Cuban agriculture
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No existen moralejas agropecuarias – lo que existe es el mercado

No existen moralejas agropecuarias: lo que existe es el mercado
[25-01-2016 15:20:17]
Elías Amor
Economista

(www.miscelaneasdecuba.net).- En numerosas ocasiones, ya he señalado que
entregar la tierra en usufructo no es la solución a los graves problemas
de la agricultura castrista. Esta medida de los llamados Lineamientos,
simplemente no podía salir bien. Y ya lo reconocen hasta las autoridades
del régimen. Un artículo en Granma titulado, “La moraleja agropecuaria;
subir niveles de producción y bajar precios” se hace eco de esta
cuestión al prestar atención a los debates y propuestas sobre el uso y
tenencia de la tierra en usufructo, en la reunión de trabajo presidida
el pasado sábado por Machado Ventura.
La realidad es que para que el fruto del trabajo agropecuario sea
efectivo, y que el esfuerzo se vea recompensado, se tienen que
establecer y reforzar instituciones jurídicas que garanticen el acceso a
la propiedad de la tierra. Pero no sólo de los títulos de las parcelas
objeto de entregas, sino que el sistema debe permitir e incentivar la
concentración por los privados de la tierra, a fin de alcanzar economías
de escala que permitan producir más y mejor, es decir, ser más
eficientes. Los arrendamientos de tierras, sus cortapisas, limitaciones
legales y ahora los mecanismos de control que se quieren establecer, no
son otra cosa que una “trampa” de la que van a salir muy mal parados
quiénes hace unos años confiaron, de forma inocente, en el potencial de
estas reformas.

Cierto es que el régimen castrista ha intentado fomentar la
incorporación de los nuevos agricultores privados a las distintas formas
de cooperativas y organizaciones que existen para controlar la tierra
(cooperativas, CCS, CPA y UBPC), pero no es de ésto de lo que estamos
hablando, sino de la libertad de elección y de la capacidad para crecer
y consolidar la riqueza generada en las explotaciones individuales por
medio de la asociación con otros privados similares, bien sea de forma
estable en el tiempo, o para proyectos concretos.

Unido a ello, es necesario que los mercados de suministro de insumos a
la agricultura se liberalicen y aumentan en diversidad y calidad sus
ofertas, acercándolas a los productores para que puedan optimizar su
trabajo productivo. Ello, por ejemplo, podría ir acompañado de una
generosa liberalización de oficios por cuenta propia en el ámbito de los
servicios prestados a la agricultura (tratamientos fitosanitarios,
podadores, constructores de infraestructuras de regadío, etc) que
contribuyan a que las rentas generadas en la actividad agropecuaria se
trasladen al resto de los sectores de la economía.

Y por supuesto, diseñar mecanismos de intermediación, que no existen,
entre los productores y los consumidores que superen las actuales
deficiencias heredadas de acopio. El intermediario privado, el canal de
comercialización que traslada las producciones a los mercados, es un
elemento fundamental para el éxito de las reformas productivas, y se
requiere más libertad y menos control para que estas figuras puedan
evolucionar, crecer y consolidar sus estructuras al servicio de la
sociedad. Es falsa la creencia del régimen que el intermediario quiere
crecer a costa del agricultor o del productor, minorando sus rentas. Se
demuestra fácilmente que cuando el agricultor en un extremo de la cadena
de valor y el intermediario en el medio, obtienen las más altas
ganancias, es cuando mejor funciona un sector productivo, y se observan
menos escaseces al mismo tiempo que es mayor la eficiencia.

En Cuba, la cantidad de tierras de uso agrícola asciende a 6.240.263,84
hectáreas. Desde que en el 2009 se aprobó el Decreto-Ley No. 259 sobre
la entrega de tierras ociosas en usufructo y después el No. 300 (que
entró en vigor en el 2012), 279 021 usufructuarios han accedido a esta
fórmula, con un total de 1.403.940 hectáreas, el 22% del total,menos de
la cuarta parte, un porcentaje inferior al que gestiona la titularidad
estatal, el 30,5% y las cooperativas, el 34,5% restante. Ahora a las
autoridades se les acumulan los problemas, porque si bien, la propiedad
estatal no admite, ideológicamente, de momento, soluciones efectivas
para mejorar su eficiencia, los pequeños agricultores tampoco están
dando los resultados buscados.

Los altos precios de los productos agrícolas preocupan a las autoridades
y han estado presentes en los debates de los usufructuarios.
Precisamente el problema se encuentra allí donde no lo quieren ver. En
la titularidad de la tierra, que sigue siendo, en su mayoría, “propiedad
de todo el pueblo representado por el Estado”. Si la oferta de tierra
que se pone en cultivo sigue estando bajo control estatal, poco se podrá
avanzar, teniendo en cuenta la experiencia de 57 años. No hace falta que
los municipios controlen los usufructos. Eso es un error. Buscar
incumplimientos e ilegalidades como anuncian las autoridades es ir en
contra de las fuerzas de la libertad y la eficiencia productiva.

Quienes mejor saben qué hacer con las tierras y de qué modo pueden
cumplir con los objetivos “sociales y productivos” son los agricultores
arrendatarios. No el estado planificador e intervencionista. Con más
orden y control, y actuando “sin contemplaciones”, lo único que van a
conseguir es cortar de raíz los brotes verdes de la actividad económica
en el campo cubano, si es que alguna vez han existido.

Los productos agrícolas no son elevados porque los intermediarios
quieran ganar más, por muy ilegales que sean. Lo primero que el régimen
tiene que estudiar es por qué aparecen esos intermediarios ilegales, que
seguro se encuentran justificados por una demanda social que desea
encontrar determinados bienes y productos y no los consigue en los
canales oficiales. La libertad de los intermediarios y la regulación
ordenada de su actividad es el mejor antídoto contra esos problemas de
eficiencia. Mejorar la comercialización, y suprimir la bochornosa
política de topar precios, forma parte de una agenda reformista que la
economía cubana necesita para superar su atraso y baja eficiencia. Pero
eso no se consigue por la vía de más control y vigilancia por parte del
estado, sino dejando a los empresarios libertad para producir y
comercializar sus productos sin injerencias e intervenciones.

El camino es la libertad. El regreso a aquella economía que existía
antes de 1959 en la que producción y comercialización daban plena
satisfacción a los mercados. Hay que olvidarse para siempre de Acopio.
Sus prácticas marginales han sido la peor herencia para la organización
productiva de la Isla. Cuanto más se regulen los precios y se pongan
topes a los mismos, menos alimentos llegarán a los mercados porque los
productores no se verán recompensados en sus esfuerzos. Es la lógica de
la ley de la demanda y la oferta que acabará por imponerse, porque no
existe otra.

Si el planificador castrista interviene topando los precios, lo único
que conseguirá es la insatisfacción de unos y otros. Los consumidores
que no podrán encontrar en los mercados los alimentos que necesitan. Los
productores porque no verán recompensado su esfuerzo. Es el mercado
quién debe decidir si un precio es alto, y entonces la demanda lo
rechaza, o barato, en cuyo caso, se pedirá más. A partir de este ajuste
de informaciones sobre precios, productores y demandantes se acercarán
al equilibrio en el que todos ganan, sin necesidad de la intervención
del estado. Aunque la ideología castrista se empeñe en lo contrario,
este es el modelo que existe en todos los países del mundo, y en Cuba,
tarde o temprano, también.

Y una última observación. El mercado no es local, ni provincial, ni se
debe interpretar de manera restrictiva. Experimentos existosos en
Artemisa o Mayabeque pueden no dar los mismos resultados en Camagüey o
Las Tunas. Las reformas se tienen que introducir para el conjunto de la
economía nacional para que la escala sea eficiente y facilite las
reformas administrativas y de gestión de los nuevos productores y
comercializadores puedan ir aparejadas para alcanzar el éxito de sus
funciones. No es posible dirigir una economía con las reglas autarquicas
del totalitarismo estalinista. Eso ya pasó de moda hace mucho años. La
agricultura cubana necesita libertad, mercado y derechos de propiedad.

Source: No existen moralejas agropecuarias: lo que existe es el mercado
– Misceláneas de Cuba –
www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/56a62f213a682e0d2487c876#.VqdhNyorLjY

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