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El campesino cubano, el gran olvidado

El campesino cubano, el gran olvidado

El documental ‘El tren de la línea norte’ muestra las dificultades de
los residentes de Falla, en la provincia de Ciego de Avila
Ofrecen testimonios de los problemas de vivienda y las dificultades que
enfrentan los cuentapropistas
Muchos de los entrevistados reconocen que no pueden respetar las leyes
si quieren sobrevivir
SARAH MORENO
smoreno@elnuevoherald.com

Una larga zanja maloliente es el panorama que tienen los vecinos de una
hilera de casas destartaladas que esperan a ser reparadas desde el paso
del huracán Kate por Cuba en 1985. Los niños juegan semidesnudos junto a
la zanja llena de mosquitos y los vecinos del lugar le abren paso a la
cámara para que capte los cuartos llenos de goteras, en los que el agua
cae sin piedad sobre los colchones donde duermen hasta cuatro personas.

“Algunos dicen de Haití, pero en Cuba hay muchas partes destrozadas y
nadie se preocupa por ellas”, dice una de las residentes de Falla, en la
provincia de Ciego de Ávila, en la región central, que no es solo uno de
los rincones olvidados de Cuba, sino el pueblo donde el cineasta Marcelo
Martín pasó días inolvidables en su infancia.

“Falla era el lugar mágico que permanecía latente en mi cabeza durante
los meses de escuela y que siempre que lo visitaba me permitía liberarme
de la cotidianidad citadina. Esperaba con ansias poder regresar cada
verano”, dice Martín sobre el pueblo natal de su madre, adonde regresó
en el 2013 para filmar el documental El tren de la línea norte, que se
presenta el martes 19 en función única en Coral Gables Art Cinema.

Como un road movie, el documental lleva al espectador por tres pueblos
fundamentales de la zona: Falla, Chambas y Punta Alegre, siguiendo el
recorrido del Carro de Puerta, un vehículo de un vagón que es el único
medio de transporte entre los poblados y que hace la ruta desde los años
1940 partiendo de Morón.

La prosperidad llegó a la zona cuando el inmigrante español Laureano
Falla Gutiérrez la eligió para construir en la segunda década del siglo
XX el que fue uno de los centrales azucareros más eficientes de Cuba, el
Adelaida (hoy Enrique Varona), que nombró como una de sus hijas. A su
muerte en 1929, el azucarero dejó una fortuna de 35 millones de pesos,
que después acrecentaron sus herederos. El poblado de Falla continuó su
desarrollo con una destilería, un cine y otras fuentes de trabajo, como
henequeneras.

Hoy, Falla no es ni la sombra de lo que era. El cine es un edificio
vacío lleno de goteras, con una pantalla inservible, las puertas de
emergencia clausuradas y un único televisor en el que a veces ponen
películas. El estadio deportivo es un campo de yerba seca en el que solo
queda el recuerdo de donde estaban las bases, según muestra Rodolfo, uno
de los vecinos que no tiene pelos en la lengua a la hora de recordar
hasta qué punto ha decaído el pueblo.

“Falla es una microhistoria que, con las diferencias culturales y
territoriales, las de especialización en la producción, las de
densidades, entre otras diferencias lógicas, representa en gran medida
la realidad de toda una nación”, explica Martín ante la pregunta de si
Falla es una especie de pueblo emblema de la situación del campo cubano.

“Las ciudades cubanas están tan devastadas como lo están sus campos”,
precisa Martín. “A los pobladores del interior de Cuba les afecta
fundamentalmente lo que le afecta a cualquier cubano que resida en la
isla. Ellos no le importan a nadie”.

Rodolfo sirve de guía a dos de los vecindarios más afectados, el Miedo y
el Barrio del Cartón, donde viven desde el paso del huracán Kate los
residentes del poblado cercano de Kilo 9 que, en espera de que el
gobierno les construya viviendas, han recurrido al cartón para
improvisar casas.

“Yo gano 448 [pesos cubanos] mensuales y un saco de cemento cuesta entre
100 y 150”, dice criticando el hecho de que el gobierno ya no les
entrega los recursos y se supone que los afectados los deben obtener por
“esfuerzo propio”.

“Es imposible arreglar una casa cuando no se tiene dinero para comer”,
apunta Martín, que tocó el tema de la crisis de la vivienda en un
documental anterior, Elena.

Por su parte, Milagros, la antigua bibliotecaria, que ya no vive en
Falla, también se deja seguir por la cámara mientras esquiva charcos y
baches en las calles a la vez que recuerda con nostalgia cómo ella misma
hizo las fichas bibliográficas de la hoy diezmada biblioteca.

Al borde de la ley

Otro de los vecinos, “Pichón” cuenta que fue encarcelado a los 17 años
por no tener trabajo, bajo la ley de peligrosidad, una figura penal
preventiva que en Cuba condena a muchos como él a no encontrar trabajo
nunca. La única opción de supervivencia es el negocio ilegal, como
reconocen varios de los entrevistados, que se han dedicado a las peleas
de gallos, al tráfico de langosta, a destilar alcohol.

“Falla se ha quedado sin hombres. Todos están presos por matar vacas”,
dice “Pichón”.

La pena por matar vacas puede ser hasta 17 años de cárcel.

“Pichón”, padre de tres hijos, afirma que no dudará en volver a recurrir
a la ilegalidad para darles de comer. Mientras su esposa se queja de que
la juventud en el pueblo solo tiene como entretenimiento tomar alcohol.

“En Cuba las leyes existen para ser violadas porque el solo hecho de
vivir se vuelve ilegal muy a menudo”, dice Martín, ante el
reconocimiento de tantos de sus entrevistados de haber estado
involucrados en actividades ilegales. “Cuando el acceso a las
necesidades primarias de vida no se encuentra dentro del marco legal,
nadie va a dudar en violentar lo que tenga que ser violentado”.

Según las quejas de los residentes, el verdadero cuestabajo de Falla no
comenzó en 1959 con la llegada de la revolución cubana, sino en 1976,
con la nueva división política administrativa. En una decisión
incoherente que no se correspondía con su importancia económica ni
poblacional, Chambas fue nombrado municipio, y hacia este se desviaron
los beneficios que los residentes de Falla creen les correspondían.

“Lo de convertir Chambas en cabecera municipal no es algo premeditado.
Es precisamente lo contrario. Una decisión, como tantas otras, tomada de
manera arbitraria, que redundó al pasar de los años en desastres
sociales y económicos”, explica Martín, que no considera que el objetivo
de la decisión fue desvirtuar el pasado próspero de Falla o la exitosa
historia de la familia fundadora.

Cuando el socio es el estado

Uno de los casos más impactantes que presenta el documental, por su
importancia a la hora de analizar el éxito del cuentapropismo es el de
Otilio, que denuncia que se perdió la cosecha de 1,000 hectáreas de
tierra sembradas de caña a consecuencia del ganado que anda suelto por
los campos.

“Ayer contamos 36 [cabezas de] ganados sueltos, y solo seis estaban
marcados”, se queja Otilio, sugiriendo que existe una componenda entre
funcionarios del gobierno y ladrones de ganado para no marcarlos, y así
sacrificarlos sin consecuencia legales y total ganancia.

Ese ganado sin control destruye el sembrado de caña de Otilio, quien a
su vez cuenta que el Estado, a quien debe dar un 75 por ciento de la
producción y ganancia, no toma medidas para ayudarlo.

El Decreto Ley 259, aprobado en el 2008, permitió la entrega de tierras
ociosas para usufructo a los campesinos. Los resultados de esta decisión
son desiguales, porque muchas de esas tierras estaban tomadas por el
marabú, una planta invasora que se multiplica aunque se queme o se
corte, y por ello es muy difícil su explotación.

“Quienes recibieron las tierras no disponían de recursos materiales para
prepararlas adecuadamente”, confirma el economista Eugenio Yáñez, editor
del sitio Cubanálisis. “Sin embargo, y es de destacar, aun en esas
difíciles condiciones, los usufructuarios fueron rescatando esas tierras
y poniéndolas a producir, tanto en agricultura como en ganadería, o
ambas cosas a la vez”.

Aun así es complicado evaluar los resultados de la medida porque el
Estado obliga a los usufructuarios a vincularse a “cooperativas” o
empresas estatales.

“Escribo ‘cooperativas’ entre comillas porque aunque se llaman así, en
realidad son apéndices del Estado, porque se organizan y rigen por
principios ‘leninistas’ de cooperativización, es decir, no son
verdaderas cooperativas como pueden encontrarse en América Latina”,
apunta Yáñez vía email, indicando que “la producción de los campesinos
privados y los usufructuarios supera ampliamente la de las empresas
estatales y logra resultados económicos muy superiores (eficiencia,
rentabilidad, ganancias) a pesar de los manejos estatales de los precios
de compra de la producción y las obligaciones arbitrarias que se imponen
a los productores”.

En cuanto al fracaso de la zafra que auguraba Otilio en el 2013, esta se
confirma con el persistente declive de la producción azucarera de la
isla, que este año no llegó a los 1.6 millones de toneladas métricas ™.

“Cuba promedia una extracción de azúcar por hectárea de caña cosechada
de tres toneladas de azúcar. Los productores eficientes –Brasil,
Guatemala–, promedian entre 10 y 12 toneladas de azúcar por hectárea de
caña cosechada”, explica el ingeniero Juan Tomás Sánchez, secretario
general de la Asociación de Colonos de Cuba.

“Si Cuba vendiese su azúcar al precio promedio [US$ 325/ tonelada] en el
mercado mundial, hubiese alcanzado un ingreso en las dos últimas zafras
de $276 millones. Si cumpliese con su potencial mínimo de exportación de
entre 8 y 9 millones de toneladas de azúcar, sería de 10 veces el
ingreso actual, casi $3,000 millones”, añade Sánchez.

Para Martín, el central Enrique Varona (antiguo Adelaida) no es un
desastre, como sí se puede clasificar a la industria azucarera cubana en
general. “Este central en particular produce un excelente azúcar y
extraordinarios derivados. El problema está en que ese beneficio no
llega a manos del pueblo que acoge a la factoría. Cuando me refiero a
pueblo lo digo con todas sus acepciones, pueblo como lugar físico
habitable y también como las personas que habitan el lugar. Una vez más
ocurre lo de siempre, la centralización de la economía cubana es quien
rige estos procesos, definiendo el destino ‘real’ del capital adquirido
a través del sudor de los obreros”, concluye el cineasta.

‘El tren de la línea norte’, martes 19, 7 p.m. Coral Gables Art Cinema,
260 Aragon Ave., (786)472-2249.

Siga a Sarah Moreno en Twitter: @SarahMorenoENH

Source: Crisis de la vivienda y del cuentapropismo en Cuba | El Nuevo
Herald –
www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article89946932.html

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