Cuban agriculture
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Siete medidas para una política de precios

Siete medidas para una política de precios
PEDRO CAMPOS, La Habana | Enero 11, 2016

Aun cuando cualquier economista lo sabe, la televisión dejó en
evidencia, en entrevistas guiadas por Thalía González, que topar los
precios de los productos agrícolas al por menor a la población es un
grave error que puede llevar al desastre total de la agricultura en Cuba.

Donde había productos no topados los precios habían aumentado, pero
había alimentos y variedad. Al mercado concentrado de El Trigal, en La
Habana, está llegando la tercera parte de los camiones. Los
transportistas temen que la policía les decomise la mercancía por el
camino y tienen miedo también de no poder venderla al llegar a la
capital, pues los vendedores están con la misma inseguridad.

La incertidumbre es madre de desastres. Y eso fue lo que lograron con la
amenaza en la Asamblea Nacional de topar los precios. Urge una
declaración de que no habrá topes.

Ya se ha evidenciado que el topado de estos productos es un disparate.
Pero la verdad es que el problema viene de otras causas que la Asamblea
no quiso, no supo o no pudo analizar.

En Cuba, los precios al por menor de todos los productos agrícolas,
industriales, de servicio, etcétera, están determinados no por la
voluntad de ningún productor o vendedor en particular, sino por las
relaciones generales establecidas en la producción y el mercado, en una
economía donde el Estado es el principal dueño de los medios de
producción que explota en forma asalariada, en la cual hay dos monedas y
el Estado paga en pesitos cubanos a sus asalariados y vende a la
población en CUC una buena cantidad de productos fundamentales cuya
venta monopoliza: desde la gasolina, el fueloil y demás derivados del
petróleo, hasta el aceite de comer, el pollo, la carne de res, el
detergente para lavar, la pasta de dientes, el puré de tomate, las
pastas, el papel sanitario, y otro muchos.

El precio de referencia en el mercado cubano lo pone el Estado en sus
establecimientos comerciales. No ver esto, no entender esto, no
aceptarlo, lleva a la conclusión de que los altos precios de los
productos agrícolas residen en los pillos intermediarios o en los
haraganes guajiros. Ahorita empiezan como en 1961-62, o como ahora en
Venezuela, a echarle la culpa a los “acaparadores”.

En varios artículos lo he explicado con bastante sencillez, pero cuando
lo más importante es mantener el control del Estado, su burocracia y sus
ganancias, a costa de una política populista descansada en los hombros
de los explotados que doblan el lomo, la responsabilidad se diluye y va
a parar a cualquier parte, menos a sus auténticos culpables.

Dos son las causas directas inmediatas: aparejado a los precios de
referencia estatales en los productos de primera necesidad, está el
hecho histórico de que el Estado se queda con parte de las cosechas de
los campesinos a precios irrisorios. El campesino vende al mercado libre
lo que le queda luego de entregar lo comprometido con el Estado, que
generalmente no es poca cosa, esto lo obliga a vender un poco más caro
los productos para el mercado de oferta y demando o libre, a fin de
tratar de compensar sus costos y gastos de producción.

Pero si hablamos de soluciones, habría, por lo menos, que abordar estas
políticas:

1-Acabar de resolver el problema de la doble moneda y bajar las cuotas
de ganancia mercantil del Estado en sus productos, actualmente de
alrededor del 140% en muchos artículos y en otros es mucho más – como en
los derivados del petróleo– y ponerles una ganancia promedio del 30%,
una cifra alta para los estándares internacionales, a fin de bajar los
precios de referencia del mercado.

2- Eliminar la apropiación del Estado de una parte de la producción
agrícola de los campesinos a precios irrisorios, o aumentar los precios
de acopio a un nivel que no obligue al campesino a vender más caros sus
productos al mercado libre. La solución real es eliminar esa apropiación
y liberar completamente el mercado de productos agrícolas.

3- Reducir el aparato burocrático del país y sus costos en, al menos, el
50%. El alto costo de la enorme y sofisticada burocracia es el que hace
que el Estado y sus monopolios mantengan esas altas tasas de ganancia
mercantil en los precios estatales que fijan el resto de los precios.

4- Acabar de establecer plenamente las relaciones monetario mercantiles
entre todas las empresas estatales y presupuestadas y de todo tipo, pero
a precios reales, no subsidiados ni paralelos al CUC, con una sola
moneda y acabar de organizar la plena autonomía financiera de todas las
empresas de producción y servicios de manera que las entidades estatales
que consuman productos agrícolas las compren directamente en los
mercados agrícolas al por mayor. Las entidades que necesariamente tengan
que funcionar a base de presupuestos nacionales o locales (hospitales,
escuelas, comedores de la burocracia y los centros de trabajo) deben ser
reducidas, hay que posibilitarles entradas alternativas al presupuesto y
deben ser dotadas con presupuestos adecuados en lugar de recibir esos
productos a precios subsidiados, pagados no por el Estado sino con el
sudor de los campesinos que reciben precios de acopio irrisorios para
esos productos que van a parar a lo que la burocracia llama de manera
populista el consumo social que hay que garantizar.

5-Convertir las empresas estatales y Unidades Básicas de Producción
Cooperativas (UBPC) en verdaderas empresas cooperativas independientes
del control estatal, de manera que los trabajadores asuman
responsablemente las tierras, medios y recursos de esas empresas
agrícolas, a fin de estimular la producción. No se trata de regalar nada
a los trabajadores, que ya bastante han sido explotados más de medio
siglo, sino de tasar la empresa y sus medios y establecer una deuda
pagable a financiar con un préstamo a honrar en varios años. Y entregar
las tierras en propiedad a los actuales “usufructuarios” de manera que
sientan plena responsabilidad por ella y estén estimulados a invertir y
producir.

6-Mejorar los ingresos de todos los trabajadores estatales, vinculando
sus entradas no al cumplimiento de los planes, sino a las ganancias de
las empresas, a fin de lograr estímulos reales a la producción y aumento
del poder adquisitivo de los trabajadores, que lleven a un
fortalecimiento del mercado interno con una demanda estable y solvente.

7-Eliminar todos los controles estatales e impuestos a las operaciones
que tengan que ver con la producción y venta de productos agrícolas,
préstamos nacionales o internacionales, venta de medios de producción,
etcétera, y reformar completamente el sistema de mercados agrícolas
actuales permitiendo directamente a los campesinos y transportistas
vender en las ciudades, hacer ferias en los parques y convertir los
Mercados Agrícolas Estatales (MAE) en cooperativas de venta.

Estas medidas se interrelacionan. Si no se bajan los precios del Estado,
ni hay propiedad responsable, inversiones, ingresos suficientes, demanda
estable y solvente, liberación de impuestos, permisos de importación,
moneda para comprar en el mercado internacional, no hay manera de
aumentar la producción y tener una economía solvente.

Podrían agregarse otras medidas encaminadas a que la producción sea
plenamente liberada de las amarras estatales, pero éstas serían
suficientes para dar un gran impulso a corto y mediano plazo a la
producción y venta de productos agrícolas. Algunas son golpes
demoledores al sistema burocrático centralizado de economía política que
tiene trancado al país. Pero mientras ese modelo no se cambie, con este
tipo de medidas y otras, no hay soluciones de fondo.

Source: Siete medidas para una política de precios –
www.14ymedio.com/opinion/medidas-politica-precios_0_1924007585.html

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