Cuban agriculture

Cuánto cuesta ser empresario en Cuba?

¿Cuánto cuesta ser empresario en Cuba?
¿Cuánto cuesta abrir una cafetería o un restaurante? ¿Quiénes financian
estas inversiones?
Jueves, enero 12, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Si alguien preguntara en las calles de Cuba por la
iniciativa privada en la isla, la mayoría respondería poniendo ejemplos
de aquellos negocios y “cuentapropistas” que más la representan.

Algunos pocos hablarán del transporte, la construcción o la agricultura;
en cambio, casi todos harán referencia al sector gastronómico.

Pero, ¿cuánto cuesta abrir una cafetería o un restaurante en Cuba? ¿Son
las instituciones bancarias estatales las que financian estas
inversiones? ¿Puede un ciudadano sin ayuda económica del exterior
convertirse en propietario de un negocio de elaboración y venta de comidas?

Se pudiera decir que casi el total de estos negocios han sido
financiados desde el exterior, es lo que opina Dinorah, propietaria de
una concurrida cafetería en el municipio Playa:

“No es posible acudir a un banco y solicitar un crédito por la cantidad
que se necesita para abrir un negocio, ni siquiera pequeño como este. No
existen créditos por esas cantidades. (…) Te hablo de más de 10 mil
dólares para adquirir lo esencial para comenzar, mesas, sillas, equipos
de cocina, los carteles, la decoración, platos, vasos (…). Faltaría el
alquiler del local, el pago a los empleados, la compra de los productos
a precio normal (no mayorista) y todo lo que pasa cuando el negocio no
es estatal (…), ya sabes, inspectores todos los días, las quejas de los
vecinos”.

Medardo, también propietario de una “paladar” tipo ranchón en el
municipio Cotorro, al igual que Dinorah, dice haber necesitado la ayuda
económica de su familia, radicada en los Estados Unidos, para fundar su
restaurante:

“Gracias a mi hermano que me trajo las cosas. Entre él y mi ahijado
también pusieron el dinero para levantar el ranchón y la cocina. Con eso
compramos los muebles, las lámparas y los aires del reservado, más toda
la bebida, las neveras, mandamos a hacer los uniformes (de los meseros)
(…). Yo vendí un carro para completar (dinero) (…). Por supuesto que
después he tenido que ir pagando lo que me prestaron, pero eso no se
recupera en un par de días (…). Los bancos no te dan préstamos para
estas cosas. ¿Qué hago yo con 20 mil pesos (unos 800 dólares)? Nada.
Para abrir una paladar tienes que echarle más de 20 mil dólares y te
quedarías corto”, opina Medardo.

Según Pablo Sánchez, funcionario de la ONAT (Oficina Nacional de
Administración Tributaria) que trabaja en la fiscalización de varios
establecimientos gastronómicos de La Habana, hasta los negocios más
sencillos necesitan inversiones que los bancos cubanos no pueden o no se
arriesgan a respaldar.

Incluso es de la teoría de que buena parte del dinero que se recauda no
pasa por los bancos cubanos sino que sale directamente al exterior,
donde viven los verdaderos dueños de los negocios:

“Hay paladares (restaurantes) que tan solo por la zona donde están y por
la magnitud de la inversión te indican que no son negocios hechos con lo
que alguien ahorró. Son inversiones a veces de hasta medio millón de
dólares, quizás más, algo que para cualquiera aquí (en Cuba) es
inimaginable. Inversiones que nadie hace porque es familia tuya o porque
le caíste bien, y son negocios que sin dudas rinden porque si no ya
hubiesen cerrado. (…) ¿Entonces, cuánto recaudan a diario o al año?
¿Recuperan la inversión? Solo los dueños, los verdaderos, lo saben
porque en la ONAT se declara tan solo esa parte a la que están obligados
por la ley. (…) Supongo que más de la mitad de ese dinero no pasa por
los bancos cubanos. Pero tampoco tendría que pasar porque no fue de ahí
que salió el capital”, comenta Sánchez.

Dentro de los miles de negocios gastronómicos privados contabilizados
hasta la fecha, habría que considerar, además, que la mayoría no
requirieron tanto capital inicial, de modo que no clasificarían en otros
países como verdaderas “empresas” sino como “puestecitos” de venta
callejera.

Son esas parodias de “cafeterías” que cualquiera puede abrir a la puerta
de la casa, en medio de la sala, con solo colocar una tablilla de
ofertas y un cartel. No obstante, a diferencia de lo que sucede en
otros lugares del mundo, en el contexto cubano hasta un puesto
callejero supone una inversión costosísima que puede superar cientos de
veces los ingresos mensuales por concepto de salario estatal.

Marta ha convertido la entrada de su casa en una pequeña cafetería. Un
carpintero le hizo el mueble de madera y cristal donde exhibe los
productos. El horno y la cocina donde se elaboran los alimentos los
compró de segunda mano, así como los vasos y platos:

“Entre la vitrina, los vasos y el horno se fueron cerca de mil pesos
(dólares). Tuve que modificar la entrada de la casa para poner el
mostrador. El anuncio lumínico me salió en 60 pesos (dólares), en total
fueron unos 3 mil dólares. (…) Eso lo fui ahorrando del dinero que me
manda mi hija (desde Italia) y que antes yo vendía café y cigarros (…).
Pero el grueso lo mandó mi hija (…). No he recuperado aun lo que invertí
pero creo que sí lo haré en un año o dos”, comenta Marta.

Miguel Ángel, por el contrario, tuvo que renunciar a su aventura de
empresario al no recuperar el dinero invertido en una pequeña cafetería
en Playa:

“Me pasé tres años tratando de sacarle los 5 mil dólares que invertí y
nada. Al final le saqué más provecho convirtiendo el local en un taller
(de reparación de celulares). Ahora solo vendo café y refrescos, pero la
ganancia mayor viene del arrendamiento (…). ¿Pedirle dinero al banco?
Ningún banco te presta esa cantidad. Para abrir un negocio en Cuba
tienes que tener a alguien fuera que te mande los fulas si no estás
embarcado”, concluye Miguel Ángel.

En los últimos cinco años, miles de paladares, cafeterías y clubes
nocturnos han abierto tan solo en la capital del país, con lo cual se
pudiera proyectar una imagen de prosperidad económica no reflejada en
las más recientes cifras de crecimiento, de carácter negativo.

Se afirma, de acuerdo con las estadísticas oficiales, que cerca de un
ochenta por ciento de los también llamados “emprendedores”, deciden
apostar por la elaboración y expendio de bebidas y comidas, una
tendencia que analizada superficialmente pudiera interpretarse como
resultado de una política de estímulo por parte de las entidades
financieras o tributarias del Estado, lo cual sería tan errado como
imaginar que las empresas gastronómicas demandan menos inversión y
garantizan mayor seguridad que las pertenecientes a otros sectores de la
iniciativa privada.

Source: ¿Cuánto cuesta ser empresario en Cuba? | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/cuanto-cuesta-ser-empresario-privado-en-cuba/

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