaban que en enero la situación sería aún peor.

En un país que lleva más de medio siglo de crisis, donde el
desabastecimiento se ha convertido en una enfermedad crónica, no es
sorpresa que tras las fiestas de diciembre, a principios de año, brillen
los anaqueles vacíos. Así y todo, este 2016 consigue destacar
tristemente por su escasez y por sus altos precios.

Un vegetal asiduo en las mesas cubanas por estos meses, como el tomate
por ejemplo, se muestra esquivo con sus más de 25 pesos el kilo, que
suena a poco si se dice que equivale a un dólar, pero que alarma cuando
la cuenta se saca en base a un salario medio cubano, que es de unos 400
pesos.
Los motivos que se esgrimen para esta y otras ausencias son en primer
lugar climatológicos. Pero si bien el exceso de lluvias puede afectar
las cosechas, no es ni de lejos la única razón de una situación que se
repite con demasiada frecuencia, pero a la que no conseguimos
acostumbrarnos.

Con tanta tierra fértil y un clima en general benévolo con la
agricultura, no se entiende por qué eso no se traduce en mesas
abundantes. Quizá los especialistas puedan enumerar mejor las causas de
los bajos rendimientos en el campo, pero para muchos está claro que
entre ellas se encuentran la falta de incentivos y subsidios a la
producción, las trabas burocráticas, la doble moneda, los insuficientes
insumos agrícolas, y la casi inexistente tecnología moderna.

En esta situación puntual, algunos creen que la cruzada emprendida
contra los intermediarios tras la Asamblea ha traído como resultado el
efecto contrario, y los productos, lejos de bajar su precio, han visto
su incremento por la escasez.

“No podemos permitir que un país como este, que ha resistido más de
medio siglo a los embates de la potencia mayor del planeta, no pueda
enfrentarse a un grupo de pillos que cada día se está enriqueciendo
más”, decía Raúl Castro. No le faltaba razón, pues si bien los
mediadores entre el campo y el consumidor son un “mal necesario”,
algunos llegan a cuadriplicar los costes iniciales de los productos.

Mientras, el ministro de economía, Marino Murillo, se declaraba también
indignado por los altos precios. Se agradece esa preocupación de los
gobernantes, pero lo cierto es que los intermediarios no son los únicos
responsables de las muchas carencias en las mesas cubanas, como tampoco
lo es el bloqueo.
La libreta de racionamiento languidece cada día más y sus productos —los
únicos con precios acorde a los ingresos oficiales- apenas alcanzan para
unas pocas comidas al mes. Mientras tanto, los mercados en divisa se
convierten en la única alternativa que es a su vez inalcanzable para muchos.

Hasta allí llega también el desabastecimiento, cuando cíclicamente
debemos recorrer media ciudad buscando una botella de aceite, un jabón o
un paquete de detergente.

Source: Cuba y la crisis del tomate –
mundo.sputniknews.com/firmas/20160118/1055812984/cuba-crisis-tomate.html

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