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Los tropiezos del engagement

Los tropiezos del engagement

Raúl Castro y la vieja camada del régimen no tienen planes de abandonar
el poder
De los Castro para abajo atacaron sin medias tintas al gobierno del
presidente Obama
También naufragó el viaje del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, a Cuba
DANIEL MORCATE

“Una mentira no puede protegernos de otra mentira”
Vlacav Havel

Como ha ocurrido desde los inicios de la dictadura de los Castro, su
carácter reaccionario está dejando en ridículo a quienes promueven su
legitimación con la esperanza de que algún día renuncie a ser dictadura.
Pero ni ahora ni nunca lo reconocerán. Al contrario, así como la tiranía
castrista se atrinchera en su bunker totalitario, los partidarios del
engagement con ella se atrincheraran en sus falacias a expensas de
quienes la padecen. Son true believers, fanáticos de una ideología de la
contemporización que ni en Cuba ni en ningún país sometido a dictadura
comunista ha funcionado. Por enésima vez se comprueba cómo estos
regímenes viven de la mentira. No solo la mentira de las vacuas
expresiones de apoyo popular masivo –como el que vimos en Cuba el pasado
primero de mayo– sino la mentira de quienes desde el confort de la
democracia le atribuyen voluntad de cambio y enmienda.

Pero la realidad es obstinada. Es la realidad del VII Congreso del
Partido Comunista de Cuba, patético ejercicio que se supone ocurra cada
cinco años pero que el régimen convoca solo cuando necesita leerle la
cartilla totalitaria al pueblo, a “cuadros” vacilantes del partido y a
extranjeros ilusos. En esta ocasión, la cartilla puso en evidencia que
Raúl Castro y la vieja camada del régimen no tienen planes de abandonar
el poder. Su mensaje contrasta con el bulo que propagaba el propio
Castro, con la ayuda de compañeros de viaje en el exterior, de que
delegaría el mando en 2018. “Es asombroso”, afirma Robert Muse, abogado
de Washington especializado en asuntos cubanos, “cómo la gente no
escucha (lo que realmente están diciendo) los dirigentes castristas”.

La realidad de Cuba es también que, en ese congreso, de los Castro para
abajo atacaron sin medias tintas al gobierno del presidente Obama y al
enemigo de siempre, Estados Unidos; que el régimen rechazó la
normalización del trato a centenares de peloteros que han escapado de la
isla cárcel porque, al decir de Antonio Becali, máximo burócrata del
deporte castrista, “nuestros atletas son los del sistema deportivo
cubano” cuya guía siempre serán “los principios de la revolución”; y que
la inmensa mayoría de las iniciativas norteamericanas de negocios con la
isla están fracasando porque no se basan en hechos concretos sino en una
ofensiva propagandística de La Habana y Washington que los grandes
medios se tragaron sin masticar.

En el área de la agricultura, cierta prensa exaltaba los planes de
intercambio basándose en filtraciones del gobierno de Obama. Pero la
realidad es que se han estancado porque, en palabras de Tom Vilsack,
secretario de Agricultura de EEUU, “la agricultura cubana es muy básica
y rudimentaria y para los agricultores norteamericanos sería como
regresar en el tiempo a los años 1930 y 1940”. Y la realidad es que
también naufragó el viaje del gobernador Cuomo a la isla con “20 hombres
de negocios” de Nueva York hace un año. Hoy sabemos que la mitad de su
comitiva en realidad la integraban asistentes personales y que la otra
mitad no ha hecho un solo negocio en Cuba. Su aventura neoyorquina,
teledirigida por el gobierno de Obama y pagada por los contribuyentes,
se halla ahora bajo escrutinio.

Los partidarios del engagement solían decirnos que los Castro usaban
como pretexto las malas relaciones con Estados Unidos para mantener
esclavizados a los cubanos. Ahora nos dicen que siguen esclavizándolos y
atacando a Washington porque temen a las buenas relaciones. El suyo no
es exactamente un ejemplo de lógica cartesiana, sino de una exaltación
ideológica que ve como los verdaderos enemigos del cambio a exiliados de
“línea dura”. Frente a esta mentira que encubre la enorme mentira del
castrismo, conviene evocar la doctrina de la intervención humanitaria
del checo Vlacav Havel, uno de los más inspirados y exitosos luchadores
antitotalitarios, quien advirtió: “No debemos nunca hacerle concesiones
al mal, incluso cuando éste no se comete directamente contra nosotros.
Nuestra indiferencia hacia los otros solo puede resultar en una cosa: la
indiferencia de ellos hacia nosotros”.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

Source: Los tropiezos del engagement | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/daniel-morcate/article75421727.html

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