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Suelos envenenados, otro ‘producto agrícola’ cubano

Suelos envenenados, otro ‘producto agrícola’ cubano
Los métodos utilizados por el país son sostenibles… supuestamente
lunes, abril 11, 2016 | Osniel Carmona Breijo | 0 Comentarios

LA HABANA, Cuba.- La utilización indiscriminada de los llamados
“paquetes tecnológicos” en la agricultura cubana con el fin de proteger
los cultivos e incrementar sus rendimientos, constituye el factor
principal en la contaminación y progresiva destrucción de los
agroecosistemas,

Ismael Ramos Argüelles, Ingeniero Agrónomo y ex docente universitario en
la especialidad, afirma que ante las constantes crisis por desabasto de
alimentos agrícolas, el gobierno cubano apuesta por hacer crecer las
producciones, “acelerando los procesos de cultivo por medio de
tecnologías tradicionales que se basan en la aplicación de pesadas
fórmulas de compuestos agroquímicos”.

Destacó Ramos que, de la gama de productos químicos que el Estado aplica
a los cultivos y también comercializa al sector campesino, varios se
encuentran contraindicados desde hace más de una década por la comunidad
científica internacional, por el efecto nocivo que producen en los
ecosistemas y la salud humana.

“Se siguen comprando porque son más baratos, pero el Ministerio de la
Agricultura sabe cuáles son las consecuencias. Puedo mencionar al
Theodán, Carbofurán, Bromuro de Metilo, Metil Parathión y Metil
Malathión”, señaló.

El método, amplió, lo introdujo en el país la extinta URSS durante la
década de los 70, en el periodo conocido por ‘revolución verde’. Tuvo
trascendencia por su efectividad para multiplicar las producciones y
combatir a corto plazo la hambruna, pero pasó a desuso por una serie de
aspectos perjudiciales que comenzaron a aparecer. “Aun así, continúa
siendo el primer tratamiento tecnológico de la agricultura nacional”,
explica el especialista.

Por la alta exposición a pesticidas, plaguicidas y abonos industriales,
comenta que los agroecosistemas o “ecosistemas agrícolas” en Cuba sufren
“sensibles modificaciones bióticas y abióticas, incidiendo negativamente
en los procesos ecológicos y en la dinámica de las poblaciones
alrededor, así como en los flujos de materia y energía”.

Según otro Ingeniero Agrónomo que pidió resguardar su identidad por
encontrarse ligado como directivo en una empresa provincial de cultivos
varios, cerca del 75 por ciento de los suelos en la isla se encuentran
erosionados “debido a las altas concentraciones de sólidos solubles
(sales formadas entre otros por cloruro de sodio, de potasio, sulfatos y
nitratos) vertidos en fumigaciones, desapareciendo gradualmente los
macro elementos (nitrógeno, fósforo, calcio, magnesio y potasio) que
posibilitan de manera natural el desarrollo vegetal”.

Un indicador directo de las afectaciones, dijo, es la pérdida de
biodiversidad. Algunos organismos vivos importantes en los
agroecosistemas, como la lombriz de tierra y un amplio universo de
mariposas, casi desaparecieron de los suelos en cultivo.

El ingeniero argumentó que los químicos matan los controladores
biológicos ocasionando “plagamientos” en las cosechas.

“Poco a poco las plagas se van haciendo insecto-resistentes, hecho que
junto al desconocimiento de las tecnologías agroecológicas, ocasiona que
se utilicen por necesidad cada vez más y nuevos agroquímicos para
eliminar las plagas resistentes”, resaltó.

Fallan las instituciones

Aproximadamente el 70 por ciento de los suelos cultivables son atendidos
por pequeños agricultores, en virtud de propietarios, usufructuarios y a
través de las cooperativas, de acuerdo a cifras oficiales.

Ambos especialistas coinciden que de manera general los campesinos no
tienen conocimiento sobre los niveles de toxicidad que pueden tener los
productos químicos que se usan para apoyar las cosechas, por lo tanto no
tienen percepción del grado de exposición y daños que reciben los
suelos, las producciones y la salud humana.

Indistintamente, informaron que las delegaciones del Ministerio de la
Agricultura en las provincias deben tener un departamento de
extensionismo agrario para educar a los pequeños agricultores sobre el
uso de los químicos, mostrando las metodologías establecidas e
instruyendo sobre la necesidad y ventajas de utilizar tecnologías
agroecológicas.

No obstante, en ningún territorio funciona uno de estos departamentos,
indicó Santiago Moya, Ingeniero Agrónomo que labora como fitosanitario
en una granja estatal de cultivos del municipio San José de las Lajas,
provincia Mayabeque.

“El clima trastornó las condiciones para cosechar en cada estación y los
campesinos buscaron asegurar los cultivos fumigando intensivamente con
productos que ni siquiera eran necesarios. Los suelos y las producciones
fueron envenenadas por ignorancia”, alegó Moya.

En cuanto a los alimentos, confirmó que la mayoría, en especial los de
la cosecha de invierno, reciben un tratamiento agroquímico excesivo por
lo que retienen importantes contenidos tóxicos, sobre todo los que se
ingieren en hojas y masa.

De acuerdo con Moya, el Ministerio de la Agricultura establece como
norma que de cinco a siete días antes de cosechar se debe dejar de
aplicar productos químicos para que los alimentos lleguen lo más
saludable posible a los consumidores, pero no se implementan mecanismos
que controlen el cumplimiento de esta disposición o el uso de los
agroquímicos.

Tampoco existe, puntualizó, un organismo que controle los niveles de
toxicidad o clasifique los alimentos de acuerdo a los indicadores de
toxicidad antes de recalar en los mercados.

“La col es el producto de la tierra más tóxico en Cuba, dado que es un
alimento que atrae numerosas plagas y por lo tanto recibe un tratamiento
de químicos superior”, dijo.

“Los campesinos, algunos se acercan y preguntan; pero otros la
‘bombardean’ por encima de lo que técnicamente se requiere”, ilustró.

Por su parte Carlos Vitaluña, pequeño agricultor con más de veinte años
de experiencia en Mayabeque, describió que por causa de las inusuales
lluvias de noviembre y diciembre pasado, blindó su cosecha de col
aplicando de manera diaria una fórmula de pesticidas y plaguicidas que
además, incluyó Redomil, Zineb y Theodán.

Según señala Moya “son tres productos que no sirven para la col, se
aplicaron innecesariamente porque no controlan del todo los plagamientos
que atacan este alimento. Era preciso revisar el cultivo para entonces
seleccionar un tratamiento específico. Quizás con un solo agroquímico,
el indicado, hubiera bastado”.

Todos los testimonios constrastan con la imagen de agricultura
sostenible que vende el gobierno cubano hacia el exterior. Como tantas
otras cosas, en Cuba la ‘agroecología’ parece haberse quedado en las
buenas intenciones.

Source: Suelos envenenados, otro ‘producto agrícola’ cubano | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/suelos-envenenados-otro-producto-agricola-cubano/

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