Cuban agriculture
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Agricultura – la inviabilidad, el tiempo y los intermediarios

Agricultura: la inviabilidad, el tiempo y los intermediarios
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 2 Feb 2016 – 9:11 am.

La agudización del desabastecimiento y los altos precios de los
productos del agro en el cruce del año 2015 al 2016 anuncian el colapso
del modelo económico cubano. Los discursos en la Asamblea Nacional del
Poder Popular (ANPP) el 29 de diciembre de 2015, semejaron un toque a
rebato; mientras la reunión del Segundo Secretario del Partido Comunista
con usufructuarios el sábado 23 de enero en Artemisa fue la primera
escaramuza, que por su desacierto pudiera ser la antesala del toque de
queda. El colapso deriva de un modelo estatista, de corte totalitario,
lo que se puede demostrar de forma sencilla solo retomando algunos
artículos que publiqué a partir del año 2001.

En el artículo “Nuevo aniversario, viejo problema”, publicado en junio
de 2001 en el Blog de Dimas expuse que, con las leyes de reforma agraria
de 1959 y 1963, el Estado concentró un volumen de tierras superior a la
de los latifundios que expropió. Luego, con las Cooperativas de
Producción Agropecuaria (CPA), creadas en 1977 con campesinos que
“voluntariamente” unieron sus tierras y medios de producción, la
propiedad estatal se elevó hasta el 75% de la tierra cultivable. Tal
concentración obstaculizó la diversificación de la propiedad, la
identificación, el arraigo y la cultura de pertenencia del campesinado,
lo que se tradujo en ineficiencia. Los pequeños agricultores, con el
otro 25% de la tierra, garantizaron el peso fundamental en el cultivo de
café, de tabaco, la mitad de las viandas, hortalizas y frutas y el 18%
de la caña. La estatización devino escasez y aumento de los precios,
agravado por los bajos salarios.

En “La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado”, de
agosto de 2007, me referí al discurso pronunciado por el general de
ejército Raúl Castro el 26 de julio de ese año en Camagüey, en el que
reconoció las “deficiencias, errores y actitudes burocráticas o
indolentes que se reflejan en los campos infectados de marabú” y planteó
“introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten
necesarios”.

La razón del agravamiento es sencilla. Cuando la economía en lugar de
regirse por sus propias leyes se subordina a la política y a la
ideología queda condenada al estancamiento y la involución, pues su
eficiencia es directamente proporcional al grado de autonomía respecto a
los intereses políticos o ideológicos. Cuando además, la crisis se
prolonga extremadamente en el tiempo, como ha ocurrido en Cuba, el
modelo se torna irreparable. ¿Por qué?, porque el interés de los
trabajadores depende en buena medida de la remuneración y de la
propiedad. Cuando esa relación se deteriora los desposeídos o impedidos
de ser propietarios y/o de recibir salarios en correspondencia con el
costo de la vida, prefieren subsistir a través de ilegalidades, engaños,
robos, mendicidad y apropiación de la “propiedad de todo el pueblo”, que
en definitiva no es de nadie, con el consiguiente perjuicio productivo y
deterioro espiritual.

En “¿Por qué Vietnam si y Cuba no?”, publicado en este mismo diario en
abril de 2012, se confirma lo antes dicho. Ese país, que entre 1930 y
1975 estuvo sometido a guerras, que en la última de ellas recibió tres
veces más bombas que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial,
cuyo 15% de la población pereció o resultó herida, en cuya zona sur se
destruyó el 60% de las 15.000 aldeas existentes y que, como colofón, al
concluir esa guerra tuvo que enfrentar el bloqueo y los ataques fronterizos.

Después que el sistema de economía planificada —como el cubano— sumió
al país en el hambre y la superinflación, en 1986 emprendieron el Doi
Moi: un programa basado en mecanismos de mercado, autonomía de los
productores, derecho de los nacionales a ser empresarios y entrega de
tierra a los campesinos. En ese mismo año, pero en dirección contraria,
las autoridades de Cuba optaron por la Rectificación de Errores y
Tendencias Negativas, un proyecto, dirigido a impedir la influencia de
la Perestroika iniciada en la Unión Soviética.

El Doi Moi elevó la iniciativa, el interés y la responsabilidad de los
agricultores, que producen alimentos para más de 76 millones de
habitantes y ocupan el segundo lugar mundial en exportación de arroz,
detrás de Tailandia; el segundo en café (que los cubanos le enseñaron a
cultivar), detrás de Brasil; y el primero en pimienta. Sin dedicar mucha
propaganda contra el imperialismo, por sus resultados económicos Estados
Unidos en 1993 dejó de oponerse a la concesión de créditos, en 1994
suspendió el embargo y en 1995 estableció relaciones diplomáticas.

En Cuba, ante el derrumbe del socialismo en Europa Oriental, el Gobierno
introdujo un pequeño grupo de medidas coyunturales en 1993 y tres años
después las paralizó para evitar la formación de una clase media. Hoy
nos debatimos en una profunda crisis cuya más evidente manifestación son
los altos precios y la escasez.

En “Tiempo complementario”, publicado en el Blog de Dimas, en octubre de
2007, escribí: “La historia la hacen los hombres, pero el tiempo acota
sus límites. De acuerdo a esa ley los hombres pueden acelerar o retardar
los procesos históricos, pero solo hasta cierto punto”. En este sentido,
demorar las soluciones estructurales, con independencia de lo que se
esgrima es pura retórica, la que se torna peligrosa cuando la esperanza
desaparece y el miedo cede terreno. Ante ese cuadro la alternativa es
cambiar o ser cambiado, pues el tiempo, terco e inexorable, se impondrá.

Cinco años después de iniciados los cambios, el 21 de diciembre de 2013,
en la ANPP Raúl Castro expresó: “Continuaremos avanzando con decisión en
la implementación de los acuerdos del Sexto Congreso, sin prisas, pero
sin pausas, repito, sin prisas, pero sin pausas”. Un planteamiento que
devenido eslogan gubernamental, se puede traducir como la decisión de no
cambiar nada que amenace el poder. La imposibilidad de avanzar y al
mismo tiempo conservar el poder ha comenzado a despejarse.

En la ANPP citada, ante el evidente empeoramiento manifestado entre
otras cosas en la escasez y los altos precios, el propio Raúl Castro
expresó más o menos lo siguiente: “Tenemos que hacer algo, hacerlo ya,
mañana mismo, aunque nos equivoquemos”. Sus palabras confirman el
vaticinio. El tiempo se impuso. Ahora, será más difícil, por no decir
imposible, hacer lo que no se hizo a tiempo. El Gobierno enfrenta una
contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la
conservación del modelo. En este sentido hay que reconocer el mérito de
los Lineamientos, no por los resultados, sino porque rompieron el
inmovilismo precedente. Ahora, en el nuevo escenario, con independencia
de la voluntad de sus promotores, los cambios iniciados se pueden
lentificar, pero no se pueden detener.

Fuera de tiempo, una vez más se comienza mal. En “Política, Estado,
Mercado y Sociedad Civil”, publicado en la revista Convivencia en
febrero de 2011, recordé que las sucesivas divisiones del trabajo
condicionaron la necesidad del intercambio que generó el mercado: esa
forma de relación social donde las personas con dinero, productos y
servicios se encuentran para intercambiar. Efecto de la producción, el
mercado activa el consumo y origina nuevas demandas. De tal forma, la
libre concurrencia de productores y consumidores, mediada por los
comerciantes, constituye un factor imprescindible del desarrollo. Cuando
el Estado suprime esa libertad, elimina o disminuye el interés de las
personas por el resultado, repercute en la cantidad, calidad y
diversidad de la producción, hasta conducir a la caricatura que son hoy
nuestros mercados y a la situación explosiva que se está generando.

Se vuelve a comenzar mal, porque en vez de atacar las verdaderas causas
de los fracasos se busca un chivo expiatorio para desviar el creciente
descontento, lo que explica la arremetida contra los intermediarios. La
esencia oculta detrás de ese resultado negativo es que la economía
prisionera de la política se desnaturaliza, involuciona y deviene factor
de pobreza material y espiritual; un resultado en el que la estructura
de la propiedad, el monto de los salarios y el interés de los
productores desempeñan un papel decisivo.

Sencillamente el modelo es inviable y el tiempo de prueba se agotó. A
pesar de ello Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero ello
es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

Source: Agricultura: la inviabilidad, el tiempo y los intermediarios |
Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1454356777_19905.html

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