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Cuba construye matriz de opinión pro-transgénicos

Cuba construye matriz de opinión pro-transgénicos
julio 19, 2016
Isbel Díaz Torres

HAVANA TIMES – Casi en silencio, con ayuda del sitio Cubadebate, el
sistema cubano construye una matriz de opinión a favor de los alimentos
transgénicos, muy en consonancia con la llegada inminente de productores
estadounidenses de esos cultivos.

Solo en este mes de julio, el oficialista sitio web ha publicado dos
artículos (que dicen en esencia la misma cosa), en los que arremeten
contra los ambientalistas críticos del uso de los Organismos
Genéticamente Modificados (OGM) en la agricultura, y promotores de la
soberanía alimentaria.

Más de un centenar de Premios Nobel acusan a Greenpeace por actuar
contra los transgénicos (1) es el artículo que publica Cubadebate el
primero de julio.

Sin dar ningún otro matiz, ignorando los pocos debates que se han
desarrollado en Cuba alrededor del tema, se promueven falacias como que
los OGM “ayudan a la biodiversidad global”, “no son perjudiciales al
medioambiente”, no han afectado a seres humanos ni animales, y son
“seguros”.

Por supuesto, el énfasis se hace especialmente en Greenpeace, mientras
se ignora que la mayor parte de los movimientos sociales
latinoamericanos ambientalistas, rurales, indígenas, también se han
opuesto históricamente a esa práctica común imperialista.

El día 10 de julio, el doctor Luis A. Montero Cabrera vuelve sobre el
tema en Los transgénicos y los Premios Nobel (2), y sin aportar
argumento científico o filosófico alguno, se suma a quienes desde el
poder global, intentan criminalizar las luchas ambientalistas, movidos
por obvios intereses enconómicos.

Por supuesto, no es eso lo que nos cuenta el doctor, sino que hace una
apología de la “vida” y la “diversidad”, en un enfoque plagado de
positivismo, mientras intenta confundir entre la vertiginossa “selección
artificial” que hacemos los humanos, con la que se conoce como
“selección natural” por los evolucionistas. Sobre todo, porque el caso
de la transgénesis no se trata de una simple selección, sino de
intervención y manipulación en el núcleo mismo de la repoducción de la vida.

En la serie de sinrazones, el Dr. llega a decir que “la revolución de
las cosechas de alimentos transgénicos ha significado tanto para el
bienestar de la humanidad como la de los fertilizantes artificiales a
principios del siglo XX”.

A la basura se van en esa simple frase años de investigaciones cubanas
en agroecología. Ahora es que comenzaremos a ver las consecuencias de
nunca haber elaborado en Cuba una crítica profunda a la llamada
Revolución Verde, que nos dejó como mejor regalo los llamados “bombazos”
(así se refieren los técnicos cubanos a las aplicaciones de altas dosis
de agrotóxicos en los cultivos).

Por supuesto, siempre es bueno acudir a Premios Nobel cuando se quiere
legitimar una cosa (o su opuesto). En este caso, se trata exactamente de
25 físicos, 34 químicos, 41 médicos, 8 economistas, un premio de
Literatura, y un Premio Nobel de la Paz.

Este último, por cierto, es José Ramos-Horta, expresidente de Timor
Oriental, y célebre por apoyar la invasióna Irak por las tropas
estadounidenses en 2003. Su Premio Noble me recuerda un poco el otorgado
a Obama: más que un reconocimiento,fue un pedido para incidir en la paz
mundial.

Richard Roberts y Phillip A. Sharp, también firmantes, son empresarios
biotecnológicos, así que tampoco es el altruismo lo que parece moverles.

Lo cierto es que, por más que el poder intente vendernos la tecnología
como “apolítica”, las patentes de las semillas transgénicas seguirán en
manos de Monsanto, BASF, DuPont, Syngenta (que ya está en Cuba), entre
otras empresas transnacionales que lo que menos les interesa es la
seguridad alimentaria.

Ya está bien establecido en ese debate (por más que la contraparte
pro-transgénicos no lo asuma) que no se trata solo de productividad o
tecnología, sino de bioética.

Los extensos monocultivos mantenidos a base de agroquímicos que
defienden esos Nobel arrasan con las culturas culinarias y prácticas
agrícolas tradicionales, generan el desplazamiento de familias enteras,
y las megaplantaciones se adueñan de hectáreas y hectáreas de tierra. De
hecho, el 75 porciento de la tierra agrícola se usa para producir
forrajes para animales en cría industrial y agrocombustibles, no alimentos.

La industria alimenticia a nivel global desperdicia del 33 al 40
porciento de la comida producida, según datos de la FAO, y eso sería
suficiente para alimentar a esos pobres del mundo que ahora los físicos
y químicos quieren supuestamente defender (mientras sustentan, de paso,
el sistema que genera esa pobreza).

Por su parte, más de 300 científicos, respondiendo al llamado de la Red
Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental, han
rebatido que los OGM sean seguros para los agroecosistemas o para el ser
humano.

¿Y a quién decide creer el sistema cubano? pues a los aliados del poder
global, en coherencia con el proceso de actualización que vive el país,
y con la jugosa promesa de los agricultores estadounidenses de exportar
sus productos a Cuba e invertir en nuestra agricultura, ahora que los
europeos no quieren comprar sus semillas transgénicas.

Y así, subrepticiamente, el gobierno en la Isla va construyendo la
matriz de opinión, entre el desinformado lector cubano.

Por cierto, al Dr. Luis A. Montero Cabrera se le olvidó mencionar que la
carta de los Premios Nobel preocupados por el Sur hambriento, se
presentó bien al norte, en Washington, pues el Congreso estaba al votar
una ley sobre etiquetado de alimentos transgénicos que busca impedir que
los diferentes estados tomen decisiones en este tema, y quede totalmente
en manos de las empresas.

Montero prefiere ignorar todo lo anterior y concluir con ¿ingenuidad?:

“Algunas de las razones que se han esgrimido contra los transgénicos son
de tipo político. Ciertas transnacionales son importantes promotoras de
estos cultivos por sus beneficios comerciales. Se puede tener la opinión
que corresponda con respecto a la acción negativa de algunas entidades.
Sin embargo, la verdad científica puede ser esgrimida tanto por una
organización monopolista y exclusivista como por un laboratorio
biofarmacéutico revolucionario, propiedad del pueblo. La inocuidad y los
beneficios humanitarios de los productos de la biotecnología debida y
científicamente probados no dependen de sus dueños.”

Los laboratorios en Cuba son propiedad del Estado, no del pueblo. Por
otra parte, al decir que los resultados de la biotecnología no dependen
de los dueños de las empresas investigadoras, este Doctor está afirmando
que Monsanto ofrece una tecnología con los mismos impactos ambientales
que una empresa administrada por el Estado cubano.
Yo, como anarquista, estaría totalmente de acuerdo con tal aseveración,
pero ¿logra entender eso el científico cubano?

Source: Cuba construye matriz de opinión pro-transgénicos – Havana Times
en español – www.havanatimes.org/sp/?p=117042

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