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“Economía de guerra”, decisión irracional

“Economía de guerra”, decisión irracional
Mantener al país en una lógica de “economía de guerra[1]” y no
diversificar las fuentes externas e internas de financiamiento,
evidencia la errática política del Gobierno
Marlene Azor Hernández, México DF | 18/07/2016 9:50 am

La economía cubana mantiene una “economía de guerra”, precisamente por
la planificación centralizada, el monopolio estatal de la economía y el
incontestable partido único. Parecía que en el VII Congreso del Partido,
habría una renovación generacional y cambios acelerados que facilitaran
la inversión extranjera directa, la mejora inmediata de las seguridades
jurídicas y prácticas de la economía no estatal y la disminución en alto
grado del monopolio estatal sobre exportaciones e importaciones,
creación de mercados mayoristas mixtos con inversión extranjera y
liberalización del mercado y la producción nacional. Todas estas medidas
aliviarían los problemas estructurales que agobian y asfixian la
economía y hoy no sería necesaria la profundización del “período
especial” del cual el país no ha salido.
Digo que parecía que el VII Congreso respondería a estas expectativas al
considerarlas como medidas de realpolitik, es decir, reflejo de los
intereses de la élite política cubana para mantenerse con “algún”
consenso político en el poder, sobre todo con el imprescindible consenso
de sus actores económicos estatales y no estatales: Es siempre mejor una
política disuasoria y progresiva a una política de represión y
restricción en un contexto de elevado nivel de descontento popular y
crisis económica[2]. Sin embargo, la élite política no reacciona al
mayoritario descontento popular facilitando mayores fuentes de
financiamiento externo e interno sino, al contrario, impone una fuerte
contracción económica. La diversificación debió ocurrir y de manera
acelerada desde 2014, vista la disminución del suministro venezolano
desde esa fecha. No hay previsión racional por parte del Gobierno.
Estas y otras medidas han sido propuestas al menos desde el 2009 —aunque
los antecedentes se encuentran desde la segunda mitad de los años 80—
por los economistas cubanos y a pesar de la mordaza contra la discusión
de las políticas públicas en el país. La burla pública de Fidel
Castro[3] a los economistas cubanos continúa en la política de “economía
de guerra” que defiende el PCC en la actualidad.
Las flexibilidades otorgadas por Obama para relajar en todo lo posible
las medidas del embargo económico no han sido aprovechadas por el
Gobierno cubano que se empeña en mantener una “economía de guerra en
tiempos de paz”. En realidad el VII Congreso ha significado un retroceso
con relación a las reformas. Ahora, con la justificación de las
restricciones energéticas, las inversiones nacionales se paralizan salvo
para sectores priorizados y lejos de abrirse la economía con la
profundización de las reformas, se estanca y se cierran las
posibilidades de salir de la crisis. Si uno revisa las razones que
arguye el General en las recientes sesiones del Parlamento[4] parecieran
“racionales” en condiciones de guerra. Sin embargo en el contexto del
agónico modelo económico cubano y sin guerra, significan un retroceso de
las reformas y en dirección contraria a las posibilidades de salida de
la crisis.
Las inversiones extranjeras directas no progresan
Las causas no se encuentran en el embargo, porque no es solo EEUU el
socio comercial potencial de Cuba, sino en la incertidumbre jurídica que
tienen todos los inversores, de acuerdo a la manera en que se aplican
las leyes en Cuba —de manera discrecional—, y por otra parte al
encarecimiento de la fuerza de trabajo cubana por las empleadoras
estatales que se quedan con la mayor parte del salario de los cubanos
por ley y por la definición cambiaria CUC/CUP del Gobierno para las
empresas mixtas o de capital extranjero. Pero además, por la prohibición
de facto de los cubanos residentes en el exterior para invertir en algo
más que no sean las remesas y la prohibición estatal de inversiones
directas extranjeras en la economía no estatal[5]. Las medidas de Obama
en este sentido no han sido aprovechadas.
Medidas “parches” no racionales
Ya he mencionado en otro artículo los negativos resultados de las
políticas económicas en el balance de los 10 años del Gobierno de Raúl
Castro[6]. La orientación de las reformas parecen racionales, pero sus
aplicaciones son zigzagueantes, muy lentas y contradictorias. La causa
no es la falta de liquidez, sino las timoratas o regresivas aplicaciones
de las reformas que resultan negativas en sus resultados económicos.
Existe consenso entre los economistas y la población en que la
disminución de los precios en el mercado estatal de productos de primera
necesidad, en las TRD, es irrisoria con relación a la capacidad
adquisitiva de los salarios. Otro consenso entre economistas es que los
precios topados y el refuerzo de Acopio (estatal) para garantizar la
venta y distribución de los productos agropecuarios significan un
retroceso en las políticas de la agricultura[7]. Recentralizar la compra
en un 70-80 % de la producción agropecuaria por parte del estado, es una
política irracional porque el estado no puede garantizar la distribución
y pago a tiempo de los productos además de que no garantiza los insumos
y a precios adecuados a los campesinos[8].
Las prohibiciones a la importación de ropa y cines 3D no fueron en
ningún sentido para proteger la industria nacional —que no existe para
estos productos—, sino para impedir la competencia con los caros y malos
productos que importan las corporaciones militares con su monopolio de
importación para las tiendas estatales. En este caso, se benefició las
ganancias de las corporaciones militares en detrimento de las
necesidades de la población. Corporaciones que no rinden cuentas
públicas en el Parlamento cubano y mantienen un reglamento militar para
sus empleados civiles.
Cuba sigue siendo muy parecida a Uganda para abrir un negocio. El tiempo
para lograr abrir un negocio, el tiempo para empezar la explotación del
negocio y la inseguridad jurídica para mantenerse y retirarse, compiten
en tiempo, gasto en el tráfico de influencias y en lo engorroso de los
procedimientos con ese país africano. También ocurre con las
cooperativas cubanas que se demoran año y medio o dos para ser
aprobadas. Existe también consenso en las restricciones innecesarias
para operar de los agricultores usufructuarios y de los cuentapropistas
y cooperativas no agropecuarias por los frenos estatales y dependencias
estatales directas que no las dejan afianzarse y prosperar[9]. Salvo las
corporaciones de los militares cubanos, nadie logra “agilizar” las
gestiones para producir. Hacerlo significa una carrera de obstáculos a
vencer o un calvario de procedimientos y controles que asfixian la
iniciativa individual y colectiva, estatal y no estatal. La falta de
liquidez de la economía nacional no es un problema externo. Es el
resultado de las erráticas políticas económicas del gobierno.
Lanzarse a las restricciones de un “pequeño período especial” es un
suicidio político para la élite del país aunque se mantenga a fuerza de
la represión y la válvula de escape de la emigración masiva. De acuerdo
a las definiciones de la realpolitik, los gobernantes cubanos van en
dirección contraria a sus propios intereses de mantenerse en el poder
con el menor costo político y de manera viable.

[1] Los rasgos de una economía de guerra son la centralización de los
recursos en el Estado, disminuir el consumo, y restringir toda
producción que no tenga directa conexión con la producción para la
defensa y sostenimiento de ella. En el caso cubano no se debe a un giro
de la producción industrial hacia la defensa, porque no hay guerra, sino
en el incremento de la economía autárquica, tendencia dominante en la
economía cubana y la centralización de los recursos en el Estado con
mayores restricciones al consumo.
[2] Las sucesivas crisis migratorias de cubanos en Centroamérica y los
conatos de rebeldía de algunos sectores dentro del país, así lo
atestiguan: bicitaxistas, carretilleros, tabacaleros, periodistas
oficiales y profesionales expulsados de sus empleos estatales de manera
arbitraria.
[3] Fidel Castro “Discurso 26 de julio de 1993” en
www.cuba.cu/gobierno/discursos/1993/esp/f260793e.html. Las
razones de Fidel Castro para no aplicar las reformas de los economistas,
son las mismas que hoy señala su hermano Raúl Castro 23 años después,
sin explicarlas.
[4] “Raúl Castro: El pueblo revolucionario cubano una vez más se
crecerá” Granma 8/06/2016.
[5] Haroldo Dilla “Cuba: el gobierno contra los emigrados” en
Havanatimes 09/07/2016.
[6] Marlene Azor Hernández “Balance de los diez años” en
Cubaencuentro.com 13/06/2016
[7] Pavel Vidal “Un peligroso repliegue de las reformas en la
agricultura cubana. Una propuesta para que continúe el experimento” en
Cubaposible.com 16/05/2016.
[8] A. Nova “El mercado agropecuario. Políticas e impacto” En Catalejo,
Revista Temas.
[9] Osmar Laffita Rojas “Los males de la economía cubana según Omar
Everleny” en Diario de Cuba 11/07/2016.

Source: “Economía de guerra”, decisión irracional – Artículos – Opinión
– Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/economia-de-guerra-decision-irracional-326055

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