Cuban agriculture
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El azúcar, entre el esplendor y la decadencia

El azúcar, entre el esplendor y la decadencia
BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 27 de Enero de 2017 – 07:46 CET.

La obra historiográfica de Oscar Zanetti Lecuona (La Habana, 1946) es
diversa. Abarca los estudios históricos en general y la filosofía de la
historia; el énfasis de su trabajo, no obstante, recae sobre la historia
económica de Cuba. En sus libros se asientan con encomiable precisión
técnica, pero también con alta calidad narrativa, los procesos
vinculados a nuestro desarrollo económico y sus repercusiones sociales.

En esta entrevista para DIARIO DE CUBA el autor de Esplendor y
decadencia del azúcar en las Antillas hispanas (Ruth Casa
Editorial-Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012), La República,
notas sobre economía y sociedad (Ciencias Sociales, La Habana, 2006),
entre muchos otros títulos, aborda la importancia del azúcar para
nuestro desarrollo histórico, nuestro presente y las posibilidades que
se abren para el porvenir.

Oscar Zanetti es académico de número de la Academia de la Historia de
Cuba y académico de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba. Es además
miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia y
miembro honorario extranjero de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

En su libro Esplendor y decadencia del azúcar… usted estudia el
desarrollo de este cultivo y su impacto social, político y económico.
¿Se puede decir que nuestras culturas están determinadas por el cultivo
del azúcar?

A todas estas islas de las Antillas en un tiempo incluso se les llamó
“las islas del azúcar”. Entre finales del siglo XVII y principios del XX
fueron las principales proveedoras de azúcar del mundo. Por lo tanto, la
naturalización del azúcar y los elementos que forman parte de su
producción, como la plantación, la empresa, y la esclavitud como
elemento consustancial, sin dudas da un perfil común a todas las
Antillas. Pero aunque el azúcar se siga produciendo en la mayor parte de
ellas (en algunas ha desaparecido, como es el caso de Puerto Rico), de
todas maneras ya hoy, si tú me preguntaras qué cosa es el común
denominador de las Antillas, yo te diría que es el turismo.

Y en alguna medida se corre el riesgo de que el turismo, desde el punto
de vista económico y social, represente lo que fue el azúcar siglos
atrás, para bien y para mal.

Un central azucarero era una entidad independiente del resto del país,
una especie de autarquía. ¿Era determinante esta característica en los
países que basaban su economía en la producción de azúcar?

Yo no te diría que fuera independiente de la economía del país. Lo que
pasa que hay un elemento muy característico de la economía cubana, en
relación de otros países productores de lo que se llaman commodities o
productos básicos. Digamos, en los países que han sido esencialmente
mineros o petroleros, las zonas de explotación de ese producto están
concentradas en el área de ese recurso natural. El caso del azúcar no es
así, el azúcar va extendiendo su producción donde quiera que encuentra
recursos desde el punto de vista de tierra y clima que lo permite. Y, de
hecho, en Cuba nosotros no tenemos un núcleo azucarero, como tampoco lo
había en Puerto Rico; es todo el territorio de la Isla, siempre y cuando
sirviera para la producción cañera.

Pero ninguna de esas unidades funciona aparte de la economía nacional,
están dentro de un engranaje. Lo que sí, a escala de las localidades, se
constituyen en una especie de mundos, tampoco te diría autárquicos,
porque trabajan para la exportación y buena parte de su consumo se
abastecía por medio de las importaciones, pero sí son unidades
relativamente aisladas dentro del conjunto.

Los centrales eran grandes fábricas con poblaciones asociadas a ellos,
sobre todo en la mitad oriental de la Isla. Toda la tierra era propiedad
de la compañía azucarera, el medio de transporte fundamental era el
ferrocarril de la compañía; en muchos casos los sistemas comerciales o
eran controlados por la compañía o de alguna manera la compañía
facilitaba los recursos para su instalación. Eso le daba una entidad
propia, no podemos decir que aislado del conjunto del país, pero sí con
un grado de autonomía que le permitía un funcionamiento interno coherente.

Sus estudios económicos le han permitido esclarecer algunos aspectos que
no estaban bien estudiados o solo habían sido abordados de manera
superficial y no pocas veces prejuiciada. En su libro Esplendor y
decadencia del azúcar en las Antillas hispanas usted analiza la
afirmación de que la producción de azúcar en Cuba se atrasa por el
régimen de cuotas instrumentado por EEUU y demuestra que es una
observación inexacta.

El problema estriba en que la historia y sobre todo la historia
contemporánea, tanto en Cuba como en otras partes, a veces se construye
sobre la base del periodismo y de las observaciones de los periodistas
que, como son observaciones del momento, no pueden ir siempre a la
profundidad del problema; entonces se toman como verdades absolutas o se
generalizan más allá de sus límites.

Eso pasa, por ejemplo, con el mismo latifundio. El cultivo cañero en que
se sustenta la producción de azúcar era una producción latifundiaria y
todo el mundo te dice que Cuba era un enorme latifundio. Y es cierto,
desde el punto de vista de las relaciones de propiedad, las grandes
compañías azucareras, norteamericanas y algunas cubanas también, sobre
todo en la mitad oriental, adquirieron extensiones enormes de tierra.
Pero salvo un caso excepcional, que fue la United Fruit Company, las
compañías azucareras no solían producir la caña por sí mismas y lo que
hacían con esas tierras era arrendarlas a colonos de muy distintas
dimensiones que eran los que producían la caña. Y entonces tenías
colonias de 100 caballerías que podían producir tres, cuatro millones de
arrobas de caña, y también había colonos pequeños que producían 40.000,
50.000 arrobas.

Por tanto tienes que el latifundio era una realidad desde el punto de
vista de la propiedad, pero no desde el punto de vista de la explotación
de la tierra, porque ese latifundio estaba siendo explotado en unidades
de producción mucho más pequeñas.

Cuando analizas el latifundio tienes que ver esto. Porque eso incluso en
un momento determinado en la estrategia económica de la Revolución en la
agricultura, asociado también a un concepto de orden tecnológico, llevó
a considerar que lo más rentable y lo óptimo eran las grandes granjas
estatales, que de alguna manera sustituían el latifundio, pero en este
caso sí sustituían el latifundio no como propiedad sino desde el punto
de vista funcional y hacían mucho más difícil todo el proceso de
administración. Porque, por lo general, las unidades productivas
agrícolas en la época del capitalismo nunca alcanzaron las dimensiones
de algunas de las granjas del pueblo.

Eso por ponerte un ejemplo. Pero también lo hay desde el punto de vista
tecnológico. Sin dudas, la industria azucarera se estanca en cuanto se
asimila a un régimen de cuotas, ya fuese determinado por la cuota
azucarera norteamericana o por la participación en los convenios
azucareros internacionales.

Se estanca desde el punto de vista de los topes productivos. Sin
embargo, esa producción se realiza cada vez en menos tiempo. La zafra
promedio de la década del 50 dura unos 25 días menos que la zafra de la
década del 20. Y eso sobre la base de un incremento de la productividad
del trabajo que se obtiene sin grandes modificaciones tecnológicas,
porque de hecho la tecnología industrial azucarera durante buena parte
del siglo XX, en el mundo, apenas se modifica. Pero sí con determinadas
acciones puntuales o sea, los tachos automáticos, la automatización de
las centrífugas, por ejemplo.

¿Hay alguna expectativa para la industria azucarera en Cuba? ¿Usted cree
que puede jugar un papel en la economía cubana?

Bueno, de hecho, después del redimensionamiento asumido a finales del
siglo pasado, que significó la liquidación de las dos terceras partes de
las fábricas azucareras, desde el año 2010 se produjo una
reestructuración de la industria en condiciones de precios más
favorables para el azúcar.

Y se ha comenzado a invertir, tanto en la parte agrícola como en la
industrial. También se han introducido cambios en las formas de gestión,
transfiriendo la producción cañera a privados y cooperativas de distinto
tipo, se han rehabilitado algunos centrales que llevaban casi una década
paralizados. Eso es una medida acertada, porque en realidad la decisión
de reestructuración era resultado de una coyuntura que fue la expansión
brasileña en el mercado.

Brasil, en un lapso de una década, triplica su producción e inunda el
mercado de azúcar con 15 millones de toneladas y eso bajó los precios, y
las expectativas eran que los precios permanecerían bajos. Sin embargo,
el mercado no se comportó exactamente así porque la entrada de grandes
consumidores asiáticos como China incrementaron la demanda, y de hecho
el azúcar entre 2008 y 2012 llega a alcanzar muy buenos precios.

Esa es la característica histórica del mercado azucarero, ser de altas y
bajas. Situación fluctuante que tú puedes enfrentar, y esta es la clave
del asunto, en la medida en que tú no saques de la caña exclusivamente
azúcar. La caña tiene una gama muy grande de posibilidades, desde el
punto de vista de los derivados, de los subproductos, que su producción
puede tener entidad por sí mismos y, si aprovechas esos subproductos,
que antes botabas, estás teniendo otros ingresos adicionales al azúcar
que aumentan tu ingreso total y que te permiten enfrentar los costos de
producción y obtener ganancias.

Con esa perspectiva, sin dudas, el cultivo de la caña en Cuba tiene
condiciones favorables con relación a otros cultivos. Y sobre todo,
frente al hecho cierto de que la mayoría de los terrenos abandonados por
la caña en la década pasada no se dedicaron a otros usos, sino que se
invadieron de marabú.

¿Qué déficits señalaría usted en nuestros estudios históricos sobre el
azúcar? ¿Épocas, tendencias, regiones?

Yo creo que hay etapas relativamente bien estudiadas de la historia
azucarera de Cuba y hay etapas en las cuales los estudios, como
investigaciones propiamente dichas, son muy limitados.

Los puertorriqueños han hecho mucho más estudios empresariales del
azúcar que nosotros. Aquí el único estudio empresarial azucarero grande
que se hizo fue nuestro estudio inicial sobre la United Fruit Company y
después algunos investigadores a escala local, en Guantánamo y en otras
provincias del país, han investigado alguna compañía azucarera en
particular, pero sobre bases muy limitadas.

Eso en la etapa del capitalismo, pero prácticamente toda la historia de
la economía azucarera en la etapa de la Revolución está por hacer.
Porque lo que yo trabajé en mi libro Esplendor y decadencia del azúcar
en las Antillas hispanas fue a escala muy limitada, muy general, pero
hay montones de estudios monográficos concretos que haría falta
desarrollar para poder establecer problemas históricos importantes.

El problema aquí, tanto en el capitalismo como con la etapa de la
Revolución, es otro, que es el problema de las fuentes. Porque tras la
nacionalización de los centrales, hubo muchos casos en los cuales
quienes asumieron las administraciones no tenían conciencia de la
importancia de la documentación y mucha documentación se perdió. Pero lo
más triste es que esa situación se repitió durante la reestructuración o
el redimensionamiento azucarero a principios de este siglo y, a pesar de
que las autoridades (en aquel momento el Ministerio del Azúcar que
estaba llevando a cabo el proceso) dictaron normas y nos aseguraban a
los historiadores que esa documentación iba a ser preservada, en la
práctica no fue así, y mucho, yo te diría que la inmensa mayoría de los
archivos de los centrales azucareros que desaparecieron, desaparecieron
junto con ellos.

Source: El azúcar, entre el esplendor y la decadencia | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1485457179_28455.html

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