Cuban agriculture
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Minitractores, ¿para quiénes?

Minitractores, ¿para quiénes?
OSMEL RAMÍREZ ÁLVAREZ | Holguín | 21 de Noviembre de 2016 – 07:20 CET.

El pasado 2 de noviembre este diario publicó la noticia de que la
negociación entre el Gobierno cubano y una empresa norteamericana para
producir minitractores en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel se
había cancelado. Al parecer, para la parte cubana el acuerdo no se
consideraba cerrado y la parte norteamericana manifestó “que no se la ha
dado ninguna explicación”.

Se citaban a los empresarios perjudicados y a otros que participaron con
poca fe en la Feria Internacional de La Habana. Se argüían propósitos
estratégicos del Gobierno cubano para esquivar el comercio e inversiones
reales de EEUU mientras no se suspenda el “bloqueo”, y tomar el
creciente interés como cebo para pescar ese gran propósito.

Puede ser cierto, aunque es muy especulativo; a ciencia cierta nadie
sabe cuál es el verdadero propósito que mueve el diálogo por la parte
cubana y ambas hacen su juego político-estratégico. Pero en este caso
particular referente a los minitractores puede ser otro el motivo
esencial, no el citado.

La apuesta principal del proyecto de desarrollo oficial en Cuba es “la
empresa estatal socialista”, no el sector privado. Este último pretenden
mantenerlo mientras sea de su interés y a una escala mínima necesaria;
mientras les sea útil para el equilibrio económico; llenando espacios a
los que no les han llegado y aspiran a llegar. En fin, como un
complemento incómodo pero vital en esta etapa, a la que ellos consideran
superarán en algún momento.

El Estado cubano ha importado un gran número de tractores modernos de
mediano y gran tamaño porque, en efecto, el sector agrícola está
priorizado. Sin embargo, no ha importado minitractores. ¿Por qué? El
Estado tiene grandes extensiones de tierra y sus empresas agropecuarias
están siendo priorizadas para la producción a gran escala en los
diferentes cultivos, principalmente maíz, arroz y frijoles. Esas mismas
empresas territoriales tienen una división de maquinaria que presta esos
servicios de preparación de tierras a sus propios sembrados y a los
campesinos privados asociados casi obligatoriamente en cooperativas. Ese
es el modelo que pretenden implementar, no el de la autonomía
individual; no desean propiciar que cada campesino llegue a tener sus
propios medios, como un minitractor, porque se desligaría del Estado e
incrementaría el consumo de combustible.

Los minitractores tendrían su principal mercado en los campesinos dueños
de tierra o usufructuarios que tienen pequeñas parcelas, no en las
grandes e ineficientes empresas estatales. Es cierto que contribuiría a
la mayor eficiencia y productividad, porque a pesar de estar la
maquinaria en el territorio no se logra que funcionen los mecanismos
estatales de prestar servicios y casi siempre fallan. Pero el éxito solo
le importa al Estado si es resultado de sus propios mecanismos de
producción, no que provenga en primer lugar del sector privado.

En Mayarí, que es un municipio priorizado para el desarrollo agrícola,
las tierras están sin roturar en su mayoría y por parte de los
campesinos reina la inconformidad con el servicio. Por ejemplo, la
campaña de tabaco comenzó el 15 de octubre y más de la mitad de las
fincas por sembrar están tan enyerbadas que parecen potreros.

En la empresa agropecuaria hay decenas de tractores nuevos, pero mil
trabas no permiten que puedan realizar la roturación en tiempo y forma,
permaneciendo muchas veces ociosos. La empresa Cubatabaco tiene un solo
tractor moderno para prestar servicios de roturación a los campesinos
(con planes de tabaco) y no ha podido hacerlo con más del 5%, porque la
ausencia de vehículos adicionales los obliga a utilizar el tractor para
otras actividades.

Vivir de cerca la actividad agrícola cubana nos permite deducir que
sería un gran problema para la política actual del Estado cubano tener
una producción de minitractores en el Mariel. ¿Con qué justificación
evitarían la venta de esos vitales medios al campesinado? Y si se vieran
presionados a venderlos en el mercado interno, ¿a qué precio lo
venderían, si sabemos que de costarles por ejemplo 5.000 dólares
querrían venderlo en 50.000? ¿Y qué se harían para justificar la
ineficacia de sus empresas agrícolas estatales si en poco tiempo, en
igualdad de condiciones, el sector agrícola privado se volviese más
eficiente y productivo?

Esas han de ser las verdaderas y más influyentes razones para que el
Gobierno cubano frenase la producción de minitractores en Cuba. No
quieren salir del hueco impulsados por el sector privado y esas son las
herramientas que lo impulsarían. Tal vez hasta lo consideren parte del
“Plan Obama” de empoderar a ese sector emergente en busca de nuevos
agentes para el cambio que Cuba necesita, desligados de la hegemonía
estatal.

Pero ese ni es el cambio que Raúl Castro promueve, ni es el desarrollo
que quieren para Cuba. Mientras tanto la agricultura cubana sigue sin
esperanzas de desarrollo.

Source: Minitractores, ¿para quiénes? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1479704021_26866.html

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