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El coco no tiene agua

El coco no tiene agua
El régimen cubano se las ha arreglado para destruir las grandes
industrias, y las pequeñas también
martes, mayo 10, 2016 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba.- Los hechos, en su testarudez, nos convencen de la
absoluta inoperancia del sistema de economía dirigida. Los señores del
llamado “socialismo real” pueden hacer grandes planes, redactar
lineamientos, activar “motores productivos”, exhortar a los militantes
del único partido a elevar la combatividad y a controlar más –lo que,
traducido al castellano corriente, quiere decir celebrar más reuniones–;
pero el único resultado palpable de todo eso será el fracaso.

En el caso específico de los cubanos, para nosotros no constituyen
noticia los descalabros estruendosos experimentados en los principales
rubros productivos. La otrora “azucarera del mundo” ha visto reducirse
la fabricación del dulce a niveles de un siglo atrás. En otros renglones
tradicionales de cierto peso específico –tales como el tabaco y el café–
se confrontan retrocesos similares.

Pero de vez en cuando llegamos a conocer que el desastre no se limita a
esos sectores emblemáticos, sino que se extiende también a otros que, al
menos en el plano nacional, tienen un carácter secundario y aun
marginal. Es lo que sucedió el pasado viernes al leer el reportaje
“Vindicación del cocotero”, del colega Jorge Luis Merencio Cautín, que
publicó a página completa el diario oficialista Granma.

En ese trabajo periodístico no podían faltar –¡claro!– los ambiciosos
planes de relanzamiento productivo ni las luminosas perspectivas de
futuro, aunque es justo reconocer que el escritor castrista se muestra
bastante reservado en sus predicciones. Su trabajo, fechado en Baracoa,
lo comienza con cautela: “Parece ser que, por fin, en este municipio
comienza a rendírsele el merecido honor al cocotero”.

Pero los datos concretos que el autor nos brinda sobre las realidades de
la producción en la zona de nuestra Ciudad Primada (donde el rubro ha
poseído una notable importancia local) resultan mucho más elocuentes:
“En 1990 Baracoa produjo 27 600 toneladas de coco”, mientras en 2015
“apenas alcanzó 8 000 toneladas”. ¡Una caída de más de dos tercios! La
relación de los factores que incidieron en ese desastroso resultado es
larga.

El reportero menciona la “desatención agrotécnica del cultivo”, la
“ausencia de fertilización”, el “azote del ácaro”, el “desestímulo de
los acopios por bajo precio de compra al productor”, los “frecuentes
impagos a campesinos y cooperativistas”, “el desvío de la producción
para alimentación animal y la elaboración y comercialización ilícita de
aceite”, así como la “ineficiencia de la industria extractora de grasa”.

Los teóricos de las ideas socialistas (que se relamen al hablar del
“despilfarro” y la “anarquía de la producción” bajo el capitalismo), se
las verían negras para explicar las calamidades experimentadas ahora en
ese sector. Por ejemplo, “desde hace unos dos años la entidad baracoense
no vende aceite a Suchel (empresa de cosméticos y productos de aseo)”.
Esta industria jabonera no puede utilizar ese producto debido a “su bajo
refinamiento y elevada acidez”.

Los defensores a ultranza de la ecología también encontrarán material de
interés en el reportaje. Hasta el momento, el cocimiento de la copra se
realiza en obsoletos hornos malayos, que se caracterizan por la “emisión
de gases contaminantes a la atmósfera” (y por la baja calidad de la
grasa producida). Se habla de la sustitución de esa tecnología arcaica,
pero esto, si en definitiva se hace, será más adelante.

A los que defienden la planificación y el “desarrollo armonioso de la
producción bajo el socialismo”, les vendría de perillas leer las
palabras de “uno de los productores destacados” en el reportaje. Este
señor revela que “hubo un momento en que fue mejor dejar perder el coco
que venderlo a la empresa, pues los campesinos prácticamente pagaban más
por la cosecha […] que lo que ingresaban por ella”.

El periodista deposita sus esperanzas en los numerosos eslabones de la
burocracia comunista que –se supone– participarán en la realización de
los planes. A la flamante “Empresa Agroforestal y Coco Baracoa” deberán
unirse en ese empeño “el Ministerio de Economía y Planificación, el
Grupo Agroforestal del Ministerio de la Agricultura, Producciones Varias
del Ministerio del Interior y las empresas Alimentaria e Industrias
Locales Varias”. La Universidad de Guantánamo deberá formar cuadros.

Dejando a un lado esa hipertrofia burocrática y pasando a un plano más
concreto (aunque siempre en términos hipotéticos), el autor menciona
asimismo “la adquisición este año de una brigada mecanizada para el
arreglo de los caminos”. Según Merencio, esto “garantizará extraer el
fruto de los sitios más recónditos e inaccesibles, donde hasta el
momento se pierde o se destina a otros usos”.

Veremos en qué irán a parar esos ambiciosos planes. Por el momento, lo
único concreto que hay es otro sector productivo arruinado por el
desgobierno castrista.

Source: El coco no tiene agua | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-coco-no-tiene-agua/

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