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Esperemos sentados la recuperación del Mercado Único

Esperemos sentados la recuperación del Mercado Único
PABLO PASCUAL MÉNDEZ PIÑA | La Habana | 26 Mayo 2016 – 11:44 am.

“Mala lengua conocida/ hablando mal de Machado/ que te ha puesto allí un
mercado/ que te llena la barriga/ La mujer de Antonio/ camina así”,
cantaba el trío Matamoros la popular guaracha por el año 1928. Pero si
el Mercado de Cuatro Caminos fue la referencia para la letra de la
canción, cometieron un error, pues el emblemático edificio abrió sus
puertas en 1920, siendo presidente de la República Mario García Menocal.
Y a principios del 2014, sin mediar explicaciones oficiales, fue clausurado.

Sin embargo, en los últimos 15 días, su perímetro fue tapiado con
planchas de acero galvanizado y fijaron vallas informativas que rezan,
bajo un bosquejo del edificio en perspectiva: “Obras del Mercado de
Cuatro Caminos; Licencia: 2304-100-1609-1-2013; Proyectista e
inversionista: CIMEX; Contratista: ECUSE; Fecha de terminación:
diciembre/2019″. Entre otros detalles deducimos, según el código, que
el proyecto data del 2013, un año antes del cierre. Y se omite la
tradicional participación de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

De esta manera el consorcio militar GAESA hizo público el inicio de las
labores recuperativas del popular mercado demarcado por las calles
Monte, Matadero, Arroyo y Cristina, en el municipio capitalino del
Cerro, cuya edificación está dotada de dos niveles; un sótano y una
superficie de 11.000 metros cuadrados.

Sin necesidad de entrar al recinto puede valorarse el calamitoso estado
de la techumbre de cubierta ligera a cuatro aguas, a la que le falta una
cantidad importante de tejas acanaladas de asbestocemento, que descansan
sobre una armazón de perfiles de acero unidos por remaches que permanece
herrumbrosa a causa de la falta de pintura y exposición a la intemperie.

Pese a su antigüedad —96 años de construido—, el descuido, la falta de
mantenimiento y la agresividad de las emanaciones de los vehículos
automotores, los exteriores del edificio no se ven tan deteriorados.

Mostrando un estilo eclético propio del primer tercio del siglo XX, sus
cuatro fachadas exteriores están equipadas con un sinnúmero de pilares,
vanos, arcos, cornisas y ménsulas, entre otros elementos
arquitectónicos, que a ojos vistas, no muestran un menoscabo preocupante
para su restauración.

El entrepiso es de hormigón armado y está soportado por una batería de
columnas cuadradas con capiteles expansionados, que tiene algunas fallas
estructurales no catalogadas de graves por los especialistas
consultados, al igual que los portales públicos. Desafortunadamente, el
estado del sótano no pudo ser evaluado por no permitirse el acceso al área.

Según el bosquejo plasmado en la valla informativa, se muestra el empleo
de lucernarios o tragaluces, solución plausible, puesto que con este
recurso puede ahorrarse, en horarios diurnos, hasta un 25% de los gastos
de energía por concepto de iluminación. Este sistema fue muy empleado
por la arquitectura industrial de la época.

Lo preocupante de la información encontrable en la valla es que la
restauración tardará tres años, un tiempo extremadamente inflado acorde
al criterio de los especialistas. Y, según fuentes de la entidad
contratista del proyecto (la ECUSE es empresa adscrita a la corporación
CIMEX, destinada a la reparación y mantenimiento de equipos automotores
y construcción de inmuebles), resulta alarmante la carestía de mano de
obra calificada para acometer las labores, a causa de los bajos
incentivos. Por consiguiente, no se descarta que la fecha de
terminación sufra un retraso más allá de lo planificado, como suele ser
recurrente.

En la memoria de viejos habaneros

El nombre original del inmueble fue Mercado General de Abasto y Consumo,
su construcción costó 1,2 millones de pesos de la época y su primera
administración fue concedida por el Ayuntamiento de La Habana al
político y empresario cubano Alfredo Hornedo, en tiempos que la capital
albergaba 400.000 habitantes aproximadamente.

En un artículo titulado “El Mercado Único”, publicado en el diario
Juventud Rebelde, Ciro Bianchi afirmó que la concesión otorgada a
Hornedo prohibía la apertura de otro mercado similar en un radio de 2,5
kilómetros a la redonda y de 700 metros para los expendios más humildes
de viandas y frutas, de ahí su categoría de “Único”.

En la planta baja del mercado se comercializaban los productos
agrícolas, y en la planta alta los cárnicos y víveres de todo tipo. En
el sótano estaban las neveras. Asimismo en la tarde noche llegaba la
mercancía en camiones que luego eran descargados en el patio central,
desde donde se distribuían a los puestos de venta (casillas). Allí se
vendía generalmente en horarios de la madrugada. Después de las 9:00 am
los productos eran rebajados de precio y vendidos a los carretilleros
para evitar guardarlos en las neveras del sótano. A las 11:00 am el
mercado cerraba para la limpieza.

Felipe, un jubilado de 78 años que trabajó como carretillero en los años
50, cuenta que las carretillas se alquilaban por un costo diario de 40
centavos en un almacén de la calle Vives, a pocas cuadras de allí.
Muchos de los productos los “conveniaban a dedo”, o sea, a pagar después
de ser vendidos. “En aquellos tiempos la honestidad era un gran
negocio”, recuerda.

Los pescados y mariscos eran traídos directamente por los pescadores.
Llegaban frescos y embalados en cajas de zinc con hielo. Langostas,
camarones, pargos, rabirrubias, sierra, serrucho, chernas y otras
especies sobresalían entre las ofertas. También había una casilla
llamada El Escorial, donde los animales vivos en venta permanecían
enjaulados en una estantería.

La mayoría de los expendedores eran emigrantes peninsulares y chinos.
Los primeros en su mayoría ocupaban las casillas destinadas a los
cárnicos, y los segundos las destinadas a frutas y verduras. Más tarde
los judíos (polacos) comenzaron a ocupar algunos expendios.

Algunas empresas comerciales tenían representación en el Mercado Único:
Compañía de Armadores de Barcos, la estadounidense Chomer Fruit Company
y otras. El mercado albergaba una fonda, varios cafés y bares que
permanecían abiertos las 24 horas.

Antonio, un extabaquero de 82 años, aún se ríe de la maldad que le hizo
a un chino en el Mercado Único. Cuenta que metió una cucaracha muerta en
una caja de fósforos, después se llegó a la fonda y tras darse un
atracón de arroz frito, a hurtadillas mezcló las sobras con el insecto.
Con discreción y cara de indignado fue a donde el chino y le dijo:
“Chino, mira esto”, a lo que el asiático respondió: “Tú no pagá, tú no
pagá, tú cállate la boca”.

José Candelario, un jubilado de 84 años, era antes de 1959 uno de los
tantos noctámbulos que a la salida de los bares, cabarets u otros
centros nocturnos, recalaban en el Mercado de Cuatro Caminos. “Aquellos
sopones quitaban la borrachera de un tirón”, recuerda. “Tampoco podía
comerme un plato completo de arroz frito, por la exagerada cantidad que
te servían…. Ah, y el precio de ambos platos era de 25 quilos. Aquellos
tiempos fueron una maravilla, hasta la llegada del señor Barbatruco
(Fidel Castro), que trajo consigo el hambre y la miseria”.

Source: Esperemos sentados la recuperación del Mercado Único | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1464255887_22587.html

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