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Cuba prioriza industria del tabaco a pesar de su nocividad

Cuba prioriza industria del tabaco a pesar de su nocividad
junio 30, 2016
Iván García Quintero

Cuando se trata de dinero, en un país con finanzas en números rojos,
cualquier cosa que rinda beneficios, aunque perjudique a la salud
humana, siempre será un buen negocio.
A espaldas del remozado Capitolio Nacional, en una vía estrecha donde
conviven perros callejeros y cuarterías apuntaladas, se erige la vetusta
fábrica de tabacos H. Uppman que elabora algunos de los más famosos
puros cubanos.

La tabaquería es paso obligado de cualquier turista que visita La
Habana. En una pequeña tienda en la primera planta, se venden puros en
cajas de madera, lujosos humidores y marcas exclusivas para coleccionistas.

En un bar adosado a un mezzanini con butacones color ocre se pueden
tomar mojitos o cervezas. Aquí el humo enrarece el ambiente a pesar de
las advertencias colgadas en la pared prohibiendo fumar.

Desde 2014, año en que de acuerdo a cifras oficiales 36 personas
fallecían diariamente en Cuba por causas relacionadas con el hábito de
fumar, las autoridades verde olivo trabajan para implementar una
legislación antitabaco que respalde acciones más restrictivas contra los
fumadores y refuerce limitaciones comerciales a productos derivados del
cigarro.

Pero la ley no tiene quórum suficiente en un país donde el tabaco es la
quinta industria exportadora, con un volumen que roza los 500 millones
de dólares anuales.

El fin de la particular guerra fría entre Cuba y Estados Unidos en
diciembre de 2014 dibujó un nuevo panorama en la industria tabacalera
nacional. Algunos expertos se frotan las manos cuando sacan cuentas en
la calculadora de sus teléfonos inteligentes.

“Estamos hablando de un mercado, como el norteamericano, donde las
previsiones a corto plazo, de levantarse el bloqueo (embargo económico),
fluctúan entre 500 y 700 millones de dólares en ventas de tabaco”,
expresa un funcionario que labora en H. Uppman.

Cuando se trata de dinero, en un país con finanzas en números rojos,
cualquier cosa que rinda beneficios, aunque perjudique a la salud
humana, siempre será un buen negocio.

“No se puede andar con remilgos. Nuestras exportaciones fundamentales,
como antaño el azúcar, tabaco o ron, son nocivas a la salud, pero
ofrecen un margen nada despreciable de ganancias. Cada año las ventas
locales de bebidas alcohólicas baten récords de ventas. Los cigarros y
tabacos también, a pesar del elevado precio y gravámenes de
circulación”, indica Joel, trabajador de Brascuba, empresa mixta con
capital brasileño que domina el mercado interno de cigarrillos.

En una zona cercana al puerto del Mariel, Brascuba construye una nueva
fábrica que duplicará la producción de cigarrillos rubio y negro. El
reciente aumento de un 10% del precio en las diferentes marcas de
cigarros ofertadas en divisas, no ha provocado una disminución en las
ventas.

“Después de la cerveza y el ron, las mayores ventas son de cigarros. A
pesar de los bajos salarios y altos precios de los alimentos, la gente
se las arreglas para fumar como si fueran chimeneas”, confiesa Lourdes,
dependiente de una cafetería en la Calzada Diez de Octubre.

Incluso a los dueños de pequeños negocios familiares les resulta
rentable la reventa de cigarrillos. “Tengo noches de vender hasta cien
cajas de cigarros”, dice el dueño de un bar privado. Las ganancias por
cada cajetilla son del 40%.

En Cuba existen normas que prohíben la venta de cigarros y alcohol a
menores de 18 años. “Pero se violan constantemente. Muchos padres mandan
a sus hijos menores de edad a que compren cigarros o botellas de ron. Y
los dependientes, presionados por cumplir el plan de venta, o porque
parte de sus ganancias se deriva de las ventas de esos productos,
incumplen la normativa”, acota Marlén, inspectora estatal.

Los medios oficiales difunden spots publicitarios recordando los daños
del cigarro y sus efectos entre fumadores pasivos, pero las estadísticas
manifiestan los pobres resultados de esas campañas.

Fuentes del régimen aseguran que el 69% de los niños son fumadores
pasivos. Más de 13.000 personas mueren cada año por enfermedades
asociadas al tabaquismo en Cuba, donde los pequeños resultan los más
expuestos al humo del cigarro o tabaco, según reconocen autoridades del
Ministerio de Salud Pública citadas por la prensa estatal.

La doctora Patricia Varona, especialista del Instituto Nacional de
Higiene y Epidemiología, informó que entre 1985 y 2010 en la Isla se
experimentó un decrecimiento en la presencia de fumadores, pero en los
últimos seis años la situación cambió. A partir de 2010 se observó un
incremento de los fumadores, fundamentalmente en edades tempranas.

La doctora Varona precisó que el 15 % de la mortalidad en el país se
produce por el tabaquismo, en tanto casi 1.500 personas mueren cada año
por exposición al humo de tabaco.

Actualmente Cuba ocupa el quinto lugar en América Latina y el Caribe en
cuanto a la prevalencia del tabaquismo, y de las 10 primeras causas de
muerte, ocho de ellas están vinculados con esta adicción.

Desde luego, es un problema mundial. La Organización Mundial de la Salud
apunta que la adicción al tabaco mata a más de seis millones de personas
anualmente y alrededor de 600 mil pierden la vida por respirar humo ajeno.

En escuelas secundarias y preuniversitarias de La Habana es frecuente
observar a adolescentes fumando. “En noveno grado llegan a fumar hasta
el 60 por ciento de los alumnos y a veces fuman en el aula”, comenta una
maestra.

En lugares públicos, tanto en espacios abiertos como cerrados, existen
avisos prohibiendo fumar, pero los fumadores no suelen respetar esas normas.

“Tú estás en la guagua, un taxi o una cafetería y al lado tuyo siempre
hay un tipo fumando un cigarro tras otro. Y no le digas nada, pues
entonces te quiere comer viva. Aquí la gente ni caso le hace a los
carteles. En Cuba las normas de convivencias son un relajo”, subraya Ana
Luisa, ama de casa.

El perjuicio del tabaquismo llega hasta la propia casa. En cualquier
familia cubana, un fumador prende el cigarro sin importarle el daño a la
salud, ni la suya ni tampoco la de sus propios hijos.

“Es que después de tomar café o por la tensión de un partido de fútbol
no puedo controlar los deseos de fumar”, confiesa Joan ante el regaño de
la esposa por el humo del cigarrillo que afecta a su hijo de tres años,
asmático crónico.

Mientras la publicidad oficial insiste en lo nocivo del tabaquismo, el
gobierno amplia las capacidades para aumentar la producción de cigarros.
Y en un futuro, en el hipotético caso que se derogue el embargo,
exportar millones de dólares de puros cubanos a Estados Unidos es
simple: negocios versus salud. Y es probable que como casi siempre
triunfe el dinero.

Source: Cuba prioriza industria del tabaco a pesar de su nocividad –
www.martinoticias.com/a/cuba-gobierno-cubano-prioriza-industria-tabaco-a-pesar-nocividad/125084.html

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