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Yo fui uno de los primeros maestros emergentes

Yo fui uno de los primeros maestros emergentes
La Batalla por el Noveno Grado fue otra gran campaña de propaganda
política que tergiversó la realidad
Miércoles, enero 18, 2017 | Jorge Luis González Suárez

LA HABANA, Cuba.- Fui uno de los tantos maestros emergentes captados a
principios de los años 70. Había necesidad de profesores y buscaban
personas con cierto nivel de escolaridad para ejercer de maestros en la
enseñanza primaria.

Tenía entonces 27 años, décimo grado de escolaridad y trabajaba en una
de las tantas empresas del Ministerio de la Construcción como peón de
albañil. Hasta allí llegó la convocatoria para “dar un paso al frente e
integrarse a esta “tarea de la revolución”.

Por supuesto que ser maestro era una labor más cómoda, limpia y mejor
pagada en esos tiempos que dar pico y pala y cargar cubos de hormigón.

No lo pensé dos veces y me dirigí al municipio de Educación, que estaba
situado entonces en una casona de la calle 4 entre 23 y 21, en El
Vedado, donde hoy radica una de las dependencias de la Comisión del
Carnaval Habanero, para ser entrevistado por un funcionario en ese lugar.

Explicar mi procedencia fue un desafío. Antes de en la construcción,
había trabajado en la agricultura, castigado, por ser un ciudadano más
que en esa época, durante la congelación laboral que precedió a la
promulgación de la Ley de la Vagancia, carecía de vínculo con algún
centro de trabajo. No lo tenía porque estaba pasando un curso como
camarógrafo de televisión y cuando traté de obtener una plaza, quedé
fuera, porqué limitaron a diez las capacidades y cuatro eran para
becados del MINED (Ministerio de Educación).

Comencé como maestro a finales del curso 1971-1972 en la escuela
primaria “Renato Recio”, en El Cerro, sin ningún tipo de capacitación
previa, para sustituir una maestra graduada que se iba por licencia de
maternidad.

Luego trabajé durante tres cursos más en otra escuela, la Frank País,
hasta que por peritaje médico se me destinó a la enseñanza en la
Educación de Adultos.

Estaba en marcha la Batalla por el 6to Grado. Se habían creado aulas en
lugares improvisados por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) para las
amas de casa, y también en centros de trabajo para los obreros.

Además de trabajar en estas aulas el tiempo reglamentario, era
contratado en horas extras para dar clases a los trabajadores en su
propio centro laboral.

Cuando la llamada Batalla por el Noveno grado se inició de manera
oficial en 1980, pasé a formar parte del colectivo de profesores de la
Escuela Secundaria Obrero-Campesina “Camilo Cienfuegos”, en El Vedado.

Trabajaba de noche y en contratos por el día, impartiendo solo una
asignatura.

Los maestros teníamos algunas ventajas. El sueldo que percibíamos por
las distintas contrataciones era superior al salario oficial, pues se
podía tener hasta tres contratos en los horarios libres. Y como los
centros laborales que atendíamos eran en su mayoría restaurantes y
hoteles del municipio Plaza, podíamos los sábados ir a disfrutar en
esos establecimientos, asequibles por esa época, que comparada con la
actualidad, pudiéramos decir que fue de oro.

Los alumnos que asistían a clases estaban casi obligados. El estudio era
considerado uno de los méritos laborales y era una condición
imprescindible para poder optar por los efectos electrodomésticos que
otorgaban a los más destacados.

La mayoría de los estudiantes llegaba al aula con tremendo cansancio
después de sus 8 horas laborales, lo cual les imposibilitaba un
aprendizaje eficaz.

Algunas anécdotas pueden reflejar el aprovechamiento académico de esos
estudiantes. Un ejemplo fue el caso de un alumno, que en una prueba de
Historia de Cuba, al preguntarle la significación histórica de la
Protesta de Baraguá, contestó que “esa protesta había sido por unos
mangos”. Hasta hoy no he podido definir si se refería al lugar donde se
efectuó dicha protesta, o a porque pensaba que los mambises exigían las
frutas.

La orientación que había siempre era la de aprobar a todos los
estudiantes que se presentaran a examen. Si algún estudiante no
concurría por enfermedad u otra causa, teníamos que localizarlo y
hacerle la prueba, aunque fuera en su domicilio. También había que
ayudar a todos al máximo, y hasta insinuarles la respuesta correcta,
algo que hacíamos muchas veces por compasión.

Aquello era un fraude. Muy pocas de esas personas salieron con un nivel
de preparación adecuado. Hubo casos aislados que obtuvieron títulos
universitarios, pero la gran mayoría solo logró conocimientos
elementales bastante deficientes.

La Batalla por el Noveno Grado fue otra gran campaña de propaganda
política que tergiversó la realidad. Constituye otro de los mitos de la
Revolución.

jorgeluigonza72015@gmail.com

Source: Yo fui uno de los primeros maestros emergentes | Cubanet –
www.cubanet.org/mas-noticias/yo-fui-uno-de-los-primeros-maestros-emergentes/

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