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Comercialización agrícola – nueva táctica y vieja estrategia

Comercialización agrícola: nueva táctica y vieja estrategia
ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 9 Mayo 2016 – 8:40 am.

Los gobernantes cubanos acusan al presidente de Estados Unidos, Barack
Obama, de implementar una nueva táctica en el contexto de la misma
estrategia de sus predecesores: cambiar el sistema político de la Isla.
Y, aunque parezca irónico, una maniobra parecida llevan a cabo esos
mismos gobernantes contra los comercializadores privados de productos
agropecuarios.

Por supuesto que en medio de las reformas raulistas resultarían
anacrónicas ciertas prohibiciones, como aquella de 1986, cuando Fidel
Castro eliminó de un plumazo los mercados libres campesinos al calor de
la política de “rectificación de errores y tendencias negativas”. Es
decir, cuando decidió abandonar las tímidas palancas del mercado
adoptadas a partir de 1975.

Ahora, en cambio, se permiten los mercados de oferta-demanda, los
carretilleros, así como algunas placitas arrendadas a cuentapropistas.
Incluso, la reciente medida gubernamental de topar los precios de 26
surtidos del agro no incluyó a las tres formas de comercialización antes
mencionadas. O sea, que ellas, al menos por el momento, continuarán
aplicando precios formados libremente.

Pero lo anterior no significa que el castrismo vea con buenos ojos la
convivencia eterna con las formas no estatales de comercialización.
Simplemente se cambian los métodos administrativos (la prohibición) por
formas de coerción económica. Y para lograr semejante fin confían en un
mecanismo que por estos días se torna muy mediático: la contratación con
los productores del mayor volumen posible de sus producciones.

El razonamiento es el siguiente: mientras más productos contraten (y
compren) las empresas de acopio estatales a los hombres que trabajan la
tierra, mayores serán las producciones que irán a los mercados
agropecuarios estatales y a otras formas de comercialización con precios
topados —mercados del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), los arrendados
a cooperativas, y los que funcionan como cooperativas no agropecuarias—,
y en consecuencia serán menores las que puedan ser comercializadas por
las referidas formas no estatales de gestión.

Como parte de esta estrategia, y según fuentes allegadas al Ministerio
de la Agricultura, ya el Estado ha contratado el 49% de las producciones
agrícolas. Asimismo, se ha ampliado la red de mercados agropecuarios
estatales. Solo en la capital existen 106 establecimientos de este tipo.

El Gobierno esgrime como argumento que, hasta cierto punto, su
estrategia resulta atractiva para muchos consumidores. Los mercados
agropecuarios estatales tienen los precios topados, por lo general
inferiores a los fijados por cuentapropistas, carretilleros y los
mercados de oferta-demanda. Por lo tanto, si se lograra mantener una
oferta estable y de calidad en dichos establecimientos estatales, ello
redundaría en beneficio para el cubano de a pie.

Sin embargo, a pocos días de anunciado el nuevo tope de precios, ya la
televisión informaba de escaseces y deficiente calidad en algunos
surtidos ofertados en los mercados agropecuarios estatales. El tope de
precios, con frecuencia, suele desmotivar a alguno de los eslabones de
la cadena producción-comercialización. A veces sucede que las empresas
de acopio no les pagan lo suficiente a los productores; y en otros casos
puede ocurrir que los comercializadores minoristas no puedan adquirir
los productos de manos de acopio o de los comercializadores mayoristas
debido a que esos precios de compra serían iguales o mayores que los
precios topados que pagaría la población.

La política gubernamental de asfixiar lentamente a los comercializadores
privados tampoco está exenta de otros tropiezos, pues pronto podrían
aflorar las deficiencias de la empresa estatal de acopio —siempre ha
sido un caos—, encargada de recoger de manos de los productores toda la
producción contratada; mientras tanto, los productores tratarían de
eludir la presión gubernamental y “desviarían” parte de sus producciones
hacia los comercializadores mayoristas privados —llamados
despectivamente “intermediarios” por el oficialismo—, los que pagan
mejor que el acopio estatal. Finalmente, estas producciones desviadas
irían a parar a las formas no estatales de comercialización minoristas.

Sin dudas, una gran tarea tiene ante sí la oficialista Asociación
Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) para hacer “entrar por razones”
a los campesinos desobedientes.

Por otra parte, es preciso no perder de vista la otra cara del empeño
gubernamental por ir arrinconando a las formas privadas de
comercialización. Se trata de evitar que esos actores se enriquezcan,
aun si lo consiguen de forma lícita. Así quedó plasmado en uno de los
lineamientos que fueron reformulados durante el VII Congreso del Partido
Comunista (PCC).

Source: Comercialización agrícola: nueva táctica y vieja estrategia |
Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1462740433_22230.html

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