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Argumentos para no invertir en Cuba ahora

Argumentos para no invertir en Cuba ahora
ELÍAS AMOR | Valencia | 28 Abr 2016 – 9:03 am.

El embajador de Cuba en España, Eugenio Martínez, ya comenzó la ronda de
contactos con empresarios y organizaciones empresariales españoles para
animarlos a invertir en la Isla. Nada nuevo. Este tipo de road movie
forma parte de la agenda de la diplomacia internacional y lo extraño es
que, hasta ahora, no lo hayan hecho. Les deseo los mayores éxitos. Pero
creo que el argumentario elegido simplemente deja mucho que desear y
carece de credibilidad.

Por ejemplo, ¿cómo es posible que se incentive a las empresas a invertir
en la industria energética y de la construcción de Cuba, señalando que
son sectores en los que existen “grandes oportunidades” además, “en el
contexto actual”?

Cualquiera que visite la Isla se da cuenta de que esta afirmación está
llena de trampas. La actividad constructora en Cuba se encuentra en
manos de empresas estatales que agonizan ante la falta de materiales,
proyectos e ideas. Las unidades familiares cubanas solo pueden tener,
como máximo, dos viviendas según la legislación. Una para residir
habitualmente, la otra, de manera excepcional, para disfrutar en zonas
de vacaciones. Los inversores extranjeros solo pueden comprar una
vivienda para residir en el país y otra, en su caso, para la sede de su
empresa. Esa limitación del mercado plantea no pocas dudas a la
viabilidad del sector.

No se permite acumular viviendas, ni tampoco riqueza. El negocio de
alquiler de viviendas está prohibido. La mayor parte de las viviendas
que se construyen en el país se acometen por medio del llamado “esfuerzo
propio”, que apenas sirve para apuntalar el patrimonio existente. A todo
ello se tiene que añadir la confusión existente con el marco de los
derechos de propiedad tras las confiscaciones de la llamada revolución,
lo que deja en suspenso, en muchos casos, la ocupación de viviendas que,
en su momento, podrán y deberán ser reclamadas y devueltas a sus
legítimos propietarios.

La confusión existente en relación con la vivienda alcanza tales
dimensiones que nadie sabe muy bien cómo andar en ese complejo mundo en
que profesiones como los notarios tratan de hacer su trabajo de
reconstrucción del patrimonio inmueble tras décadas de marginación y
olvido. Y todo ello, sin instituciones crediticias hipotecarias o acceso
a los seguros, entre otras.

En tales condiciones, anunciar a “bombo y platillo” en los actos de Pro
Cuba, la agencia cubana para la promoción de la inversión exterior en la
Isla, las oportunidades de inversión en construcción, supone ocultar la
situación real de un sector que se caracteriza además, porque la
participación de la formación bruta de capital fijo en el PIB, apenas de
un 7%, es de las más bajas del mundo, y además, apenas muestra
indicadores de mejora. Martínez tiene razón cuando reconoce que la
economía cubana “no genera recursos suficientes” para desarrollar la
construcción por sí misma, pero de ahí inferir que la solución puede
venir de la inversión extranjera es muy aventurado.

La solución, si existe actualmente, depende de un cambio integral en el
sistema jurídico e institucional que regula los derechos de propiedaden
Cuba. Y eso, después del cónclave comunista, no parece que se vaya a
producir. El inversor extranjero que ponga su dinero en este sector en
la Isla, siguiendo las indicaciones de los funcionarios cubanos, puede
salir muy mal parado. Por ello, no estoy de acuerdo que las empresas
españolas se puedan quedar atrás a la hora de invertir en la
construcción en Cuba. Sin duda, habrá mucho tiempo y oportunidades para
hacerlo en el futuro en situaciones menos confusas que las actuales.

La otra actividad para la que Pro Cuba despliega su road movie es lo que
califican de “deficiente matriz energética” de Cuba, especialmente en el
ámbito de las energías renovables, por cuanto el 95% de la energía que
se genera en la Isla procede de hidrocarburos, la más contaminante. Lo
que no dicen es que precisamente se potencia esa industria contaminante
gracias al petróleo procedente de Venezuela, que es una de las
principales partidas de reexportación de la economía castrista desde los
tiempos del petróleo ruso. Aunque quieran prepararse para una parálisis
en los suministros casi gratuitos de Venezuela, simplemente no llegan a
tiempo con las renovables. Y la parálisis energética del país está
servida. Mucho cuidado con este sector.

Hablan también del papel de la inversión extranjera española en el
sector agroalimentario cubano, otro sector que languidece tras el cierre
del sector del azúcar decretado por Fidel Castro a partir de 2002, y la
baja productividad de una agricultura de bajo nivel tecnológico,
dominada por el sector estatal y sus derivados, cuya contribución al PIB
es de solo un 3,7% y que precisa cada año importar alimentos para
atender las necesidades de la población. Otro sector cuando menos
complejo y arriesgado.

Los responsables de Pro Cuba han vuelto a sugerir la inversión en la
industria del alojamiento, y es verdad que el turismo extranjero crece a
tasas superiores desde la reunión Obama-Castro: alrededor del 15% al
año, tasas nunca vistas antes. Pero también es cierto que las tasas de
ocupación de la oferta hotelera existente siguen por debajo de las
expectativas y por ello, la planta hotelera sobre todo en las categorías
más elevadas, lleva estancada unos dos o tres años. Invertir en este
sector podría ser interesante si el régimen permitiera la
diversificación y sobre todo, que los ciudadanos cubanos que regentan
paladares, por ejemplo, pudieran recibir inversión extranjera. Ello, sin
embargo, sigue sin ser autorizado.

En cuanto a las variables que se utilizan para atraer al inversor, como
es la “seguridad” en la Isla, sin duda uno de los países más seguros de
Latinoamérica, es cierto, pero pagando el alto precio de la represión,
la falta de libertades y de pluralismo político y el calificativo de
“subversión” a cualquier actividad que no se someta a la dirección
ideológica comunista. Una seguridad cuando menos controvertida. Por otro
lado, es cierto que los indicadores de desarrollo social alcanzados por
Cuba son muy altos en los informes de la ONU, pero el contraste que
produce la experiencia de la realidades otro signo que se debe cuidar a
la hora de “vender” a los inversores extranjeros oportunidades en la Isla.

Se tiene que reconocer que el embajador Martínez ha sido muy claro en
cuanto a los planteamientos totalitarios que el régimen lanza a la
inversión extranjera, y que se concretan en que el empresario que vaya a
invertir en Cuba está avisado de antemano. La prioridad del régimen es
“dar paso a un modelo de crecimiento sostenido que combine la
planificación y la diversificación del mercado”, con la participación de
empresas mixtas de propiedad estatal y cooperativa o privada. Quién no
se atenga a esto, mejor no arriesgue. Desde 1959 muchos descendientes de
españoles continúan esperando las devoluciones de sus derechos
confiscados y aunque es cierto que ha llovido mucho desde entonces, esa
relación “singular” y “extraordinaria” que posee España con la Isla, que
ha llevado a más de 200 empresas españolas a operar en la Isla, puede
acabar mal porque el régimen y los dirigentes que provocaron aquellas
decisiones siguen siendo los mismos que ostentan el poder.

La historia siempre tiene un espacio reservado para quienes no cometen
errores y son tratados injustamente. Desde los tiempos de Franco, y al
poco tiempo de la expulsión del embajador Lojendio de Cuba, la España
franquista colaboró en la puesta en marcha de una serie de medidas para
flexibilizar el embargo, el bloqueo y todo lo demás. Las exportaciones
siempre alcanzaron crecimientos de dos dígitos y las condonaciones de
deuda obtenidas por el régimen cubano han sido muy destacadas, lo que ha
facilitado el desarrollo de las comunicaciones postales, los servicios
financieros, la exportación de productos comerciales y las
telecomunicaciones. Eso ya es estar en Cuba, ¿no?

Este artículo apareció en el blog Cubaeconomía. Se reproduce con
autorización del autor.

Source: Argumentos para no invertir en Cuba ahora | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1461759702_21974.html

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