Cuban agriculture
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El oro verde de los campos cubanos

El oro verde de los campos cubanos
El aguacate puede convertirse en una importante fuente de ingresos para
Cuba por el crecimiento exponencial de su consumo a nivel mundial
MARCELO HERNÁNDEZ, La Habana | Abril 07, 2017

Un pregón rompió la tranquilidad de la mañana. “¡Aguaaaacate!”, gritó el
vendedor ambulante mientras pasaba por las calles de Centro Habana.
Considerado como el “oro verde” de la alimentación, este fruto podría
convertirse en una importante fuente de ingresos para la Isla debido al
alza de su consumo a nivel mundial.

Con el deshielo diplomático entre La Habana y Washington, algunos
agricultores locales cifran sus esperanzas en exportar el producto hacia
Estados Unidos. En 2015 los norteamericanos consumieron cerca de 907.000
toneladas de aguacate, una cifra que duplicó la del año anterior.

El fenómeno no es un caso aislado en EE UU. A nivel internacional el
fruto gana terreno y en 2013 se cosecharon 4,7 millones de toneladas de
aguacates según la FAO, más del doble que hace dos décadas. México
lidera el mercado, con el 80% de la producción mundial, y en el Caribe
la vecina República Dominicana recoge unas 290.000 toneladas anuales.

El pasado diciembre, científicos de la Universidad de Córdoba (España)
revelaron que el altísimo poder calorífico de hueso del fruto le otorga
“unas propiedades óptimas como fuente de energía térmica equiparable a
otros biocombustibles comercializados actualmente”. Su hueso contiene un
valor medio de poder calorífico de 19.145 megajulios por kilogramo.

En Cuba, el fruto se destina al consumo doméstico y los servicios
turísticos, pero no existe una industria para su procesamiento o la
extracción de su aceite, muy apreciado en la gastronomía y la cosmética.
En la actualidad las autoridades buscan inversionistas para abrir una
planta piloto con esos fines, según confirmaron a 14ymedio fuentes del
sector.

En el país se mezcla la variedad antillana del aguacate con su pariente
guatemalteco y aunque el resultado es un fruto de dimensiones grandes y
masa consistente, los especialistas aseguran que tiene un bajo contenido
de aceite en comparación con otras variedades.

Los agricultores privados distribuyen sus cosechas entre los mercados de
oferta y demanda y los negocios por cuenta propia que han florecido en
el país en los últimos años. Unas redes de comercialización donde el
valor del producto ha seguido una línea ascendente en los últimos años.

El aumento del turismo ha influido en el desabastecimiento y el aumento
del precio de algunos alimentos, entre ellos el aguacate. “Tiene mucha
demanda y cuando estamos en temporada es uno de los platos más
solicitados, especialmente por los extranjeros”, comenta a este diario
José Miguel, camarero en un restaurante privado en Santiago de las Vegas.

El trabajador por cuenta propia señala que “es uno de los productos que
más ha subido su precio en los últimos años”. El pasado verano el precio
del aguacate en la venta callejera llegó a rozar en La Habana los 20 CUP
por unidad en el caso de los ejemplares más grandes, el salario diario
de un profesional. “Ya no se pueden conseguir a 5 pesos a no ser que se
busquen directamente en el campo”.

Los mercados estatales comercializan el aguacate en libras, a un precio
que no supera los 5 CUP, pero por regla general se trata de ejemplares
sin madurar y de pequeño tamaño. “Si sales una mañana a buscar uno para
comerte en el almuerzo, tienes que necesariamente comprárselo a un
carretillero o en un mercado de oferta y demanda”, puntualiza José Miguel.

El clima ha contribuido también a la subida de los precios. El año 2016
no fue bueno para la producción de la Persea americana en la Isla. En
septiembre pasado el ingeniero agrónomo Emilio Farrés Armenteros,
director de la División de Frutales del Grupo Empresarial Agrícola,
alertó en la prensa oficial sobre las condiciones climáticas que estaban
malogrando su cosecha.

Con la sequía que atraviesa el país, la más intensa del último medio
siglo, las lluvias no llegaron a tiempo después de la floración de los
árboles. Una situación que se unió al agotamiento de nutrientes en el
suelo por la abundante producción de 2015 que llegó a 120.000 toneladas.
A finales de 2016 la cifra de aguacates recogidos estaba muy por debajo
de las 90.000.

Nancy y su esposo se consideran “aguacateros” de vieja data. En la zona
de Jagüey Grande tienen una parcela donde cosechan tres variedades del
fruto: Catalina, Wilson y Julio. Esta última les reporta más beneficio
porque tiene una cosecha temprana y los árboles son de porte más bajo
que las otras. Sin embargo, ambos opinan que “al sabor de un aguacate de
Catalina no hay nada que se le compare”.

Los agricultores calculan que en un año de buena cosecha pueden sacar de
cada árbol entre 3.000 y 5.000 CUP en función de los frutos producidos.
“Suministramos directamente a varios restaurantes y cafeterías de la
zona”, cuenta Nancy. Aunque también “pasan muchos compradores al por
mayor que los llevan a vender a mercados en La Habana”.

La familia aspira a poder comercializar su producto más allá de las
fronteras nacionales. Creen que exportar parte de su cosecha les daría
“mayores ganancias y la posibilidad de invertir en la finca”. Sueñan con
alcanzar así los recursos necesarios para “un tractor y una turbina de
agua nueva”.

Sin embargo, no basta con una flexibilización por parte de Estados
Unidos para que el aguacate cubano comience a llegar a la mesa de los
norteamericanos. A mediados del año pasado Barack Obama flexibilizó las
regulaciones para que los cafetaleros de la Isla vendieran su producto
en el país vecino y la respuesta oficial no se hizo esperar por la parte
cubana.

Una declaración firmada por dirigentes campesinos de Santiago de Cuba se
sumó al rechazo de la alta dirección de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP), controlada por el oficialismo, contra las
medidas implementadas por la Casa Blanca. Después de eso, ningún
productor local ha logrado vender ni un solo grano de café a los
posibles clientes estadounidenses.

No obstante, y aunque la exportación sea todavía una ilusión, tener un
árbol de aguacate garantiza el sustento económico de muchas familias en
la Isla. Un terreno que tenga matas en edad fértil dispara su precio en
los sitios de anuncios clasificados, casi como aquellos que contienen un
pozo o una vivienda con techo de placa.

Algunos propietarios de árboles de aguacate han elegido la modalidad de
vender la cosecha completa de un año. “Esta mata está comprometida y
todos los aguacates que hay para son para un vecino que me pagó 2.000
CUP”, asegura Tomás García, vecino de Calabazar al sur de la capital.

Jubilado del Ministerio de la Construcción, el hombre completa su
pensión de menos de 20 CUC mensuales con la venta de los sabrosos frutos
que salen de su patio. “Un día mi suegra tiró una semilla a la basura,
en una esquina, y después nos dimos cuenta que había salido una mata”.
García sembró la pequeña planta en un mejor lugar y, sin saberlo, estaba
haciendo “la mejor inversión de la vida”, reconoce ahora.

Aunque nunca se ha planteado exportar su pequeña cosecha, el jubilado
cree que “si algo se da bien en este país son los aguacates, que
necesitan poco cuidado y pueden sembrarse en cualquier patio”. Cuenta
que además de comerlo de vez en cuando lo usa para “darle brillo al
pelo” y su mujer como mascarilla antiarrugas.

“Si no tengo mucho para comer, solo tengo que cortar en dos un aguacate
y deja de ser un plato de pobre para ser de rico”, sentencia.

Source: El oro verde de los campos cubanos –
www.14ymedio.com/economia/oro-verde-campos-cubanos_0_2195180465.html

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