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Cuba ¿un ejército para el siglo XXI?

Cuba: ¿un ejército para el siglo XXI?
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias celebran el 60º aniversario de su
fundación. Pero el que antaño fue uno de los ejércitos más formidables
del Tercer Mundo busca hoy su lugar en el mundo
TAGSCUBARAÚL CASTRO
TIEMPO DE LECTURA 12 min
02.01.2017 – 05:00 H.

Tanques, blindados y vehículos militares marchan por el centro de La
Habana. Miles de combatientes de diferentes unidades marcan el paso con
aire marcial. Los helicópteros sobrevuelan la Plaza de la Revolución.
Desde el palco, Raúl Castro y otros líderes históricos de la Revolución
contemplan la marcha de las tropas. Es el 2 de enero de 2016, y hoy se
celebra el 60º aniversario de la creación de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Cuba.
Mucho tiempo ha pasado desde aquellas décadas en las que Cuba se
enorgullecía de contar con una de las mayores y más modernas fuerzas
armadas del Tercer Mundo. El mismo país que en los 70 y 80 emprendía
grandes campañas militares en África, enviaba contingentes especiales a
países de Oriente Medio y mantenía a más de 300.000 profesionales de las
armas, hoy está obligado a participar en actividades económicas externas
a la par que a conservar buena parte de sus medios de combate. El
ranking para el 2016 del sitio Global Firepower sitúa a la mayor de las
Antillas en la posición 79 entre las principales potencias militares del
mundo. En América Latina esa categoría le garantiza un lugar de
privilegio, solo por detrás de naciones mucho más extensas, pobladas y
ricas, como Brasil, México o Argentina; pero ninguna de ella ha
constituido nunca un objetivo dentro de la doctrina militar de La Habana.

“Desde el punto de vista formal Cuba sigue teniendo sus tres ejércitos
territoriales (Occidental, Central y Oriental), pero ninguno de ellos
cuenta con las grandes unidades de tropas permanentes que en otras
épocas se dislocaban en cada provincia”, detalla un oficial con larga
experiencia en el cuerpo armado. “Ahora mismo el país solo posee en
completa disposición de combate una división de tanques (Managua, a las
afueras de La Habana), dos brigadas mixtas de blindados e infantería
(Fines, al Centro, y Baraguá, al Este), las dos brigadas de infantería
que custodian el perímetro de la Base Naval Guantánamo, algunas pocas
formaciones navales y aéreas que están dislocadas en diferentes puntos
de la geografía nacional, y dos o tres regimientos de Tropas Especiales.
Con todo y eso, una agresión de los americanos sería una circunstancia
tremendamente difícil de enfrentar, pero no imposible de vencer”, dice
este militar a El Confidencial.
Desde hace años el grueso de las fuerzas cubanas está conformado por
cientos de miles de reservistas que anualmente deben recibir
entrenamientos como los del recién concluido Bastión. Pero convocarlos
resulta un quebradero de cabeza cada vez mayor, apunta la misma fuente.
“Las personas viven una vida muy agitada y no pueden darse el lujo de
dejar sus trabajos por un mes o a veces hasta más tiempo para venir a
prepararse para una hipotética invasión. Al hacerlo, muchos pierden
parte de sus salarios, y entre quienes se desempeñan en el sector
privado, se nos han llegado a dar casos de gente que no los contrata
para evitarse la dificultad de tener que prescindir de ellos cuando se
producen movilizaciones. El contexto laboral de Cuba ha cambiado y las
FAR no han sabido estar siempre a la orden del día”.
Tanto, que convertirse en militar es una de las opciones menos
atractivas para los jóvenes de la isla cuando planifican su futuro.
Mientras emigrar, formarse como médico o gestionar su propio negocio se
ubican entre las perspectivas más promisorias; sentar filas en las FAR o
el Ministerio del Interior caen hasta los puntos más bajos del listado,
junto con los oficios de la construcción y la agricultura, otras
actividades manuales, y la pedagogía.

Evadir el servicio militar
Con el paso de los meses, el expediente médico de Gabriel ha ido
cobrando cuerpo, hasta superar las cincuenta páginas, incluir varias
radiografías y hasta una solicitud de escáner que muy posiblemente no le
dará tiempo a realizarse. Tampoco le urge. Cuando a mediados de enero se
presente por última vez ante la comisión médica, solo necesitará que sus
papeles estén en regla y la certificación actualizada del especialista
que lo diagnosticó.
Sus esfuerzos para evitar el servicio militar comenzaron medio año
atrás, el día en que una citación lo convocó a presentarse para los
primeros exámenes. Por entonces, como ahora, no trabajaba ni estudiaba,
solo vivía de algún negocio ocasional y de las remesas que con
puntualidad religiosa le envían sus padres desde los Estados Unidos. Es
una libertad a la que no está dispuesto a renunciar para servir durante
dos años bajo la dura rutina cuartelaria y sus innumerables privaciones.
Por eso se aferró como un náufrago a la tabla de salvación que en esos
días le ofreció un amigo que ya había conseguido evitar su propio
llamado a filas. “Él me dio la ‘luz’ con un ortopédico conocido suyo,
que por 400 CUC [moneda convertible] podía diagnosticarme alguna
enfermedad que me convirtiera en ‘no apto’. Después todo ha sido más o
menos como lo esperaba; en papeles tengo una tendinitis rotuliana que se
me produjo jugando fútbol y terminó agravándose debido a que no le di
importancia y seguí haciendo mis cosas sin atenderla. ¡Hasta me han dado
consultas de rehabilitación y una fecha para operarme! Claro, todo para
guardar las formas”, dice en medio de una carcajada satisfecha. En dos o
tres semanas Gabriel será un hombre “libre” en toda la extensión de la
palabra, con la Baja FAR ya en su poder y todo el tiempo del mundo para
seguir viviendo sin preocupaciones.

Pese a tener ambos la misma edad (20 años), Gabriel no conoce a
Inoelvys. No hay motivos para que así fuera. El primero ha sido siempre
vecino del céntrico barrio capitalino de El Vedado; el segundo llegó por
primera vez a La Habana hace pocos meses, luego de toda una vida en su
provincia natal, Granma, en el extremo oriental de la Isla.
Inoelvys no contó con el dinero ni las relaciones necesarias para evitar
el “llamado de la Patria”. En su caso, el Registro Militar funcionó de
forma casi perfecta: en septiembre del 2015 fue convocado a las pruebas
físicas y psicológicas, algunas semanas después le notificaron que
formaría parte de la leva número 53, y a comienzos de febrero del ’16
ingresó como recluta en una de las brigadas de la “Gran Unidad de
Tanques de la Gloria Combativa Rescate de Sanguily”, la principal de
Cuba. Ya ha cumplido casi la mitad de su servicio; por delante le quedan
trece meses, o tal vez menos, todo depende de su participación en el
desfile militar de este 2 de enero y de cómo vayan las cosas en un
ejercicio de tropas, que según le han dicho, transcurrirá a mediados del
2017.

Una vida difícil
“Antes de entrar al ‘verde’, algunos me pronosticaron que lo más difícil
sería adaptarme a la disciplina militar, pero en mi caso eso no fue
así”, cuenta. “Para mí lo más complicado estuvo en dejar a mí familia y
mi trabajo, y tener que sostenerme nada más que con los 45 pesos
mensuales [menos de dos dólares] que me pagan por ser conductor mecánico
en una compañía de infantería”.
Al momento de su incorporación a las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR), Inoelvys trabajaba como ayudante de un chapista particular en la
ciudad de Manzanillo, ganando entre 50 y 200 pesos diarios, y asumiendo
la mayoría de los gastos de su casa, que comparte con su madre, sus dos
hermanos menores y la abuela materna. Hoy son ellos los que deben
ayudarlo a llegar hasta fin de mes. “Si no fuera por los giros
[postales] que a veces consigue mandarme la vieja, no podría salir ni a
dar una vuelta por La Habana. Los 45 pesos del estipendio se me van como
agua y sal, y lo que más me duele es que estoy aquí y ellos allá, sin
poder ayudarlos. Es muy bonito que te hablen de defender la patria, pero
la cosa cambia cuando es a uno al que le toca hacerlo y nadie te
garantiza las condiciones para que ni tú ni tu familia pasen más trabajo
por eso”.
La cosa no es mucho mejor para los profesionales. “El problema es que a
las exigencias de la vida militar tú tienes que sumarle otras cosas: los
salarios son bajos (ningún oficial de rango medio llega a cobrar más de
50 dólares al mes), han desaparecido muchos estímulos que daban antes
(equipos electrodomésticos, alimentos) y el ‘gardeo’ [marcaje] es
constante y por cualquier cosa”, explica Karel, un joven primer teniente
que desde su graduación –hace cuatro años– ha pasado la mayor parte del
tiempo trabajando en la construcción de viviendas o en las campañas de
higienización para prevenir epidemias. “Estudié para artillero y casi no
he tenido posibilidad de superarme en mi arma, tampoco tengo la
esperanza de que algún día me den una casa u otras cosas que con mi
salario no puedo ni soñar adquirir, y con la falta de unidades también
se reducen las oportunidades de ascensos. Si todo sigue como hasta
ahora, muy posiblemente en un par de años me vaya a probar suerte en la
vida civil”.

Proponérselo es mucho más fácil que conseguirlo. Junto con sus
modernizados tanques de la época de la Guerra Fría, el capital humano es
de los recursos que con más celo preservan los estatutos de las FAR. Una
vez incorporado a su sistema, todo combatiente (desde el simple soldado
que cumple su servicio militar hasta el general de varias estrellas)
está obligado a acatar las órdenes que se le indiquen sin el más mínimo
cuestionamiento. Y la posibilidad de abandonar sus filas antes de
completar el respectivo plazo de alistamientos es de las metas más
inalcanzables. Es solo una de las múltiples estrategias con las que se
busca mantener a la institución como una metáfora a escala de la
pretendida unidad que caracteriza al país. Una unidad que, por suerte o
por desgracia, empuña viejas armas y no es, ni tan unánime como blasonan
algunos ni tan débil como aseguran otros. Al menos mientras, al otro
lado del Estrecho de la Florida, Estados Unidos siga siendo el enemigo.
“Para nuestro país, el tema de la defensa ha tenido siempre una
motivación: el imperialismo norteamericano. Así fue, incluso, durante
las guerras por la independencia de España, cuando [el héroe nacional
José] Martí llamaba a impedir con la independencia de Cuba que se
extendieran por las Antillas los Estados Unidos”, apuntaba en uno de sus
artículos Cintio Vitier, uno de los más importantes intelectuales del
período republicano y la etapa de la Revolución. El conflicto cobró
intensidad tras el 1º de enero de 1959, impulsado por el distanciamiento
entre Washington y La Habana, y la Guerra Fría, que en 1962 tuvo en la
Crisis de Octubre como su momento más dramático.

Un ejército alimentado por la URSS
“¿Quién va a tener una guerra con Cuba; México, Haití… ? En cualquier
escenario solo sería posible una agresión armada de los yanquis”,
asegura Víctor Mondragón, un veterano de las campañas internacionalistas
de Angola, donde las FAR se enfrentaron con éxito al poderoso ejército
de la Sudáfrica del Apartheid. Aquella larga confrontación le permitió
al entonces todopoderoso Fidel Castro formar una generación de oficiales
con experiencia de combate, forjar una leyenda de eficiencia y heroísmo
para sus fuerzas armadas, y convertirse en el aliado esencial de la
Unión Soviética en su política de penetración en las naciones de África
y Asia.
También le garantizó amplios suministros militares, sobre todo de medios
terrestres y para la defensa antiaérea y la fuerza aérea, apunta el
investigador norteamericano Piero Gleijeses, tal vez la más importante
autoridad sobre el tema. “Respecto a Angola, el compromiso entre cubanos
y soviéticos era claro”, explica en uno de sus libros este profesor de
la Universidad Johns Hopkins. “Fidel Castro aportaba los combatientes y
los colaboradores civiles, y el Kremlin ponía sobre el terreno los
equipos y las armas. Tras la retirada de Pretoria y el regreso de los
cubanos a su país, estos últimos se llevaron consigo buena parte de las
armas que habían empleado”.

Junto con las misiones internacionalistas y la Crisis de los Misiles (de
Octubre, según la historiografía cubana), el programa de colaboración
económica entre ambas naciones fue el otro gran suministrador de
recursos militares para la defensa del “primer estado socialista de
América Latina”. Datos publicados por el propio gobierno de la isla y
las autoridades rusas cifran los traspasos en montos de unos de mil
millones de dólares por año, como promedio, a lo largo de casi tres
décadas. Buena parte del dinero se convertía en tanques, aviones y
equipos para la industria militar.
La caída del campo socialista frenó radicalmente todos los planes de la
cúpula castrense local. Lo que vendría después serían las tres ediciones
sucesivas del llamado Plan Alejandro, emprendidas a comienzos de los 90,
en los albores de la década del 2000 y al calor de la “actualización del
modelo socialista”, del 2011 hasta la fecha. Con esos planes de reajuste
el cuerpo armado ha reducido el número de sus efectivos (hoy las fuentes
más autorizadas hablan de no más de 100.000), la cantidad de unidades y
armamento en activo, y las partidas presupuestarias asignadas para la
actividad. Pero de lo que no cabe duda es que, independientemente de sus
capacidades bélicas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias continúan
siendo una de las instituciones más importantes de la vida política y
económica de Cuba.

Source: Cuba: ¿un ejército para el siglo XXI?. Noticias de Mundo –
www.elconfidencial.com/mundo/2017-01-02/cuba-fuerzas-armadas-revolucionarias-60-aniversario_1311161/

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