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Otra moraleja – propiedad de la tierra y libre mercado

Otra moraleja: propiedad de la tierra y libre mercado
HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 27 Ene 2016 – 9:40 am.

Cuando en una misma reunión se hablan dos idiomas distintos, lo lógico
es lo que sucedió en la celebrada en Artemisa entre Jose Ramón Machado
Ventura, segundo secretario del Partido Comunista de Cuba y
vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y campesinos
beneficiados por los Decretos-Leyes 259 (ya derogado) y 300 (vigente).
No se entendieron.

Los campesinos se refirieron a los incumplimientos del Estado
representado por sus diferentes organismos, incumplimientos sin solución
a pesar de ser objeto de análisis en cuanto congreso, asamblea, fórum o
reunión se celebra en Cuba.

Incumplimientos en los pagos de los productos vendidos por los
campesinos, incumplimiento en la recogida de los productos cosechados,
compra de productos a los campesinos a precios de tercera categoría y su
posterior venta en el mercado a precios de primera, no entrega de
insumos necesarios, contratos leoninos que favorecen a las entidades
estatales, dificultades para obtener créditos o asegurar las cosechas,
imposición de cuáles productos debe cultivar el agricultor sin tomar en
cuenta las preferencias de los consumidores. Estos fueron planteamientos
escuchados de boca de los productores, los que no deciden precios desde
oficinas situadas en El Vedado.

Los requerimientos del representante del Partido Comunista y el Gobierno
cubano se fueron por la tangente. O no oyó Machado Ventura lo expresado
por los campesinos, o los intereses del Gobierno comunista se encuentran
bien distantes de los del pueblo trabajador.

El dirigente exhortó a trabajar más, amenazó con quitar las tierras
dadas en usufructo, reiterando que todas las tierras del país son
propiedad del Estado, habló de orden, control, exigencia y disciplina,
soslayó la responsabilidad del Gobierno cubano en que las desaparecidas
empresas de acopio fueran un desastre donde la corrupción y la
ineficiencia iban tomadas de la mano en perjuicio de productores y
consumidores.

Toda la responsabilidad de los altos precios y la escasez de productos,
el señor Machado Ventura la colocó sobre los hombros de los productores,
y de paso proscribió e invisibilizó a los comerciantes y transportistas
privados capaces de sacar los productos del campo, pagar en tiempo un
precio justo acordado con los campesinos y situar las viandas y
vegetales en los mercados.

Los altos precios y la escasa producción, como demuestran los últimos
acontecimientos, los provoca la intromisión del Estado en las
relaciones de mercado cuando no brinda seguridad de la tenencia de la
tierra a los agricultores, los obliga a sembrar arbitrariamente
determinados productos, fija una cuota de entrega a las entidades
estatales al precio establecido por el propio Estado y califica como
delincuentes a los que ganan dinero con su trabajo.

Los llevados y traídos intermediarios realizan una labor que el Estado,
con todos los recursos de que dispone, no ha podido garantizar en 57
años de economía estatal planificada. Eliminar a los transportistas y
comerciantes privados para sustituirlos con intermediarios
gubernamentales es una opción que, por más que se intente, no resulta;
la Empresa de Acopio, la Empresa de Frutas Selectas y todo el andamiaje
burocrático creado por los mismos líderes de siempre solo sirvieron como
entidades facilitadoras de la corrupción.

Está de más la insistencia en llamar usufructuarios a los tenedores de
tierras, ellos están conscientes de su condición, y es por eso
precisamente que son menos productivos. No es cuestión de tecnologías,
recursos o métodos de trabajo, mucho menos de lo que los comunistas
llaman conciencia, sino que son reglas universales que, si se olvidan,
más tarde o más temprano pasarán la factura.

Esto es mío, luego, me interesa, lo cuido y lo hago crecer… Esto otro
me produce placer, riquezas, bienestar para mí y mi familia, entonces,
esto es lo que quiero hacer… Quien piense así no es malo o egoísta, es
sencillamente humano desear obtener beneficios producto del trabajo
honrado. Los gobernantes, en cambio, se creen en el derecho de gobernar
equivocándose una y otra vez durante más de cinco décadas sin permitir
críticas a su gestión, mientras reciben salario y prebendas extraídos
del sudor de los trabajadores.

Las reuniones de los trabajadores con los dirigentes del Gobierno y
Partido no funcionan porque el mecanismo está invertido: los dirigentes
piden cuentas, exigen y amenazan, mientras los trabajadores tratan de
defenderse sin ser escuchados. Los que deben ser servidores se han
erigido en amos con derecho sobre la vida y hacienda de los ciudadanos.
En esta historia hay muchas moralejas.

Source: Otra moraleja: propiedad de la tierra y libre mercado | Diario
de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1453846164_19757.html

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