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Las víctimas de Isidoro siguen esperando

Las víctimas de Isidoro siguen esperando
RICARDO FERNÁNDEZ, Pinar del Río | Julio 19, 2016

“Me comprometo a que muy pronto tendrán sus casas”, dijo en 2002, siendo
vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Carlos Lage
Dávila a los que habían perdido todo y aún hoy siguen sin recibir lo
prometido.

Alexander Sánchez Villafranca, de 33 años, fue uno de los afectados por
el ciclón Isidoro. “Si le hubiese hecho caso a mi mamá y hubiera cortado
la mata de mango, ahora no estaría en este albergue. Nunca pensé que la
fuerza del viento pudiera arrancarla de raíz”, cuenta. Su casa, en el
kilómetro 1 de Santa Damiana, quedó reducida a escombros bajo el peso
del árbol. Él forma parte de las 16 familias que habitan en los
albergues de Portilla en Río Seco, municipio de San Juan y Martínez, a
consecuencia de los ciclones Lili e Isidoro.

El lugar, a 19 kilómetros de Pinar del Río, que había sido una unidad
militar del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), en el año 1994 pasó a un
Batallón de Fuerza de Trabajo que albergaba a los que venían a apoyar
las labores agrícolas del tabaco, y en 1995 se convirtió en un almacén
de tela de tapado.

En 2002, con el paso de los ciclones, los usaron para recibir a los
damnificados de Santa Damiana, Forteza y Río Seco, que no contaban con
medios propios para reconstruir sus hogares. Al mes de estar allí,
recibieron la visita de Carlos Lage Dávila, acompañado de la ex primera
secretaria del Partido en la provincia, María del Carmen Concepción, y
otros funcionarios del Gobierno y el Partido.

Al principio, las organizaciones de masas entregaban almuerzo y comida a
los residentes, que eran atendidos diariamente por un médico de familia.
El entonces delegado Sergio Carrelegua, los visitaba con frecuencia y en
las asambleas los instaba a tener paciencia y asegurar que lo prometido
sería cumplido. “Unos meses después desaparecieron las atenciones y
promesas”, recuerda Sánchez, ahora casado y con una hija de seis años
que no ha conocido otro hogar. “Con el tiempo comenzaron a deteriorarse
los techos y la solución que dio el delegado fue quitarlos a los baños
para reponer las tejas rotas de los cuartos, por eso los baños no tienen
techo”.

La situación empeora en la primavera a causa de las lluvias, para los
ancianos para quienes, por su delicado estado de salud, mojarse supone
un mayor riesgo. “En tiempo de lluvia hay que hacerlo todo (también las
necesidades fisiológicas) dentro del cuarto”, cuenta una anciana para
ilustrar el “infierno” en el que vive.

“No sé cuántas veces he ido al Gobierno municipal a exigir que nos
ayuden, pero no hacen nada”, dice Arelys Rodríguez, esposa de Sánchez,
mientras muestra las escasas condiciones higiénico-sanitarias que tienen
los baños a la intemperie. “Tengo que cargar el agua para tomar desde
casa de los vecinos, porque los tanques elevados de los albergues están
destapados, les han sacado ranas, murciélagos y hasta palomas en estado
de descomposición. De esa agua no bebo ni muerta”, dice con asco.

Sánchez habla de su esfuerzo en la agricultura, el trabajo que hace como
obrero, la esperanza de que un familiar que reside en Estados Unidos le
ayude a salir del albergue y pueda comprar una casa. Mientras,
revoloteaba a su alrededor su pequeña hija Thalía. Esa niña, con su
curiosidad innata empapada de ingenuidad logró hacer olvidar por un
instante el abandono y la miseria que la rodeaba.

Source: Las víctimas de Isidoro siguen esperando –
www.14ymedio.com/nacional/victimas-Isidoro-siguen-esperando_0_2037996181.html

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