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Guerra de precios en La Habana

Guerra de precios en La Habana
ZUNILDA MATA, La Habana | Enero 21, 2016

La imposición de precios topados en algunos mercados de La Habana ha
provocado reacciones contradictorias en la población. Aunque alivia el
bolsillo de los consumidores en medio de una escalada del costo de la
vida, la medida ha venido acompañada de una razia contra los
carretilleros que comercializan productos agrícolas en los barrios de la
capital.

Este martes, el mercado del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) en la
calle Tulipán, en el Nuevo Vedado, amaneció con un singular ajetreo.
Después de más de dos semanas con tarimas vacías y consumidores
preocupados, se pusieron a la venta una decena de productos a precios
topados.

La medida se esperaba tras el experimento comenzado a principios de este
mes en la provincia de Artemisa con la venta de productos agropecuarios
a “un valor máximo fijado” por el Consejo de la Administración Provincial.

En La Habana los precios topados no se han extendido aún a la mayoría de
los mercados gestionados por las granjas estatales o las cooperativas.
“Este mercado ha sido uno de los primeros en poner a prueba el
experimento”, comentó un vendedor del local administrado por oficiales
del EJT.

El joven, en cuya tarima estaban a la venta piñas, yucas y otros
productos, parecía compungido al tener que cobrar a una clienta 2,80 CUP
por una libra de guayaba. Esta misma cantidad de producto no habría
bajado de los 20 CUP a finales del pasado año. “Esto no puede durar
mucho, porque ocho guayabas por seis pesos no hay tierra que lo
mantenga”, se quejaba el empleado.

Un panorama muy diferente se desarrollaba en el céntrico mercado de
Egido, gestionado por vendedores e intermediarios privados. Desde el
comienzo de la semana la libra de frijoles colorados se mantiene a 16
CUP y la carne de cerdo no ha bajado de los 50 CUP desde hace meses. A
pesar de los altos precios, la calidad de la mercancía atraía a decenas
de compradores este martes.

“Vamos a ver cuánto aguantan ellos”, comenta Gerardo, un transportista
que se dedica a acarrear mercancía desde fincas particulares en Alquízar
hasta el conocido mercado. “Desde principios de año nos están haciendo
la vida un yogur en la carretera”, dice el hombre. Alude al
recrudecimiento de los controles policiales sobre todos los camiones
cargados de productos agrícolas que intenten entrar a la capital.

“Ahora tenemos que mostrar también el comprobante de que hemos comprado
el combustible legalmente”, se queja Gerardo, quien asegura que “con
esas decisiones lo que van a hacer es disparar los precios”.

A su lado, una compradora espantada por la malanga a 15 CUP la libra
amenazó con irse ” pa’l EJT” pero terminó comprando allí mismo. “Una
máquina hasta Boyeros y Tulipán me cuesta 10 CUP. Lo que me voy a
ahorrar en una cosa me lo voy a tener que gastar en otra”. “De todas
formas las calidades no son las mismas, aquí siempre es mejor porque el
ojo del amo engorda al caballo”, concluye.

La televisión ha acompañado la entrada en vigor de los precios topados
con reportes que señalan a los intermediarios como los principales
responsables de la subida que han experimentado los productos. En un
llamamiento recién publicado del Sindicato Nacional de Trabajadores
Agropecuarios y Forestales se abogó por la eliminación total de esta
figura con la convicción de que así se “contribuye en la disminución de
los precios”.

Los habaneros se hallan en medio de una sorda pelea de precios entre el
Estado y los vendedores privados en la que se ha erradicado casi por
completo de su paisaje urbano un elemento que ya se había vuelto común:
el carretillero. Estos improvisados timbiriches con ruedas acceden a
lugares distantes de mercados agrícolas y mantienen un suministro de
casa en casa.

Julia, una vecina de la calle Espada y San Lázaro, asegura que está
dispuesta a pagar “al que vea hoy un carretillero en la calle”. Con una
madre postrada en cama, comenta que no tiene “tiempo ni dinero para ir
lejos a comprar comida”.

Tato, carretillero que por años ha vendido en las cercanías del parque
de Infanta y San Lázaro, este martes estaba sentado en un muro sin su
legendaria carretilla. “Los inspectores lo mandaron a recoger todo, la
policía ya no nos deja vivir”, cuenta. Asegura que sus proveedores han
sufrido el decomiso de la mercancía en las carreteras de entrada a la
ciudad.

El anciano está convencido de que lo que está pasando ahora es por orden
de Raúl Castro. “Pero vamos a ver cuánto dura el chiste de los precios
topados”, dice.

Lo mismo decía con zalamería el joven empleado del EJT a una muchacha
que miraba las piñas sin decidirse: “Mi niña, compra ahora, que esto no
se sabe cuándo se termina. Este es el regalo del día de Reyes, pero
atrasado”.

Source: Guerra de precios en La Habana –
www.14ymedio.com/nacional/Guerra-precios-Habana_0_1929407050.html

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